Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

Las mujeres que no amaban a las mujeres

Meg ryan detail

Llevo años escuchando  que una mujer quiere estar bella para las demás mujeres o, en el culmen del paroxismo, para ella misma, pero no para los hombres. Nunca lo he creído porque el género femenino es todo menos ortodoxo, y porque conozco a muchas congéneres que, sabedoras del efecto que causan en el sexo contrario, usan y abusan de sus encantos. En España se practican cada año cerca de 70.000 intervenciones de cirugía estética y plástica, el 87,8%  a mujeres. Vistos algunos resultados, como el de Meg Ryan, más valdría que una parte de esos trescientos millones de euros los hubiéramos dedicado a vivir y disfrutar con nuestro rostro de siempre.

Cada vez que cae en mis manos una revista del corazón me horrorizo. Las caras de las celebrities y sus parientes más cercanos son copias de una mala caricatura. La abuela, la madre y la hija guardan un parecido tan antinatural como alejado de la genética. Y sus amigas, y las amigas de sus amigas: pómulos excesivos, labios excesivos, ojos excesivamente abiertos, piel excesivamente tersa y escasa expresión. Las Tablada son un magnífico ejemplo de clonación por medio del bisturí con acompañamiento de mechas. No se cómo fueron en su día, pero hoy no son ellas, seguro.

 

 

El asunto lo trae el verano y este inmenso calor que hace que cualquier prenda nos pese en el cuerpo. Mientras miramos los cientos de reclamos en uno de esos mercadillos de moda, mis amigas y yo iniciamos la discusión con la dependienta que pretende engatusarnos con un top diminuto de diminutos tirantes: “¿No tienes algo con manga, o con gasa para tapar los brazos?”, pregunta, casi ruega Julia. Julia es una ejecutiva de una gran multinacional que debe estar siempre perfecta. Ella no busca la aprobación de los géneros, sino su aprobación personal. “Llegar a los cincuenta tiene su aquél, se ríe. La masa muscular del cerebro ha crecido pero la de los brazos ha disminuido en la misma proporción”. Ana apostilla: “¿En qué momento empezaron mis antebrazos a hacerse tan enormes? No hay foto en la que no me diga que “eso” no es mío”. Se trata, pues, buscar soluciones y este año las hemos encontrado en las vaporosas túnicas de gasa con las que cubrir las camisetas básicas. Todo un descubrimiento para aquellas que no queremos recurrir a la cirugía.

 

Pero, ¿cómo cubrirte las arrugas de la cara, la flacidez del mentón, la caída de párpados? Esa fue nuestra conversación cuando nos alejamos del infierno de los cuarenta grados en busca de un lugar con aire acondicionado donde desahogarnos a gusto.

 

“La mujer natural ha muerto para los mass media. Nos venden rostros desfigurados pretendiendo hacernos creer que así tendremos más éxito, pero miro a Meg Ryan o a Reneé Zellweger y me digo a mi misma que tendríamos que lanzarnos desde ya a parar esta locura”, empieza Yolanda que siempre ha sido la más sensata de todas nosotras.

 

 

Parafraseando a Anna Magnani, una de nuestras actrices favoritas, mi grupo es de las que opina que no hay que tocar las arrugas que nos han costado toda una vida procurarnos. Marta, nuestra psicóloga personal, pone sobre la mesa la búsqueda del porqué a tanto retoque: “Dejando de lado a las personas que necesitan una operación por razones de peso como accidentes o malformaciones, la mayoría de las veces vamos al cirujano porque nos sentimos inferiores o fuera del canon de belleza que otros han diseñado, aunque haya quién busque destacar o ser el centro de atención. Somos seres culturales y como tales evolucionamos en nuestra percepción de como sentirnos bien”. “Y ahora, más que nunca, nuestra escala de valores la domina la superficialidad”, añade Ana.

 

¿Y qué tienen que ver en esto los hombres y sus gustos actuales? Tampoco aquí hay una línea a seguir. Nosotras nos pasamos la vida sintiéndonos gordas y luego les oímos a ellos decir que no les gustan las delgadas, aunque es a las que miran. Que la mayoría de las operaciones de estética tengan que ver con el aumento de pecho no es banal. Antes de la crisis éramos el primer país del mundo en implantes de mama per cápita dado que las españolas tienen de media una talla 90 y según las encuestas los hombres prefieren una talla 100.  Operarse para gustar a los hombres parece que no es tan disparatado.

