Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

Nosotras no somos ángeles

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El novio de una de mis delíricas le dijo un día: “¡Dios mío, qué guapa estabas esta tarde cuando hablamos por teléfono!”. Ni que decir tiene que aquello le ganó. Mas tarde descubrió que su novio era un aficionado al postureo (no me extrañaría que hoy fuera uno de los asesores de algún partido emergente), que la frase ya la había dicho un actor y guionista ruso-francés y que no debía ser verdad puesto que la dejó por una bailarina mucho más guapa cuando hablaban frente a frente. Ni que decir tiene que mi delírica ganó con esta marcha  y la bailarina terminó bailando sola.

Eso de que la belleza está en el interior nos lo sabemos todas, pero nunca hemos terminado de creerlo. No porque nuestra inteligencia no nos lo muestre cada vez que nos topamos con algún espécimen, sea del sexo que sea, con un envoltorio impecable y un fondo vacío. Serrat lo cantaba muy bien cuando decía: “me gusta todo de ti, pero tú no”. Una cosa es que seamos conscientes del auténtico valor de las cosas y otra que seamos capaces de sustraernos al bombardeo mediático en el que vivimos.

 

El pasado 8 de marzo, día internacional de la mujer, recibí un video muy bello resaltando el valor de las mujeres. El mensaje escrito era inequívoco, pero me fijé en las imágenes y contesté a mi amiga: “Oye, ni una de esas mujeres tiene un kilo de más, granos en la cara ni más de cuarenta años. Todas perfectas”. Me contestó que se quedó con la letra y empecé a pensar. ¿No será que las mujeres inteligentes nos quedamos con el contenido y no nos damos cuenta de cómo el continente nos engaña?

 

Yolanda lo tiene claro: “Estamos en abril y ya ha comenzado la operación bikini, que no la operación bermuda. 2 de cada tres mujeres que conozco han comenzado la dieta. El gasto en cosmética se está igualando, pero creo que es        nos han venido a echar una mano los gays”

“ Y porque ellos gastan ingentes cantidades en potingues crecepelos, añade Olga. Pero barajando estos datos, la pregunta es:  ¿Cuántas nos engañamos a nosotras mismas con lo de que el interior es lo que cuenta?.

 

La televisión, esa madrastra perversa, escupe a las mujeres gordas y feas de sus pantallas. Lo hace, incluso, cuando no son tales. Cristina Pedroche nos podría contar de la dictadura de la talla 36,  o Tania Llasera nos podría explicar lo que tuvo que aguantar porque engordó.  Ni toda la inteligencia del mundo te salva de sus modelos de belleza. Pero resulta que algo empieza a cambiar, dicen.

 

“La guerra entre Victoria’s Secret y Lane Bryant, comenta Inés, está dando sus frutos. Al grito de: las mujeres, no somos angeles , Bryant ha conseguido llamar la atención. Se trata de hacer modelos de lencería para mujeres reales. Enfrentarse a los cánones establecidos le ha dado popularidad, pero no está resultando fácil”.

 

“No, sigue Ana, parece que decir que tenemos cuerpo, por mucho que algunos quieran que desaparezcamos, no está bien. Su “No soy un ángel” se convirtió en viral pero algunos medios se niegan a pasar los anuncios de Lane porque muestran mujeres con carne y los consideran inapropiados o poco saludables

 

Los medios de comunicación, ya se sabe, tienden a inventarse la realidad y pretenden que todos sucumbamos a ella. Lo consiguen muchas veces y plantan batalla a quienes sacan el espejo para que todos nos veamos tal cual somos. Pero este movimiento que ha empezado en América ha llegado a Europa. Ya no resulta tan impactante ver mujeres con curvas. Se lleva la mujer que existe, la que respira, la que ríe y la que trabaja. Instagram está llena de ejemplos. En Facebook ves a las chicas presumiendo de ser ellas, con su celulitis, sus michelines, sus manchas sin maquillaje. Los hashtags reivinidicativos se multiplican: #amatucuerpo #mujerreal #amatuscurvas..  y algunas nos relamemos de gusto.

 

“¡Es que resulta realmente demoledor que sólo un 2% de las mujeres se vean guapas!”, se lamenta Olga. “Vas por la calle viendo mujeres preciosas que pisan inseguras porque les ha salido una estría o unas venas rojizas en las piernas. Te encuentras con mujeres que cuando sonríen te dan un pase para el paraíso o que cuando te hablan te llenan la vida de fantasías y sueños, pero se mueren de miedo cuando tienen que desnudarse en la intimidad. ¿Los hombres que se han desnudado ante vosotras eran perfectos?”.

 

La carcajada despierta a un jubilado que acude siempre al café con el periódico enrollado. Nunca lo abre, pero lo lleva como si fuera un amigo que le hace sentir acompañado. Nos mira y nos sonríe con benevolencia. Sobre su estado habíamos hecho muchas apuestas, si sería viudo, soltero, casado independiente. Por muchos detalles sabíamos que las mujeres le gustaban, pero estábamos seguras de que a más de dos metros. Cuando prestaba atención a nuestros debates le pillábamos haciendo algún gesto, pero esta vez estaba en otro mundo y seguro que sigue creyendo que las mujeres estamos locas.

 

“Hace mucho tiempo, les digo a mis delíricas, me enfadé con el Corte Inglés porque yo, que usaba una talla 42, tuve que llevarme una  camisa de la talla 50. Escribí en su libro de reclamaciones advirtiéndoles de que una jovencita podría no superar ese shock y me respondieron muy amablemente que nunca lo habían pensado. La anorexia empezaba a enseñar su dolor y aunque hoy ya sabemos de su peligro siguen tallando a la baja”.

 

“Es que son tan torpes como los del área de comunicación del PP, se indigna Marta. ¡Talla a la alta, por dios, y así una mujer que usa la L se lleva una M más contenta que unas pascuas¡”.

 

Vamos a ver, que nosotras no estamos en contra de la belleza de la mujer, que nos encanta; lo que no queremos es que se nos obligue a ser bellas. Sobre todo, y lo hemos hablado antes con la canción de Serrat, porque la belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora que (Ortega y Gasset dixit). Aunque para ser más precisos, rara vez coincide con la que amas cuando ha pasado un año.

 

 

 

 

Comentarios

Yol 04/04/2016 13:58 #1
Cuando no nos gusta la realidad tenemos la mala costumbre de evadirnos entre angelitos con alas. Pero la realidad es terca y nos recuerda que la mayoría somos angelitos sin alas y el que lo olvida se equivoca. Esther, una vez más hilaste fino y elegiste una preciosa frase .... la belleza que atrae raramente es la belleza que enamora. ¿Será que comemos con los ojos y por eso a veces no nos sabe a nada?.

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