Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

¡Feliz y merecida Navidad!

Navidad detail

Cuando el rey Alfonso XIII concedió a Miguel de Unamuno La Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, el escritor comentó: “Me honra, Majestad, recibir esta cruz que tanto merezco”. Sorprendido, el monarca le dijo: “En general, ya sea por modestia, la mayoría de los galardonados aseguraron que no la merecían”, a lo que Unamuno replicó: “Y tenían razón”.

Mis delíricas se ríen mucho cuando escuchan a alguien decir: “yo no me merezco esto”, porque casi siempre piensan: ¡si lo merecen, es más, lo estaban pidiendo a gritos! . Otra cosa es lo que sí merecemos: merecemos que nos toque la lotería, tener un buen trabajo, salud y mucho tiempo libre. Todos nos merecemos cosas buenas porque nos tenemos en muy alta estima. “Siempre me sorprende estar en el grupo de los guays –se ríe Julia. Si hago corrillo con los de contabilidad, ahí están los que mas trabajan, los más comprometidos, los mejores compañeros…, no como los de producción. Pero si estás con los de producción son ellos los mejores y no los de contabilidad. ¡Es sorprendente lo que nos queremos!”.

 

El español es muy dado a compartir las penas. Por lo general somos empáticos, afectuosos y afables con los que están peor que nosotros. Compartir las alegrías del vecino nos cuesta algo más, por mucho que salgamos con una copa de cava celebrando una lotería que no nos ha tocado. “Siempre toca al más tonto”, oigo que comenta un señor a su mujer.

 

Decía mi padre que la vida es una rueda llena de sorpresas y que todos pensamos que puede pararse en lo bueno, pero que si se para en lo doloroso nos desconcierta. Podemos creer que nos tocará un buen premio,  pero no que nos diagnosticarán una grave enfermedad. Y lo curioso es que  es mucho más difícil lo primero que lo segundo, estadísticamente hablando.

 

Cuando el toro de la desgracia nos enviste lo primero que pensamos es ¿por qué a mí?; pero si el hada madrina nos convierte en princesas es porque lo merecemos.

 

En estas consideraciones estábamos el otro día, después de intercambiar nuestros números de lotería y comprobar, un año más, que la suerte había pasado de largo. “Es el día de la salud, ironizábamos con el café”, pero sobre todo es el día de pensar en lo que tenemos, porque la felicidad, dice el budismo, no consiste en tener lo que uno quiere sino en querer lo que uno tiene. Tengo dos hijos sanos y maravillosos –apostilla Olga-, un marido que me adora, trabajo, salud, amigas como vosotras… ¿no sería un abuso que encima me tocara la lotería?”. “Entonces, le pregunta Ana, ¿no te lo mereces?”. “Creo que no, que lo que me merezco es que esta tostada con mermelada no me engorde, ni el cordero de la nochebuena, ni los motivos navideños. Si hubiera un genio en esta lámpara, pediría ese deseo”. Todas nos echamos a reír.

 

En la televisión de la cafetería pasaban las imágenes de los líderes políticos y nosotras los mirábamos como vemos  pasar los trenes. Hay mucho que hablar de política y de lo que no nos merecemos, pero ponernos de acuerdo es imposible y las últimas elecciones así lo han demostrado. Estamos en navidad y lo que no nos merecemos, de verdad, es que estos “sinsustancia” nos desvanezcan nuestro espíritu navideño.

 

“Hace tiempo que abandoné la lucha de cambiar el mundo y comencé la mía personal, que el mundo no me cambiara –nos guiña un ojo Marta-, creo que lo estoy consiguiendo, pero cuesta ¿eh?”. Sobreponerse al bombardeo mediático es un esfuerzo titánico, y mirar lo que nos rodea con los ojos de un niño es casi un milagro, pero nosotras creemos en los milagros  que surgen del afecto y lo comprobamos cada día. Y todo lo aderezamos con risas.

 

La risa es un paraguas que te cobija del mayor de los aguaceros. El camarero no tiene buen día, pero nosotras sí y le vamos a devolver su mal humor con una palabra amable, porque creemos que hay que parar la rueda de las insensateces poniendo el alma. Ahora y cuando abramos el último regalo de reyes. Es la ley de la santería: devolver bien por mal para que no se contagie toda la humanidad.

 

Ana ha comprado varias participaciones de “el niño” a una asociación juvenil. Coge uno y lo deja junto a la cuenta. Nos levantamos y repartimos los últimos besos, los que nos merecemos porque estamos juntas, nos respetamos y nos queremos de verdad. El camarero nos mira de reojo. Está deseando perdernos de vista porque le hemos vuelto loco con los cafés o porque tiene una vida con pocas risas, que ya es un drama. Seguro que lleva tiempo pensando que él no se merece ésto: cinco mujeres con cinco gustos diferentes, con infinidad de dudas y con mucho desparpajo que la han hecho dar infinidad de paseos. Seguramente tenga razón.

 

Al pasar por el amplio ventanal de la cafetería vemos al camarero recoger la propina. Nos mira y le sonreímos. Ahora también sonríe. Eso, parece pensar, sí me lo merezco y, por supuesto, que toque. Somos así! ¡Feliz y merecida Navidad!

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