Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

El Charrán como símbolo de regeneración

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Vivimos en la era de los símbolos. El marketing  se esfuerza en representar ideas en objetos para llegar directamente a las emociones del consumidor. En política se busca un símbolo con nombre propio para elevar su marca o defenestrar al adversario. Ha llegado la hora de la regeneración aparente y no es lo mismo un charrán que una gaviota. El PP quiere volar más alto de lo que lo hacen los láridos.

 

Rilke, uno de mis poetas de cabecera, decía que "para escribir un solo verso hay que haber visto muchas ciudades, hombres y cosas; hay que conocer los animales, sentir cómo vuelan los pájaros y saber qué movimiento hacen las florecillas al abrirse por las mañanas." Dudo mucho que los que se decidieron por una rosa o por un ave como símbolo de los dos grandes partidos en España lo hicieran inspirados en el autor checo. No les concedo tanta sensibilidad.

 

Elegir un símbolo que identifique una idea no es tarea fácil, pero algunos lo han conseguido engañando a la propia historia. La esvastica, originaria del budismo,  nos lleva siempre  al nazismo  por mucho que naciera como representación del dios Vishnu, merced al talento propagandístico de Goebbels.

 

“Hace mucho que no veo la rosa y el puño en los carteles del PSOE” me decía Ana, socialista comprometida desde los tiempos universitarios, en una de nuestras tertulias. “Han ido eliminando la palabra obrero, socialista e incluso partido. Ahora es socialistas, sin más, para que no haya malentendidos”.  “Los tiempos cambian, pero al menos han mantenido en la “i” una especie de rosa desestructurada, como la cocina de Ferrán Adrià. No todo está perdido, compañera”, le contestaba divertida Cristina.

 

Si la rosa y el puño movilizaron masas y ahora los socialistas no tienen tanta capacidad de convocatoria,  habría que reflexionar si uno va perdiendo con los símbolos los valores,  o es que los valores solo eran símbolos. Porque el mérito de aquel puño con la rosa, inequívoco y directo, está ya en la historia reciente de España.

 

Lo del PP es más inquietante todavía. Su incapacidad para comunicar, puesta de manifiesto desde su fundación, se ha mostrado en toda su inmensidad ahora, cuando hemos descubierto que la gaviota no era tal, que era un charrán. Y es que la gaviota es una ave carroñera que vuela bajo y va comiendo basura, mientras el charrán es una golondrina marina que vuela alto y se sumerge valientemente en el agua para pescar. Gran diferencia simbólica que muchos nunca habían analizado y que hoy es tema de chascarrillo castizo.

 

Alguna mente pensante habrá visto ahora la oportunidad de reivindicar esas alas bajo las que se resguardan sus siglas, cual paraguas salvador: puntualizar en tiempo de elecciones y contraatacar a los adversarios que han puesto gran empeño en que los símbolos del partido del gobierno tengan los nombres propios de Bárcenas o Rato.

 

A la vista de los comentarios que he escuchado, me temo que una vez más los gurús de la comunicación popular no son buenos en el conocimiento de la idiosincrasia ibérica. Aún así, el  jolgorio ante el equívoco es anecdótico frente a lo que subyace en el fondo: ¿qué valores representa un símbolo desdibujado?

 

Tal vez todo se iguale si somos partidarios de la corriente que apuesta porque la verdadera crisis de nuestro tiempo no es  económica, sino de valores . Las grandes ideologías nos han decepcionado, pero no se han encontrado otras capaces de ilusionarnos. Nuestra apreciación de las cosas que nos hacían felices cambió un día y después descubrimos que no eran tan valiosas. Aún así, todavía no hemos decidido si nos conviene más elegir lo lícito o lo ético.

 

 

Vivimos en un mundo de signos y símbolos capaces de evidenciarnos algo que no puede comunicarse por medio del intelecto, por eso son tan efectivos. Si el  bipartidismo enmaraña sus señas de identidad, las oculta o las acicala nos confunde y se confunde. Santiago, el pastor de El Alquimista, se dio cuenta mirando a sus ovejas de que  existe un lenguaje que va mucho más allá de las palabras,  y que si aprendía a descifrar ese lenguaje conseguiría descifrar el mundo. Nuestros políticos deberían leer a Paulo Coelho o, mejor aún,  fijarse más en las ovejas, que enseñan más que los libros.

Comentarios

José Enrique Centén Martín 09/06/2015 07:33 #5
Los láridos y el PP....http://www.vitrubio03.es/?p=5279
María B. 11/05/2015 18:36 #3
"Cuando un persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño". Ojalá que el Universo conspire para que los partidos nos devuelvan la ilusión. Que el símbolo que de este país algún dia sea una dos puntitos y un paréntesis: : )
Marta 10/05/2015 00:51 #2
La gaviota debe estar con la rosa en el pico ... Buena reflexión Esther
ribera 08/05/2015 12:03 #1
La realidad es que los partidos políticos han olvidado a los ciudadanos y les da igual la rosa, la hoz o el charrán. Pongan lo que pongan sabemos lo que son.

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