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De todo un poco…

Vidal Holgado

Pitos, himnos, banderas y pactos

Cuando alguien prepara un viaje al extranjero, a países de dudosas condiciones sanitarias, se pasa por Sanidad y pregunta las medidas preventivas a tomar, documentos de atención, vacunas, consejos sobre cómo actuar con relación a higiene, alimentación, etc., en el país de destino. También debería ser obligatorio un cursillo de al menos unas horas sobre las leyes y el funcionamiento de la justicia en el país a visitar, sería tan útil como las medidas dirigidas a las precauciones sanitarias. Viene esto a cuento de que recuerdo que hace algunos años a unos jóvenes estudiantes españoles se les ocurrió hacer alguna broma relacionada con la bandera en un país del este, creo que de los surgidos de alguna de las antiguas repúblicas socialistas soviéticas, y casi acaban en un gulag, fue necesario un despliegue diplomático a nivel de Ministro de Exteriores para rescatarles, y tuvieron suerte, porque si llegan a hacerlo en algún país de los que todos sabemos no hubiera habido tiempo para el rescate porque en cuestión de horas es probable que les hubieran separado la cabeza del cuerpo con un cuchillo de monte o similar, así que nos hubiéramos dado con un canto en los dientes si hubiéramos sido capaces de repatriar los cadáveres. Todo aquel que haya sufrido una experiencia semejante y tenga dos dedos de frente, seguro que no estaba pitando el otro día en Barcelona, con sustos así se aprende a respetar las creencias de los demás y se madura a marcha forzada, se ve que hay gente de poco aguante, hay que ver como se ponen por gastarles una bromita de nada al trapito.
Alguien habrá pensado “que barbaridad”, este es capaz de pedir la pena de muerte para los pitantes, de pitar; o debería decir pirantes, mejor no, no sea que alguien se lo tome a mal, aunque bien pensado, y en vista de la falta de educación y respeto hacia los que no piensan como ellos quizá sí; o hacer una masacre en el estadio, pero no, ni siquiera voy a decir lo que este país necesita, como la canción, lo que pasa es que entre rebanarle a uno el gaznate y dejarle que se vaya de rositas con el aplauso de sus correligionarios diciéndole lo valiente y lo guapo que es, que me temo es lo que va a suceder, se pueden tomar muchas medidas intermedias, por ejemplo la francesa, se suspende el partido y a tomar viento fresco, o aplicar la ley, o las dos.


Por mucho menos que la falta de respeto al himno me metieron 500 euros y seis puntos, y por poco no me llevan al juez, total por que se me fue el pie por despiste en una vía entre urbana e interurbana, por la mala uva del que fijó el límite y donde puso la señal y por la de los policías del radar al elegir el sitio donde se colocan, a lo peor también por una ley injusta, porque me la aplicaron a mí, de esas que Colau dice que no hay que cumplir, si me dolería que ya hace tres años y todavía no se me ha olvidado, así que me pregunto que me podría pasar si un día me da por soltarle una lindeza a algún símbolo, representante o autoridad del Reino, porque seguro que a Vd. amigo lector y a mí nos aplican la ley vigente sin contemplaciones y si alegamos libertad de expresión en nuestra defensa, según la moda, lo más probable es que no nos sirva de nada, nos responderían que libertad de expresión es alabar o criticar con respeto al vecino y no llamarle hijo de su madre, así que me voy al Código Penal y en el artículo 543 se fija una pena de multa de entre siete y doce meses para este delito, me surge la duda de qué significa multa de tiempo, ¿quiere decir que si me meten siete meses me tengo que morir siete meses antes?, me documento un poco más y me entero que la multa se fija a criterio del juez en una cantidad de entre 2 y 400 euros por día, en función de cómo estime que andas de peculio, así que digo yo que si el juez, asistido por un buen equipo, coge los videos del partido y sin prisa, pero sin pausa, durante el tiempo disponible hasta la prescripción, va identificando , en la medida de lo posible, uno a uno a todo el que salga retratado con un pito en la boca, les va procesando y en vista de la prueba, cuando proceda, les va condenando a 9 meses de multa a razón de 100 euros diarios, que está muy por debajo de la media fijada en el código, para que no se diga, y además dándoles facilidades para pagar a plazos, que tampoco se diga, sí, ya sé que la idea es bastante peregrina, pero si se aplicara más de uno se iba a arrepentir del día en que en vez de soplar no se tragó el pito.


En pocas ocasiones los resultados de unas elecciones han generado tanto material para alimentar las crónicas políticas como ahora, anda que no tienen que estar pasando cosas y de la mayoría de ellas sin enterarnos, han sacrificado la prometida transparencia y sus anunciadas líneas de actuación sin esperar un solo día y nos lo justificarán diciendo que lo hacen en aras de beneficiar la buena marcha y el resultado de las negociaciones, más vale que esa sea la razón y no evitarse pitadas y abucheos. Tenemos el país convertido en un inmenso campo de competición de un juego de rol donde los participantes lo que buscan es ganar poder y de cuyo resultado depende nuestro bienestar, seamos optimistas y pensemos que el día 13, cuando nos confirmen los resultados de la negociación, no nos vamos a llevar demasiados desengaños, aunque en este país, donde cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre, lo que para unos puede ser un disgusto tremebundo, para otros puede ser motivo de una gran alegría.


En Ávila se da una situación que no se si al principio de esta democracia, allá por los años 80, se daría alguna parecida, aunque así fuera hace tanto tiempo que ya no nos acordamos, veremos a ver si a quien encabeza la segunda lista más votada le puede más su ambición y aprovechar la oportunidad que se le presenta que pensar en los disgustos y malos ratos que le pueda proporcionar presidir un gobierno municipal con las características del que quedaría, o dictámenes venidos de instancias superiores, por aquello del intercambio de cromos, en todo caso el clima generado es lo suficientemente emocionante como para que los bares se llenaran de porras donde los parroquianos hicieran sus apuestas.

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