Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

Quijotes del siglo XXI

Molinos viento detail

En el 400 aniversario de la muerte de Cervantes los quijotes españoles no dan tregua. Andan batiéndose contra molinos de viento, columbrando amigos o enemigos en los despachos e idealizando Dulcineas que son sólo cajas registradoras. El español, en lo que a emociones se refiere, no evoluciona ni avanza,  y si el genial escritor que nos inició en la novela moderna pudiera cruzar una puerta del ministerio del tiempo y sentarse en un café, no le faltarían argumentos nuevos para historia tan vieja.

 
 

Ana llega con un ejemplar del Ingenioso Hidalgo en una bolsa. Se sienta con ese repiquetear de tacones que siempre le acompaña y pide un vino. “¿De compras?, le inquiere Julia, lo tuyo con el consumismo es un matrimonio de los de bodas de oro”. Ana nunca se ofende por esas pullas, porque es muy consciente de que le gusta gastar lo que gana, de que el dinero tiene que moverse para mantener entre todos este difícil equilibrio de lo que han dado en llamar sociedad del bienestar. “Esta vez, le replica divertida, me lo he gastado en ti. Aquí tienes un ejemplar del Quijote para que lo leas de una vez”. Julia rebufa. “¡Qué mal me quieres!”.

 

El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha tiene 381.104 palabras y es el libro más traducido de la historia de la lengua española. Se puede leer en mas de 50 idiomas y dicen que muchos intelectuales, y no tan intelectuales, han querido aprender español sólo para leerlo en su lengua original. Ninguno de estos datos le sirve a Julia que ya ha confesado su incapacidad para llegar más allá de la página 40. No es la única, aunque si de las pocas que no tiene pudor en confesarlo.

 

El año pasado el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) nos desveló que sólo un 21,6% de los españoles había leído esta obra entera, es decir, uno de cada cinco y más de la mitad ni lo había empezado. Para muchos resulta francamente difícil esta lectura, pero lo cierto es que para la mitad no es ni difícil ni fácil, simplemente no es.

 

“¿Cuántos ingleses no habrán leído nunca a Shakespeare?”, pregunta Susana un poco escandalizada. No tengo cifras, pero teniendo en cuenta que su conocimiento es obligatorio en las escuelas británicas, me parece que algunos menos. “De hecho, añade Ana, Shakespeare leyó a Cervantes y no se si al revés”. A lo mejor por estas y otras razones estamos como estamos. “¿Y cómo estamos?”, pregunta con picardía Yolanda. “Como unos zorros, así estamos, contesta Ana.  Tú solo tienes que fijarte que Cervantes escribió esta novela para criticar el mal que las obras de caballería hacían en las mentes de sus coetáneos y lo que ha conseguido es que todo un pueblo sienta que este personaje define su idiosincrasia”.

 

Susana deja la copa y mira por la ventana: “un quijote es alguien que antepone sus ideales a su propia conveniencia y se compromete en defensa de causas que considera justas sin conseguirlo, según la RAE. Los españoles podrán ir de quijotes todo lo que quieran porque anteponen sus ideales a cualquier razonamiento práctico, pero me temo que no a su propia conveniencia. De un modo u otro, lo que mis vecinos buscan es el bien propio”.

 

Susana acaba de vivir una experiencia surrealista en su comunidad con una mujer (no existe todavía el apelativo de Quijota, aunque si de quijotada, pero todo se andará) que a puesto patas arriba toda la escalera para favorecer a una anciana que argumentaba no tener fondos para pagar una derrama. Después de intentar que todos se sintieran unos miserables por no perdonar la deuda a tan menesterosa mujer descubrieron un cambalache entre una y otra con comisión de por medio. Ni la anciana no tenía ni la otra era tan altruísta. Pero no le vamos a dar tregua a su historia personal, que es la historia de muchos españoles.

 

“Yo tuve un novio muy quijote, cambia de plano Julia. Se pasó en mi casa un año sin pagar ni un paquete de arroz mientras peleaba por solucionar la vida de otros”. “Me acuerdo muy bien, se ríe Ana. Ahora es concejal  ¿no? Sigue en lo suyo, solucionando la vida de otros, pero con la suya ya bien armada”. “Mujer, le defiende Yolanda, ¡si no encontró otra Julia, de algo tendrá que vivir!”.

 

En política no abundan los quijotes, por mucho que traten de hacernos creer que si. Tampoco los Sanchos. No tenemos idealistas que nos llenen de  esperanza ni mentes prácticas que nos llenen de seguridad. En política sólo nos quedan  molinos de viento, molinos que, como todo el mundo sabe, son eólicos y esconden su idealismo en los resultados económicos. “Y para colmo, termina Marta, van al revés que los de el Quijote!”. Todo ha cambiado, y no todo para bien.

 

 

 

Comentarios

Juán Garcés 24/04/2016 20:41 #1
Y tanto! Aquí, y no sólo en Salamanca, somos mas del Lazarillo de Tormes. Pero nos gusta ir de Quijotes. Escribe un día sobre la diferencia de lo que creemos que somos, de lo que querríamos ser y de lo que somos. Saludos

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