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Desde el alero

Félix Ángel Carreras
Opinión variada y de actualidad

La permanencia se juega ahora en los despachos

El éxito deportivo de la permanencia en la Liga ACB del Club Baloncesto Valladolid abre ahora el trabajo fuera de las canchas. En juego, la supervivencia mezclada con la necesidad de crear un proyecto viable. 

Conseguir salvar la categoría tres jornadas antes de finalizar la Liga Regular es un auténtico éxito deportivo para el Club Baloncesto Valladolid. Un éxito cimentado en el trabajo de su entrenador, Roberto González, debutante en la elite con toda la temporada por delante después de su aterrizaje de emergencia en la campaña anterior tras sustituir a Luis Casimiro.

 

Roberto fue un excelente jugador de baloncesto que militó en las categorías inferiores del entonces Fórum cuya cantera estaba radicada en el colegio Lourdes. Inteligente y cerebral, era un base puro sobre el que se cimentaba el juego de un equipo que reunía a grandes jugadores en sus diferentes etapas y categorías (juvenil, junior, etc.). Su buena formación le acompañó tiempo después en su desarrollo como entrenador, conquistando el campeonato de España junior e incluso plantando cara a la directiva del Fórum para denunciar injusticias.

 

Todo este somero repaso viene a cuento de explicar que el peso deportivo del Blancos de Rueda ha estado asentado en una cabeza amueblada, profesor para más señas, que durante casi un año se ha visto sometido a un auténtico calvario que ha tenido como respuesta la serenidad y el trabajo para solventar las dificultades. Primero por empezar la temporada casi condenado, sin el equipo formado, asumiendo que la Liga le marcaba como la cenicienta de la competición; una vez eliminada dicha etiqueta, la floración de problemas económicos con la añadida fuga de jugadores hizo que el reto planteara una mayor dosis de madurez para dirigir a un grupo que ha estado muy por encima de la gestión del club.

 

Y a eso vamos. Después de la broma de José Luis de Paz, equiparable en el planteamiento que no en lo personal, al efímero paso del títere José Ramón Guimaraes, el Club Baloncesto Valladolid necesita asentar sus bases porque tiene un trabajo complicado por resolver. Primero para asegurar la continuidad del club en la competición asumiendo una serie de responsabilidades económicas que debe cubrir de inmediato. Después porque necesita uno o varios patrocinadores tras conocer la salida de la Denominación de Origen Rueda y, finalmente, porque en la actualidad mantiene una estructura directiva temporal fruto de la dimisión de De Paz que debe ratificar o modificar pero nunca mantener en las actuales circunstancias porque ofrece una imagen de absoluta artificialidad. Detrás de todo ello, la sombra del Ayuntamiento como actor principal. Y gracias porque, si hablamos de baloncesto, la ciudad tiene un equipo en la elite gracias a su tutela. El Ayuntamiento ha dado cobijo a un proyecto descabezado e incluso ha sabido intervenir a través de sus patronos para calmar ciertas divergencias entre los directivos actuales y el superviviente Eduardo Pascual, un director deportivo denostado primero y reforzado después, más cerca de renovar su contrato gracias al respaldo municipal, su inteligencia y la torpeza que, en este caso, han demostrado los que ahora se sientan en el palco.

 

El club no está peor que otros muchos de la Liga ACB, pero al igual que ocurriera en el plano deportivo hace unos meses, viene etiquetado como la cenicienta que no va a poder cumplir con la reglamentación económica y eso le convierte en objetivo de las presas que piensan en sus derechos para ascender por la vía administrativa.

 

Es necesario asentar las bases para construir un proyecto viable, creíble. Asumir que no puede mantenerse un equipo en la ACB con los abonos más caros a 99 euros y construir desde un cimiento sólido que puede llamarse cantera, seriedad económica y líneas básicas de lo que debe ser un verdadero proyecto. Algo que, históricamente, nunca ha ido de la mano en este Club Baloncesto Valladolid donde los contados éxitos deportivos no tenían continuidad en los despachos.

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