Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

No solo es cuestión de gestos

Cuando Kevin Carrol, un adolescente de Nueva York al que los compañeros de instituto le hacían la vida imposible, aceptó el reto de un grupo de estudiantes de raza negra para que bailara, con el único fin de humillarle, dejó claro que se necesita más de un día para dar la vuelta a un hombre. Kevin, como muchos, era más de lo que aparentaba. Pero existe otro grupo numeroso de gente que son menos, mucho menos de lo que aparentan,  no lo sabemos y les va bien. Quien dijo que el que domina la información domina el mundo sabía de lo que hablaba.

En nuestro devenir personal nos vamos encontrando con hombres y mujeres  que nos dan una lección de vida. Personas que han vencido a la adversidad con una actitud admirable y de las que vamos aprendiendo. Cuando a Joan Manuel Serrat le detectaron un cáncer dijo que en la vida no importa lo que te pasa, si no  como te enfrentas a lo que te pasa, y en mi recuerdo estará siempre una madre dulce que conocí en Cáritas y cuya sonrisa y paz me vencieron mucho antes de saber que en sólo cinco años había perdido a sus tres hijos, jóvenes todos, en sendos accidentes de tráfico. Ella también escondía una historia y en sus gestos cotidianos demostraba una grandeza digna de encabezar la lista de las mejores personas, que, por supuesto, no hay.

 

Lo que no aparece en televisión, no existe, y en estos tiempos donde las imágenes pasan y apenas se quedan, nos estamos acostumbrando a ver sin mirar. Ya no leemos y eso nos impide reflexionar. A nuestro lado ocurren cada día hechos heroicos que no nos llegan porque estamos demasiado ocupados en digerir otros que alguien nos prepara  expresamente, aunque luego resulten falsos o, en el mejor de los casos, inexactos.

 

Mis amigas y yo hablábamos divertidas del curioso caso del exmarido que había decidido partir por la mitad todo en su divorcio, incluido el coche. Lo mismo que habíamos hablado de aquella joven que puso su foto en las redes mostrando tres pechos y argumentando que se había operado para ser diferente. Ambas resultaron ser falsas. Son las noticias curiosas que alimentan nuestros desayunos de vez en cuando y que nos hacen pensar en lo fácilmente manipulables que somos. Todas encierran siempre un interés que somos incapaces de adivinar.

 

“¡Qué fácil es que una noticia se convierta en viral!, se lamenta Ana. Yo creí que con la democratización de internet nos engañarían menos, pero está resultando justamente lo contrario”.  “Bueno, el ser humano no ha cambiado mucho en dos mil años, argumenta Yolanda, nos sigue emocionando lo mismo, indignando lo mismo y doliendo lo mismo. Y ahora somos mucho menos críticos, aunque parezca lo contrario”.

 

Maquiavelo decía que pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos. Aunque haya mucha gente en el mundo, siempre habrá muchos más rostros, los que cada uno tiene y expone según su necesidad, interés o miedo.

 

Kevin Carrol es un chico diferente, tímido y poco dado a mostrar su verdadero yo. Por eso cuando se puso a bailar dejó a sus acosadores boquiabiertos. De pronto miraron lo que no veían. En el Hormiguero jugaron el otro día a caracterizar de octogenario a uno de los mejores skaters del mundo para dar una lección a los jóvenes patinadores que  campan a sus anchas en los parques. Sus caras eran un poema al ver al abuelo hacer acrobacias. Ignoro si han aprendido con la lección.

 

https://www.youtube.com/watch?v=8gMD-jR_ihM

 

Hay que tener mucho valor o mucha ética para desmontar las noticias sesgadas con las que nos alimentamos a diario. El periodismo también es ya apariencia, impacto y venta de noticias. Se ha convertido en el bastón que sustenta el fangoso mundo de la política o del capital, que viene a ser lo mismo.

 

Se aplaude que el nuevo alcalde de Cádiz se presente en un desahucio ante las cámaras para impedir que se lleve a cabo, pero nadie se preocupa en saber qué hay detrás y detrás hay una anciana de 82 años, viuda y sola, con una pensión mínima que lleva dos años sin recibir un solo euro de renta y que tiene las mismas dificultades para sobrevivir que sus inquilinos. Vemos las imágenes, las compartimos y seguimos nuestro camino.

 

Ignoro hacía donde nos llevará esta nueva era, pero he de confesar que no me gusta. No me gusta que la multitud, todos, seamos arrastrados por gestos mas que por ideas, por muy importantes que sean aquellos. Los gestos si se quedan en apariencias son igual de engañosos.

 

Willy Brandt se arrodilló ante el monumento a las víctimas del Gueto de Varsovia a finales de 1970. Él, que había tenido que huir de Alemania por ser contrario a los nazis, tuvo ese gesto para rehabilitar la imagen de sus compatriotas y definió el momento en sus memorias con estas palabras: “Al borde del abismo de la historia alemana y bajo el peso de los millones de asesinados, hice lo que los hombres hacen cuando faltan las palabras”.

 

Pero cuando tuvo aquel conmovedor gesto, Willy Brandt ya había demostrado su decisión inquebrantable por reformar la República Federal  desde dentro, llegando incluso a pactar con el canciller Kurt Kiesinger, antiguo miembro del partido de Hitler. Fue un primer paso para llegar a la cancillería y poner en marcha su Ostopolitik, la apertura al Este que le valió el Premio Nobel de la Paz en 1971.

 

Estoy con Punset en que ahora es el momento de decir alto y claro que la apariencia no es la realidad. Si seguimos construyendo una sociedad que “adula a los que gritan, se disfrazan, cambian su entonación en las clases o las empresas, que no olvidan los gestos necesarios para que los demás crean lo que no se lleva dentro, incluidas las amenazas de volver a machacar, como en el pasado con las armas o la Constitución, a los que sugieren probar otra cosa distinta de la que se está viviendo” estaremos dando un enorme paso atrás.

Comentarios

Yol 28/06/2015 17:28 #1
No puede expresarse mejor. Nos olvidamos del refrán .... El hábito no hace al monje. Haríamos mejor en desconfiar de tanta apariencia. Es aire en estado puro. Gracias una vez más por la reflexión.

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