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Delirios en femenino

Esther Pedraza

Para los jóvenes el sexo está sobrevalorado

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Los amores de verano han sido siempre un vivero de literatura y de recuerdos. ¿Quién no tiene en el armario una sonrisa de agosto,  o en el escote el rastro de un beso salado? Para las mujeres de los ochenta el verano era el bendito pecado al que no pensaban resistirse. El sexo elegido, y muy escogido, era un plus vacacional irrechazable. La segunda década del Siglo XXI está poblada de jóvenes que no consideran prioritarias las relaciones sexuales. Y en Suecia, esta falta de apetito, se ha convertido en un problema de estado. Aquí, en España, seguimos sin gobierno, pero eso no es un problema. ¡Qué cosas!

En la última quedada antes de que cada cual se agote como quiera, mis delíricas y yo nos citamos en una piscina. No tanto por el sol, que nunca hemos aguantado, como por el agua. Y por los mojitos de después, claro. Como los políticos han agotado nuestra paciencia y están llevándonos a un desinterés preocupante (Ana ya no puede con las negociaciones), nuestras conversaciones han sido mucho mas frívolas e intranscendente, es decir, mucho mas divertidas.

 

Susana se regodea en la tumbona; “Esta es una de las diferencias entre nuestros veranos juveniles y los de ahora. La edad te lleva a un status en el que las toallas están fuera de lugar”.  Las tumbonas, con cómodos cojines blancos, nos atraen ahora más que el morenazo que acaba de pasar por delante mirando el móvil. Pero es ahora. “Todo tiene su tiempo –Julia coge con su dedo una brizna de hielo picado que le ha caído en la barbilla-. Antes ese cuerpo atlético era una puerta,  una invitación a la que nunca hubiéramos dicho no. Ahora son otras cosas las que nos ponen”.

 

“Pues yo sigo como entonces, ¿qué queréis? Lo bueno de los amores de verano es que son eternos –dice Yolanda. Nunca te dejan mal sabor, los recuerdas y sonríes, no les das tiempo a que se descompongan y has vivido el cosquilleo de la seducción un mes entero. Por eso sólo quiero amores de verano en mi vida, aunque sean de febrero a enero. Lo que no puedo entender es que los jóvenes piensen que las relaciones sexuales ya no son prioritarias”.

 

Esto debe ser también cosa de generaciones, nos decimos. Sobre la mesa el estudio de la Universidad de San Diego que ha comparado la generación  Y, (1965-1981) con la X de los millenials  (1982-1999) y ha concluido que ahora se ha perdido cierto interés por el sexo. “Nosotras llegamos al sexo en democracia, después de décadas de represión – reflexiona Susana- y nos lanzamos a explorarlo. Los millenials  tienen acceso a todas las páginas porno del mundo, se llevan a las chicas a dormir a casa y no tienen necesidad de esconderse. Lo prohibido tiene un morbo que dispara las endorfinas, no hay duda”.

 

El morenazo vuelve a pasar por nuestro lado absorto en la pantalla del Smartphone. Le seguimos con la mirada y observamos que no se está percatando de las tres diosas con diminutos bikinis que le lanzan ojitos y progesterona inútilmente. ¿Cuántos años tendrá ese cuerpo de gimnasio? ¿Será gay?

 

“Este no llega a los veintidós y puede ser gay, aunque no lo parece –Inés calibra su respuesta. Yo me inclino a pensar que es uno de los nuevos jóvenes asexuados, uno de esos que todo lo hace de forma virtual para evitar sufrir. Si no arriesgas en las emociones la vida puede ser mas cómoda, pero  muy, muy aburrida”. 

 

“Si ya se nos cae el mito sueco del amor libre, ¿qué nos queda?”, se pregunta compungida Marta.

 

Esa es otra. Nuestra generación miraba con envidia a las suecas por su actitud tan libre ante el sexo. Durante años quisimos ser iguales, pero siempre nos quedaba la sensación de que estábamos comportándonos como unas guarras, que los chicos no nos iban a respetar. Ellas no, ellas no lo llamaban amor cuando sabían que era sexo. Y ahora, de repente, el apetito sexual de los suecos también se ha congelado.

 

“No me extraña que el gobierno vea un problema político en esta desidia”. Susana tiene el recorte de prensa en la mano y nos lee que el ministro de salud sueco ha encargado un informe para comprobar hasta qué punto son ciertos los estudios que aseguran que sus ciudadanos han perdido el deseo sexual, convirtiendo así este asunto en asunto de Estado.

 

“Hace muy bien, dice Yolanda encantada. Hace muy bien porque algo está pasando con esa gente y  hay que diagnosticarlo. No se puede permitir una población estresada y con problemas de salud. Hay que tomar medidas o los suecos van a ser unos hologramas más. ¡Y eso si que sería perder terreno!”.

 

Todo apunta a que igual que se terminó la canción del verano pachanguera, que te invitaba a bailar como un massai, se están acabando los amores de verano para una generación más preocupada por perseguir muñecos virtuales que por explorar los caminos de un cuerpo humano.

 

Un grito nos levanta de las tumbonas. El morenazo está agitando los brazos como poseído, mientras emite sonidos inconexos que no podemos descifrar. ¿Qué pasa?, pregunta la gente. El camarero, también mostrando brazos musculosos a base de mancuernas  y en el principio de la veintena, contesta mientras le mira envidioso: “¡Qué suerte, acaba de cazar a Picachu”. Volvemos a tumbarnos y nos miramos. En la televisión se suceden las imágenes de Rajoy, Sánchez y  Rivera. Susana llama al camarero: “¿Y no habéis pensado en cazar a esos pokemon también? Es mucho más fácil, ya véis que no se mueven.

 

 

 

 

 

 

Comentarios

daniel 31/08/2016 23:26 #1
"los nuevos jóvenes asexuados" XD por Dios las mujeres son el colmo ... un polvo es como un apretón de manos, alguna le hubiese propuesto algo y ya esta...el problema creo yo es que siempre te quieres topar con una relación tipo actriz porno y al final te das cuenta que no puedes idealizar el sexo mas haya de una metida y una lamida y suena feo pero ya todo te acaba dando lo mismo.

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