Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

La madre de América tuvo una abuela

La anécdota de una madre sacando a empujones a su hijo adolescente de una protesta contra la policía de Baltimore, me ha recordado la historia que ese periodista incansable que era Enrique Meneses  me contó una tarde de otoño, con la voz entrecortada, mientras hablábamos del ser humano.

Conocí por casualidad a Enrique Meneses a raíz de la publicación de su libro: hasta aquí hemos llegado, una biografía donde se demuestra que la realidad siempre es más interesante que la ficción. Con muchos años, y atado a una bombona de oxígeno, hablamos de la guerra del canal de Suez, de sus cuatro meses en Sierra Maestra con Fidel Castro y el Ché Guevara, del asesinato de Kennedy, de sus entrevistas con Nasser, Dalai Lama o el Sha de Persia y de miles de momentos claves en la historia del S XX donde él fue testigo directo.  El tiempo le había vuelto especialmente sensible a todo lo humano, por eso cuando le pregunté qué era lo que más le había impresionado a lo largo de su vida su respuesta me pareció concluyente: “Fue en Washington, el 28 de agosto de 1963. Más de 250.000 personas de todas las etnias se congregaron frene al Capitolio para ver a Martin Luther King. Todos caminábamos deprisa para situarnos bien y entonces vi como un joven rubio chocaba contra una anciana negra haciendo que se tambaleara,  y después  le decía algo. La mujer se echó a llorar y yo me apresuré a preguntarle si se encontraba bien. Ella me miró y entre sollozos me dijo: ¡me ha llamado señora, me ha llamado señora!. Nunca una frase tan corta encerró tanto sufrimiento y tanta esperanza a la vez”.

 

Aquél día, el día de la Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad,  ha quedado para los medios y la sociedad como el día en el que Luther King pronunció su frase: I have a dream,   y mostró su deseo de conocer una sociedad más justa. La foto que Enrique pudo tomar entre el tumulto, y otras muchas, se encuentran en la Sala Canal de Isabel II, en Madrid, hasta finales de Julio,  en una exposición que les animo a ver.  Pero para Enrique Meneses lo que quedó fueron las palabras de dignidad de una mujer, una madre, una abuela, a la que un blanco había llamado respetuosamente señora, algo que nunca le había ocurrido en su larga vida.

 

Han pasado más de cincuenta años y las peticiones de igualdad y justicia siguen vivas en Estados Unidos. Baltimore es el último grito de una comunidad, cada vez más numerosa y cansada, que no encuentra otro modo de canalizar su hartazgo que tomar las calles y enfrentar su ira contra los que no sólo no les protegen, sino que les matan.

 

En este medio siglo hay cosas que han cambiado y muchos negros –utilizo este término como simple adjetivo de raza, y sin ninguna connotación peyorativa,  porque así me lo hizo ver mi amiga Elena, madre adoptiva de un niño etíope que no tolera que le digan “de color”- forman parte de los elegidos en lo más alto del escalafón social y económico, por lo que no impresiona que les llamen señor y señora. Son, no obstante, unos pocos. La mayoría, lo vemos cada día, sigue sufriendo discriminación

 

Pero lo que verdaderamente ha cambiado es la información. Resulta interesante observar que el vídeo esté dando la vuelta al mundo en un asunto tan doloroso  sea el de una madre gritando y golpeando a su hijo encapuchado para sacarle de la protesta y mandarle de vuelta a casa. Hay en estas imágenes otra metáfora subyacente: la violencia engendra violencia y hay madres que esperan de sus hijos otra forma de protesta. Y, sobre todo, que sigan vivos para ejercerla.

 

 

El video  ha saltado de YouTube  a los grandes periódicos y ya se refieren a la mujer como la “madre del año”.  Algunos pensarán que no hay otro camino y estarán que trinan porque la anécdota se ha convertido en noticia y ha desplazado a lo importante: la lucha contra la desigualdad cuando el diálogo y la justicia no parecen avanzar mucho. Lo cierto es que esa noche la ciudad no fue un infierno y desconocemos si en ello tuvo que ver este gesto. Lo que sí sabemos es que hay veces en las que una anécdota cómo ésta, o como la que vivió Enrique Meneses, se convierten, con el paso de los años, en el recuerdo más nítido en la contienda por un mundo mejor.

Comentarios

Marta 03/05/2015 23:53 #3
La verdad es que la decisión y coraje de la mujer sacando al hijo del barullo son admirables. Gracias por la reflexión Esther
Marta 03/05/2015 23:53 #4
La verdad es que la decisión y coraje de la mujer sacando al hijo del barullo son admirables. Gracias por la reflexión Esther
Dmrpower 03/05/2015 21:19 #2
Cosas de mujeres, una madre con un par poniendo a su hijo en su sitio. Parece una anécdota, pero un par de tortas dadas a tiempo pueden cambiar la realidad de un adolescente. Aquí podria un padre o una madre dar esas Callejas o seria violencia de algún tipo o agresión a un menor?.
Cristina 02/05/2015 18:50 #1
Como siempre,tu estilo es impecable y llega al corazón, tu calidad humana tiene mucho que ver en tus escritos.

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