Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

¿Y si mañana fuera usted?

Elefantes detail

La vieja polémica entre el derecho a informar y el derecho a la intimidad de los ciudadanos se reaviva de tanto en tanto, y nunca encuentra consenso. Estos días el debate ha llegado a las llamadas “penas de telediario”, aquellas en las que un personaje –casi siempre público- se muestra como un criminal aunque no haya sido ni juzgado ni condenado. Es tal el hartazgo de la sociedad que muchos sienten este escarnio como una victoria del pueblo. Tal vez deberíamos recordar que cuando los elefantes luchan, la hierba es la que sufre.

España es un país de excesos y siempre digo que llevamos en nuestro ADN un poquito de Torquemada. En mis años de reportera he presenciado muchos linchamientos verbales a la entrada de los tribunales. Me llamaba la atención  que una multitud de gente esperara durante horas la llegada de un acusado, casi siempre de crímenes execrables, como si no tuviera nada mejor que hacer. Los gritos e insultos se sucedían a la llegada del furgón policial y aquel desahogo popular me sobrecogía.

 

En las interminables jornadas de trabajo había tiempo para todo. Hablando con la gente te enterabas de que algunos eran familiares o amigos de la víctima y otros ni siquiera les conocían, pero habían decidido mostrar su enfado, decían, para evitar que algo así les sucediese a ellos. El resto, sencillamente, querían salir en la tele. Sólo era capaz de entender a los primeros.

 

Cuando andando los días, o los años, el acusado era declarado inocente o aparecía el auténtico culpable, pensaba siempre en la criatura del furgón y me preguntaba cuántos de aquellos acusadores que se habían desgañitado lanzando improperios se sentirían culpables por haber condenado a un inocente.

 

Dice un proverbio chino que hay tres cosas que nunca vuelven atrás: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida. Como el autor del proverbio es probable que entonces no conociera la fotografía, la televisión ni Internet, me atrevo a añadir una cuarta: la imagen, congelada o animada, de un momento de tu vida.

 

En la época de la tecnología de la información los linchamientos se llevan a cabo desde muy distintos campos. Jordi Evole juega con el 23F y las redes sociales se llenan de ataques a los implicados. Cuando se descubre que todo es ficción nadie se disculpa. Un twittero usurpa la personalidad de un presentador de televisión y lanza una barbaridad al universo telemático cosechando una legión de agresiones verbales y cuando se descubre que no era tal, nadie se disculpa. Entramos a todos los trapos justo ahora,  cuando queremos que los toros dejen de ser un espectáculo.

 

Esta incoherencia en la que vive la sociedad tiene su mejor representación en  Bildu, un gran defensor de la vida de estos magníficos bóvidos pero que se niega a condenar los asesinatos de seres humanos. “Las penas de telediario” son aplaudidas mientras exigimos protección y privacidad ante las cámaras en la calle. Y, por supuesto, en una sociedad “buenista” como la nuestra, donde juezas como Manuela Carmona apuestan por que no estén en las cárceles la mayoría de los que están, somos todos partidarios de dar una segunda oportunidad a quienes han pagado ya su pena, mientras quitamos la primera a los que, a lo mejor, no tienen nada que pagar.

 

Andan los políticos ahora enzarzados en la reforma de la Ley de Enjuiciamiento  Criminal y el ministro de justicia, Rafael Catalá, ha recordado  que “ningún derecho es absoluto”, aludiendo a la conciliación y garantía de los derechos y libertades de todos. La Asociación de la Prensa, de la que soy socia, no está de acuerdo en que se vulnere el derecho constitucional de la información. Si se detiene a alguien, argumentan, las imágenes de esa detención defienden la seguridad de los ciudadanos. Piensan, como una parte de los que se apostan en los juzgados para linchar a los reos, que se hace para evitar que mañana les ocurra a ellos. Pero yo, profundamente conmocionada por estos asuntos desde que leí El proceso de Kafka, siempre tengo muchas dudas.

 

Cuando los casos de corrupción salpican en masa al partido del gobierno y es éste el que promueve esta ley, es lógico que nos escame. Pero no deberíamos dejarnos llevar por el estado actual de las cosas y si poner nuestras miras en esa regeneración de la que hablan para que nuestra convivencia sea mejor en el futuro.

 

Me contaba una vez la maravillosa Juan Ginzo, la voz radiofónica de Ama Rosa, que hay que perder la reputación para que uno pueda hacer en la vida lo que le de la gana. Hoy la reputación no es un valor, aunque sí debería serlo la conciencia. Si con nuestra actitud acabamos con la reputación de alguien en un momento y nos equivocamos, nuestra conciencia debería alertarnos para no incurrir en el mismo error más adelante.

 

Decía Ortega y Gasset que  “la democracia del pensamiento y del gesto, la democracia del corazón y la costumbre es el más peligroso morbo que puede padecer una sociedad”. Los elefantes mediáticos, los políticos o los personajes públicos, están luchando ahora por las filtraciones mediáticas o por las imágenes. Son los elegidos para la foto y parece que a muchos les gusta.  El resto, la hierba, somos todos. ¿Y si mañana, fuera usted?

Comentarios

Domingo 07/06/2015 17:57 #3
Creo que una cosa es la información y otra la opinión. Desde mi punto de vista es bueno que se informe de cualquier cosa que sea noticia pero sin formular opinión personal porque es en esa opinión donde juzgamos al personaje de la noticia poniendo a la opinión pública a favor o encontra. información si pero no opinión.
María B 05/06/2015 22:41 #2
Si fuera yo, Esther, esperaría que, al menos , se respetara mi presunción de inocencia, porque triste, penosa y cierta es esa frase que dice: "Difama, que algo quedará."Que bien prodría ser :"Vocifera, insulta, amenanaza, que algo quedará.". Triste país este en el que todos somos jueces.

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