 

Según la investigadora de la Universidad de Stanford, Marilyn Yalom, la fijación de los hombres por los pechos voluptuosos tiene que ver con la evolución antropológica. Aunque no lo asumamos, somos animales y nos movemos como el resto de los seres vivos para la perpetuación de la especie. Dice Yalom que durante la ovulación, el momento de la procreación, los pechos se hinchan para atraer al macho y que de ahí proviene su objeto erótico, cada vez más extendido por la globalización informativa.

 

Sea como fuere,  parece que las cosas están cambiando. El fenómeno de las niñas muñecas, adolescentes que se operan para parecerse a las barbies, nos puso en alerta con la modelo ucraniana Valeria Lukyanova,  y ahora el resultado desafortunado de los nuevos rostros de cientos de mujeres que apenas pueden sonreir o dejar caer los párpados sensualmente porque el bisturí les ha dejado inexpresivas,  nos están haciendo valorar de otra manera esta moda carísima.

 

Según un informe de la BBC, en Colombia, donde las niñas piden como regalo de graduación unas tetas nuevas, se ha llevado a cabo desde la revista Soho una campaña en pro del pecho natural y mujeres de todo el país han respondido enviando sus fotos para defender la belleza sin retoques. Los hombres, curiosamente, han sido los defensores más activos de esta vuelta a la naturalidad. Parece que ahora se empieza a poner de moda desoperarse, para recuperar lo que uno fue. Me temo que hay cosas que no tienen retorno.

 

Pero seguimos con los ojos puestos en la televisión, en el cine, en las revistas: mujeres con photo shop, mujeres que han pasado por el rodillo que alisa cualquier arruga o mujeres de miradas espatarradas. Las mujeres naturales se esconden, se vuelven pequeñas o invisibles y nos preguntamos de quién es la culpa sin encontrar respuestas. No nos atrevemos a decir lo que pensamos y observamos que la bola de nieve sigue cayendo y se hace inabarcable. Hay mujeres que no se aman y buscan desesperadamente un cambio que las lleve de vuelta a su aceptación, pero lo peor es que las mujeres no amamos a las mujeres. Si lo hiciéramos nos esforzaríamos en destacar constantemente todos los valores de nuestro género en lugar de dedicar nuestra inteligencia a  potenciar los defectos físicos.

 

 

 

Hace más de 25 años que se estrenó Cuando Harry encontró a Sally y he de decir, en honor a la verdad, que ninguno de los protagonistas ha salido bien parado con sus operaciones de estética. Yo quiero recordar a Meg Ryan  no porque entonces fuera una jovencita de 28 años  preciosa y natural, ni siquiera por la divertida escena fingiendo un orgasmo en un restaurante a la vista de todos, la quiero recordar por  lo mal que lloraba, pero por lo bien que  reía  y porque en cada frase (orgasmo incluído) reivindicaba el lado oscuro de la mujer, sus miedos, sus dudas y la valentía al querer conocerse. Y, sobre todo, por esta frase que debería haber llevado como bandera antes de pasar por el quirófano: “Harry, puede que no creas esto, pero nunca consideré no acostarme contigo un sacrificio”.

 

 

 

 

 

 

Comentarios

Dulce de Leche. 12/07/2015 17:33 #4
A mi me encanta mi chica, quince años más joven que yo. Mi anterior pareja era diez años maiñoyoe que yo y lo dejamos porque no nos ayraiamos el uno al otro. Pero tengo que confesar que ella se abandonó más de lo que yo podía soportar. Ahora mi caompañera y amiga es todo lo contrario, se cuida, se asea, le gusta gustar y sobre todo me ayuda a que yo me cuide y lleve los años con frescura y dignidad. Todavía no me ha pedido que me dé un estroncito pero si ella me lo pidiera no me lo pesaria dos veces. Es cuestión de estar agusto, Esher y tú de esto dabes y me comprendes. Gracias guapa.
Alvaro 12/07/2015 16:54 #3
Mi novia dice que esta gorda, pero a mi me tiene loco. Le digo que me gustaría que ella se viera con mis ojos. Tiene una dulzura y un corazón inigualable. Dejaros de tonterías, chicas maravillosas! Si no os ven es que son ciegos.
Marta 11/07/2015 20:32 #2
Buena reflexión Esther, se trataría de poder ser capaces de ver la belleza de la madurez y no querer tener un envoltorio que no guarda trazo del paso de los años.
Yol 10/07/2015 19:22 #1
Patético y una carrera sin fin. Cuando se decidan a hacer cirugía cerebral para mejorar su actividad, me lo pensaré. Mientras tanto, quiero reconocerme en mis arrugas hasta el final. Mirad a los ojos y olvidareis el resto. Esther, otra vez diste en el clavo. Tu fiel admiradora.

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: