Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

Herr y Frau Lubitz, tienen ustedes toda mi compasión

Lubitz detail

Cuando leí que el causante de la muerte de 150 personas en el siniestro del avión de Germanwings era el copiloto, y mucho antes de conocer todo lo que ya sabemos, pensé inmediatamente en sus padres. En los primeros días pensé en los padres de esos jóvenes adolescentes, en los hijos huérfanos y en los amigos y familiares desolados, pero después no podía quitarme de la cabeza a los padres de Andreas, a Herr y Frau Lubitz y su insoportable desesperación.  

Dice Bernard Bartolini, el alcalde de una localidad cercana al siniestro, que coincidió con el padre del copiloto en una de las ceremonias en recuerdo de las víctimas,  que vio frente a él a “un hombre hundido, que sentía sobre sus espaldas toda la responsabilidad del drama, y que era víctima de una tremenda angustia”.

No puedo imaginar cómo se siente ese hombre que aún sin aceptar el inmenso dolor que supone la pérdida de un hijo tuvo que asumir, en el transcurso de unas horas, el dolor de los padres de las otras 149 víctimas. Pero el hecho de que  no fuera capaz de mezclarse con el resto de familiares me dice que ha decidido arrogarse una culpa que no tiene y que espero que nunca nadie le reproche.

 

Hace ya muchos años, cuando era reportera en un programa de televisión, contacté con los padres de Alejandro, un joven estudiante de 19 años al que mataron en Sevilla por mediar en una pelea. Sus padres estaban dispuestos a venir al programa para que todo el mundo supiese que su hijo, su único hijo, era una gran persona y que había muerto por defender a otro ser humano, “por llevar hasta el final los valores que le inculcamos”, me dijo con voz entrecortada su madre.

 

Cuando bajé a recibirles a la sala de invitados y les saludé me sentí conmovida por su tristeza y emocionada por la dignidad que emanaban. La madre era una mujer aún joven, pero el padre había pasado de los setenta, tenía el cabello y la barba blancos y daba la sensación de que no podría recuperarse de aquél golpe. Mientras esperábamos su salida a plató me cogió las manos, me miró a los ojos y me dijo algo que nunca he podido olvidar: “No puedo explicar este sufrimiento. He perdido a Alejandro, un chico bueno, un hijo modelo, un ser humano lleno de luz. Le he perdido porque no pudo permitir que alguien le quitara la vida a otro ser humano y dentro del dolor tengo la alegría de que actuó como debía. No quiero pensar en lo que sufriría si hubiera sido mi hijo el asesino. Eso, quizás, no lo hubiera podido sobrellevar”.

 

Desde entonces siento una tremenda compasión por esos padres de bien, que inculcando a sus hijos los mejores valores, se ven de pronto en medio de la incomprensión generalizada, señalados por los vecinos, agobiados por la prensa y cargando, como Herr Lubitz, con toda la responsabilidad del drama. Y me pregunto cuál de esos dos insoportables dolores que sienten van a ser capaces de curar primero.

 

Comentarios

Yol 03/04/2015 22:00 #3
No soy madre y no sé si puedo imaginar la desesperación de unos padres por comprender qué lleva a un hijo a quitarse la vida. Pero entender por qué decide el destino de tantas vidas .... Sólo lo explica una mente enferma y de eso no pueden ser responsables. Muy triste.
Cristina 03/04/2015 20:30 #2
Me identifico totalmentetotalmente con tus pensamientos, dolor insoportable perder a un hijo,dolor infrahumano la maldita locura del hijo suicida y asesino.
Rivera 03/04/2015 09:29 #1
Los padres no son los culpables de lo que hagan los hijos, o si.... Quien sabe si ha sido un transtorno evitable o no en ese periódo donde dicen que se forma nuestra personalidad LA ADOLESCENCIA. En cualquier caso el dolor de unos padres "normales" debe de ser inimaginable

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