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De todo un poco…

Vidal Holgado

Que cada uno ponga a su hijo el nombre que quiera, pero

Hemos soportado esta semana la matraca que nos han dado los medios con el asunto del matrimonio que a su hijo quieren poner de nombre Lobo, debe ser un recurso empleado para librarnos un poco del hastío que nos produce la información política, porque en realidad, como noticia es una filfa, pues anda que no hay nombres registrados, admitidos sin objeciones, hasta bendecidos y que le pegan cien vueltas al cuestionado, aun así, no deja de tener su importancia que unos padres le pongan a su hijo el nombre de una alimaña. Estos padres deberían haber consultado el diccionario antes de tomar tal decisión, pero en fin, si lo han hecho y aun así se empeñan pues que con su pan se lo coman, ya se lo agradecerá su hijo cuando tenga uso de razón.

 

Argumentos a favor y en contra, todos los que queramos, pero que la funcionaria no admitiera el nombre me parece bastante razonable, no el argumento empleado, evidentemente poco convincente, personas con nombre de animal hay muchas, pero hay animales y animales y debería haber añadido algún calificativo al argumento, hubiera servido de poco, pero aun así, yo estoy de su parte.

 

Porque vamos a ver, supongamos que a un nombre bastante común, le repetimos una letra y suprimimos la siguiente, automáticamente lo convertimos en un nombre de animal, si en ese que una diputada le dedicó a José María Aznar en repetidas ocasiones en el Congreso, por lo que fue severamente amonestada por el Sr. Presidente de la Cámara que la amenazó con retirarla la palabra, si continuaba en su actitud, y no la valió que se justificara diciendo que se refería al término de converso y no a la joya de la corona en cuanto a suministrador de chacinería, charcutería y hasta de andares, es lo que tenemos lo humanos, que metemos la pata, luego queremos sacarla y acabamos metiéndola hasta el corvejón, así que a su señoría Enedina la tacharon además de mal educada de xenófoba, acabándolo de arreglar. En este caso el nombre de la afectada tampoco tiene desperdicio, y lo digo para bien, que pena que nombres con solera y raigambre se estén sustituyendo por aguas chirles del tipo de Jennifer o Samanta, o peor, por Loba, anda que existe comparación, y no me den argumentos que no me van a convencer.

 

Volviendo al antes aludido, aunque no reflejado, nombrecito, se imaginan como hubiera tratado la vida a los afectados, estarán conmigo en que de todas todas peor, anda que con ese nombre iba alguien a llegar a Presidente del Gobierno, vamos, ni tan siquiera a registrador de la propiedad, y me apostaría lo que fuera.

 

Bien por la funcionaria, que al menos ha intentado evitar el desaguisado, aunque me temo que no lo va a conseguir, reconforta comprobar que todavía quedan funcionarios como los de antes, cuando se podía, que ahora lo llevan crudo, eso me recuerda a aquel buen funcionario que cuando el padre se presentó a registrar el nacimiento de su hija se produjo el siguiente dialogo:

 

-¿Que nombre ha elegido para su hija?
-Adefesia Tolondra.
-¿Cómo ha dicho Vd.?, ¿Nemesia Leandra?
-No señor, Adefesia Tolondra.

 

Y el funcionario escribió María Luisa y despidió al interfecto con un vaya Vd. con Dios, buen hombre, mientras pensaba, antes de que llame a la Guardia Civil.

 

No sé si María Luisa se enteró algún día de la que se libró.

 

También ha existido siempre el funcionario pasota, que ha llegado al convencimiento de que no se va a complicar la vida ni para evitar un incendio y que, pasado el tiempo, su actitud podía dar lugar a situaciones como la que se dio cuando entrevistaron a uno de los tropecientos mil aspirantes a una plaza de jardinero, temporal y a tiempo parcial, ofertada por el ayuntamiento

 

-A ver, en su solicitud figura que su nombre es Pepepedro, ¿será José Pedro?.
-No señor, Pepepedro.
-¡Ah! ya, se llama Vd. Pedro y es tartamudo.
-No señor, el tartamudo era mi padre y el del registro un hijo puta.

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