Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

All that jazz: empieza el espectáculo

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Este año, pese a todo lo que leo, no tengo sensación de estar en año electoral. Tampoco, es verdad, asumo que la navidad está a la vuelta de la esquina. Ignoro lo que sentirá la gran mayoría de españoles. Creo que vivir las elecciones griegas, venezolanas, catalanas o argentinas nos ha saturado. El espectáculo, como todos los que se repiten, produce hartazgo y desidia, como el turrón cuando va llegando reyes.

“No se lo que voy a votar”, contesta una compañera cuando se pone sobre la mesa el arranque de campaña. A estas alturas del partido ocurre que una gran mayoría de la gente que me rodea no tiene claro el voto y, si me apuran, no tiene claro si quiera si va a votar. Contrasta esta realidad con lo que cuentan los medios, empeñados en meternos a todos en unas elecciones históricas en las que nos jugamos los garbanzos.

 

“¿Qué encuesta es la buena?”, pregunta Inés cotejando distintos diarios. La célebre frase de que hay mentiras grandes, mentiras y estadísticas me viene a la cabeza. Estos días he leído que algunos periódicos nacionales han decidido variar los resultados de sus encuestas para presentar unos resultados favorables a Ciudadanos, y  que han sido  los mismos trabajadores quienes  han contado lo que allí se cuece. Tampoco me fío yo de lo que digan. Hemos llegado a un punto en el que en todo lo que se dice subyace un interés al servicio de una verdad y no viceversa.

 

Dice el CIS que hay que pactar para gobernar. Lo más fácil sería un pacto C’sy PP, porque juntos sumarían mayoría. Pero Albert Rivera no ha dejado nada claro si apoyaría esta opción o estaría en la de “todos contra el PP”. El próximo gobierno del país podría, pues, ser un galimatías de partidos varios, al estilo de algunos municipios y comunidades cuyas actuaciones pueden consultarse en las hemerotecas.

 

En Portugal se han unido tres grupos políticos para evitar que gobierne la lista mas votada y antes de echar a andar ya están parando los máquinas. Veremos como acaba la cosa. En Argentina lo tienen más fácil porque van a ganador en segunda vuelta, mientras Cataluña - ¡qué vamos a hablar ya de Cataluña!- sigue debatiéndose en un ejercicio de unir imposibles y Grecia (¿qué pasa con Grecia que ya nadie habla de ello?) volvió a paralizarse  con la segunda huelga general contra Tsipras.

 

Jeb Bush plantea que el mundo entero está pendiente de las elecciones de Venezuela, pero yo pregunto y no parece que tenga razón. “No estoy muy puesta en eso”, me contesta Olga.

 

Dice el CIS que el PSOE se hunde en Madrid y desaparece en cuatro provincias. Ana lo tiene claro: “Su afán por sacar al PP de las instituciones le ha hecho aupar a estos partidos emergentes que están dando espectáculos cuanto menos mejorables. El ala moderada del centro izquierda está espeluznada y los más radicales votan a los otros partidos antes que a ellos”. “¿Y los moderados a quién están votando, a Ciudadanos?”, pregunta Inés. Nos miramos. Ciudadanos sigue siendo una incógnita para todos. “Puede que algunos se vayan con Rivera, pero otros muchos votantes del PP, cansados de los tejemanejes de este partido pero temerosos de que lo que venga sea peor, ya no tienen tan claro cambiarlos por ciudadanos”, apunta Marta.

 

Nadie sabe nada. Puede ser una cosa y la contraria y, además, podemos hacer lo que queramos porque nuestro voto  no va a hacernos sentir responsables de lo que ocurra después, sobre todo si es peor de lo que teníamos. Mis delíricas y yo, ya lo he dicho en alguna ocasión, somos unas escépticas. Hace mucho que nos arrogamos a una excelente frase de Nietzsche  que definía a los políticos como esos seres que dividen la humanidad en dos clases: los instrumentos y los enemigos, y optamos por ser de los últimos.

 

Es cierto que cuando veo las mamarrachadas del alcalde de Cartagena pienso en el PSOE, pilar indiscutible para que esos hechos ocurran y concurran. Pero cuando veo las “espantás” del PP dirijo mi mirada al infinito. Ya no se si quedarme con el refrán de: “otro vendrá que bueno te hará” o con el de: “el que tiene una alta meta suele cambiar de chaqueta”. Los enemigos de mis enemigos no siempre son mis amigos.

 

Noto el ambiente frío, pese a estar en Málaga  y haber asistido al prendido de mecha electoral a manos de Rajoy y Susana Díaz la noche pasada. Sus miradas ya advertían de que nos preparáramos para recibir toda la artillería en las próximas dos semanas.  Andalucía aporta 61 escaños y es una comunidad clave, por eso la han elegido para empezar a afilar los cuchillos. La presidenta andaluza insta al presidente del gobierno a que aclare lo que ha hecho en cuatro años y dice un amigo gaditano que no estaría de más que explicara ella lo que el PSOE ha hecho en Andalucía en más de tres décadas o, para no tener que tirar de archivos, lo que ha hecho en el último año.

 

Málaga está preciosa, es un hervidero cultural y amable donde vivir y amar. El Paseo de la Marina te acoge para una meditación o una declaración de intenciones, siempre con el mar a favor. La gente disfruta del clima y de una idiosincrasia que no concurre en comicios desgastados. La gente vive de espaldas a la manipulación.

 

No se lo que es rascar la luna del coche desde que estoy aquí, ni lo que va a pasar el 20-D. Este clima hospitalario sólo hace muecas cuando se habla de política y un latigazo de frío recorre la calle Larios hasta la catedral. Pero dura un instante y vuelve la alegría.

 

Decía Peter Alexander Ustinov que para llegar a la verdad, el alemán suma, el francés resta y el inglés cambia de tema. Es por eso que me inclino por lo británico y animo a mis delíricas a entrar en el Thyssen y visitar la exposición de carteles de artista. Hay una botella de vodka de Warhol y un gato de Toulouse Lautrec, aquél noble bohemio y de escasa galanura que al ser preguntado por un colega sobre qué les daba a las mujeres tan bellas que siempre le rodeaban, contestó con absoluta sinceridad: “¿Aparte de asco? Dinero”. Y como buen francés, siguió restando en alguno de los cabarets de la época.

Comentarios

María B. 08/12/2015 20:36 #1
En las misma que tus delíricas hay mucha gente.No sabiendo a quien votar y ,lo que es peor, dudando si lo que votemos va a servir para algo. Frustada, cansada y engañada me siento yo cuando voto a un partido que pacta con quien, a mi modo de ver, no debería. Que se anden con mucho ojo, no sea que acaben con las pocas ilusiones y esperanzas que nos quedan a los españolitos de a pie y las próximas elecciones sean un fracaso de participación.

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