Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

Huyendo del amor

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En 2016 bajaron las demandas de divorcio casi un 7,8% con respecto a 2015, lo que no quita para que en España se rompa una pareja cada cuatro minutos y medio, más o menos. Según la Agencia de Salud Pública de Barcelona, una de cada cinco mujeres tiene ansiedad o depresión, casi el doble que los hombres. Si me pongo a hacer cuentas llego a la conclusión de que hay muchas parejas que no se rompen porque ya han olvidado que están unidas.

Las relaciones de pareja son muy complicadas. Lo sabemos nosotras y lo saben ellos. Pero en esto, como en todo, la solución depende del modo que tenemos cada uno de gestionar los conflictos.

 

“También depende del rol que cada uno tenga en el conflicto”, apunta Yolanda, “porque no es lo mismo estar tirando del carro que subido en él. A más fuerza, mayor hastío. Digo yo”.

 

Yolanda acaba de llegar de Japón y trae un ramillete de prendas para repartir. ¡Con lo caro que es Japón! Y hay en nuestras miradas un reproche pelín hipócrita. A cambio le vamos a mimar como si fuéramos geishas. Miro al rubio descarado que espera en la barra una orden. Se acerca solícito.

 

“Pon lo de siempre. Y a esta belleza nipona lo que se le antoje”.

 

Toma nota y se va murmurando, como siempre. Le veo el pinganillo en la oreja, ¿hay partido? Pregunto. Todos los días hay partido, dicen a la vez mis delíricas. También es verdad.

 

Pues resulta que este informe de la Agencia de Salud ha llegado a la conclusión de que en ese quintal de mujeres depresivas influyen los trabajos no cualificados y las conductas sexistas. Ya sabéis, lo de que las tareas domésticas sean cosa de ella (aunque él haya llegado dos horas antes), la desigualdad laboral, los ninguneos en las empresas y el pan nuestro de cada día.

 

“Y a pesar de todo, Ana ataca el jamón sin despeinarse, vivimos más. ¡Hasta qué edad viviríamos si nos trataran como a reinas”.

 

Vivimos más, pero no mejor –puntualiza Marta. Las mujeres tenemos mas enfermedades crónicas, nerviosas y hasta mentales, que es donde entrarían la depresión y la ansiedad”.

 

“Cuando dices las mujeres, te refieres a las mujeres casadas, entiendo”. Olga sabe que está en ese factor de riesgo.

 

“Claro, claro, a vosotras las casadas –continúa Marta. Las solteras y las divorciadas tienen otros males, pero no les afecta lo de encontrarse sucia la tapa del váter y esas menudencias que te atacan nada mas levantarte”.

 

De la tapa del váter tenemos que hablar toda una tarde, porque da para mucho. En las otras menudencias podríamos englobar lo de preparar la comida y que aparezca a las seis de la tarde, el cansancio acumulado que les impide tender la lavadora, esa capacidad insultante de quedarse dormido en el sofá cuando hay que quitar la mesa o las ganas irrefrenables de ir al baño cuando hay que ponerla… Tonterías sin importancia.

 

Este estudio es para nosotras, las mediterráneas, ¿no?”. Ana nos mira con esos enormes ojos azules, tan rubia, tan nórdica, y nos da la risa.

 

“Por supuesto – dice entre carcajadas Susana. Otra investigación a nivel comunitario ha destacado que las españolas tienen más ansiedad porque, aparte de las jornadas maratonianas de trabajo, son las que dedican luego más tiempo a tareas de cuidado y de tipo doméstico. Cuando hay buena situación, contratas a alguien, pero cuando el sueldo está justo, te contratas tú”. 

 

Afortunadamente ya hay sectores que empiezan a tomar conciencia del problema. Hace nada, la Audiencia Provincial de Cantabria ha reconocido a una mujer su derecho a ser indemnizada con casi 24.000 euros por su exmarido, lo que éste hubiera tenido que pagar por el servicio doméstico que se ahorró. Pero para eso hay que litigar, y litigar en España es largo y caro.

 

“Si al menos compensara lo emocional  - suspira Susana. Pero tampoco. Ni mimos, ni un eres lo mas grande, ni un buen polvo, ni un bolso de Prada...  ¡Qué mínimo! Si al llegar a casa los hombres se volcaran en atenciones y amor, lo mismo la depresión salía por la ventana”.

 

Olga la mira con pena: “¿Pero a qué hombre le puede salir su toque seductor frente a una mujer en chándal, con el pelo recogido, oliendo a cocina, o a amoniaco,  y al borde de un ataque de nervios?”.

 

“¿Y qué mujer se pone de vampiresa con un poseso frente a una cerveza y hablándole a un árbitro como si le oyera?”. Marta no admite nunca que la mujer puede tener su responsabilidad y ataca cual viuda negra.

 

Lo mismo Susana ha dado en la diana y lo que nos deprime y nos pone ansiosas es esa falta de valoración. Lo mismo nos vamos enrocando y no rompemos la cadena que nos hace infelices, y cuando la rompemos es para siempre.

 

En el tiempo que nos hemos comido dos raciones de jamón, una de queso y otra de patés, más de 20 parejas se han dicho basta. Lo comento y nos quedamos pensando.

 

El camarero ha pasado cerca haciendo un mohín de disgusto. Su equipo debe estar perdiendo. En el momento en que su mirada se ha cruzado con la de Marta ésta le ha espetado.

 

“Desengáñate, rubio. Del amor no se huye”.

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