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De todo un poco…

Vidal Holgado

De San Fermín a san violín

Este año las fiestas de Pamplona más que de San Fermín parecen de san violín, pero no del violín hermano pequeño de la viola instrumentos de arco y cuerdas, sino de la viola del verbo violar. Es una pena que las noticias de los abusos sexuales cometidos durante las fiestas hayan incluso eclipsado las referentes a los avatares de los encierros, vamos es que ni se han oído las protestas de los antitaurinos, claro que también la muerte de Víctor Barrio a los más recalcitrantes, vamos a llamarlos así, les ha mantenido ocupados, que hay que ver las barbaridades que algunos energúmenos han soltado en las redes, y digo energúmenos porque se puede ser antitaurino y defender a ultranza una idea, pero hay ciertos límites que si se sobrepasan hacen dudar de que quien así procede pertenezca al género humano, que, como sabemos, tampoco es que tenga mucho de angelical.

 

Volviendo a san violín, parece como si este año las agresiones hubieran aumentado, cuando es seguro que esto sucede desde mucho antes de que convirtieran a los grises en maderos, lo digo para aquellos que dicen que con D. Francisco estas cosas no pasaban, aunque seguro que allá por el siglo XV, en los orígenes de la fiesta, los protagonistas de semejantes acciones podían acabar en la hoguera, aunque no se sabe bien si el agresor, la agredida o ambos.

 

Con toda probabilidad es cierto, como dicen personas autorizadas, que no es que ahora haya más agresiones, sino que se denuncia más, hay que ser valiente para que además del sufrimiento soportado por la violación, denunciarla, con todo lo que eso supone, todo el apoyo y reconocimiento a las mujeres que deciden denunciar, y digo mujeres porque son las victimas mayoritariamente de abusos sexuales, pero el mismo reconocimiento en el caso de que la víctima denunciante sea hombre, además se ha comprobado la eficacia y rapidez de las actuaciones policiales y judiciales, mal está que con estas cosas se pueda pensar que Pamplona se asemeja a Sodoma y Gomorra y afecte a su buen nombre, que quien sabe, puede que lo que pierda en reputación lo gane en visitantes, y no me digan que no, no voy a explicar por qué, pero está claro que el morbo desgraciadamente vende, al menos que nadie se piense que puede pasar una semanita de juerga y borrachera en una ciudad sin ley, bien por la policía y jueces, por su eficacia y sobre todo por la rapidez, al día siguiente los autores en la cárcel, como debe ser, estamos más acostumbrados a ver que en el caso de la justicia esta no suele tener la rapidez como virtud y una justicia lenta pierde bastante de justa.

 

Otra cuestión es la de las denuncias falsas, y este año en San Fermín ya se ha demostrado que una lo era, en mi opinión, el autor o autora de una falsa denuncia debería hacerse acreedor a la misma pena que le correspondería a un autor del delito denunciado, así los falsos denunciantes se lo pensarían dos veces, que no solo hacen un daño terrible al denunciado falsamente, que ya ha habido alguno que ha pasado la noche en los calabozos, sino que perjudican gravemente al sistema y las víctimas verdaderas.

 

Otra novedad de estas fiestas ha sido la denuncia interpuesta por una víctima masculina que ha despertado y comprobado que tenía un felador haciéndole un trabajito, me imagino el susto que se llevaría, solo le hubiese faltado tener un sueño erótico y sufrir semejante despertar, ahora necesitará años de psicólogo y ya veremos si supera el trauma, otra cosa distinta hubiese sido si el succionado en lugar de los de “a pelo” hubiese sido de los de “a pluma”, ambidiestro o polifacético, o que el succionador hubiese sido succionadora, porque entonces puede que el asunto en lugar de en denuncia hubiese acabado en romance. Que lastima que el cotarro acabara en denuncia, hubiera sido mejor como el caso de aquel que contaba que fue a comprar a una gran superficie y a la hora de marcharse, en el aparcamiento se le metió en el coche una mocita de buen ver y le hizo algo más que unas carantoñas, con lo que se fue a casa tan ufano pensando en lo guapo y ligón que era, hasta que al bajarse del coche y abrir el maletero comprobó que la compra había desaparecido, su gozo en un pozo, pero es que resulta que cuando volvió a comprar al mismo sitio se repitió el suceso, solo que esta vez al abrir el maletero pudo comprobar lo que ya sospechaba, ante la repetición de la faena deliberó consigo mismo sobre la conveniencia de poner la correspondiente denuncia pero al final llegó a la conclusión de que no merecía la pena, así que decidió aguantar que le robaran todos los martes, todos los jueves y los sábados dos veces, y así lleva un par de meses.

 

Verán Vds., si he decidido poner un poco de humor no es por falta de respeto, sé que el tema es muy serio y habrá quien piense que no debería bromearse sobre ciertas cosas, que me disculpe quien así opine, pero es que con la semanita que hemos pasado, en que a la situación habitual se han añadido atentados y golpes de estado fallidos con muchas víctimas, a veces es necesario un poquito de humor para sobrellevar las tragedias sin volverse loco.

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