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De todo un poco…

Vidal Holgado

Campeones de Europa

No soy aficionado al futbol, así que confieso que no entiendo demasiado del tema, pero dada la importancia de un movimiento de masas semejante y el espacio que ocupa cotidianamente en los medios de comunicación, hay que estar desconectado del mundo para no enterarse, así que algo habremos aprendido, queriendo o sin querer.


Me alegro de que un equipo español haya conseguido la Copa de Europa, soy español y para mí eso ya es razón suficiente para alegrarme del triunfo, aunque he de confesar que muchas cosas del futbol profesional, me refiero al de gama alta, no me gustan. Para empezar, el futbol profesional tiene de deporte lo que Teresa Forcades y Lucía Caram de monjas piadosas, y que decir del uso que de él se hace para influir en la política y en los negocios, no creo que a nadie a estas alturas se le escape que casos de corrupción que soportamos se gestaron en los palcos de los estadios, que decir de las cifras que se manejar en cuanto a remuneración de entrenadores, jugadores, etc., en muchos casos resultan indecentes, si además le añadimos que el cumplimiento de los clubes con hacienda y la seguridad social no es precisamente de lo más ejemplar, el coctel es difícil de tragar.


A pesar de lo anteriormente dicho, el futbol profesional ha de tener, por fuerza, cosas buenas, levanta pasiones y hace a mucha gente feliz, solamente hay que fijarse en el número de aficionados y en los gestos de satisfacción de los seguidores del equipo ganador cuando celebran sus victorias, es cierto que tales celebraciones tienen algún inconveniente, como toda manifestación que se precie, producen molestias y a veces episodios más dañinos, normalmente protagonizados por algunos descerebrados o por vándalos antisistema que ya sabemos que se apuntan a todas con tal de armar gresca, inconvenientes hasta ahora soportables a poco que practiquemos la tolerancia y que se ven compensados por la alegría que se respira en el ambiente.


Lo que es triste es que en las calles de Barcelona y entre los seguidores que celebraban el triunfo de su equipo seguramente estaban la mayoría de los que unos días antes pitaron nuestro himno y a nuestro Rey, sin embargo, no vi a nadie pitando la celebración ni al FC Barcelona, y si los había poco se dejaron ver, su celebración mereció el respeto de todos, el mismo que ellos deberían haber mostrado anteriormente.


Hace unos días, nuestros monarcas visitaron Paris, y los franceses, con el trato que les dispensaron, nos dieron una buena lección, nos demostraron que además de ser un país que valora y respeta sus símbolos y creencias, también sabe hacerlo con los de los demás, eso es grandeza y lo contrario mezquindad, más nos valía seguir su ejemplo, mejoraría nuestro bienestar y haría más soportable la convivencia en este país de caínes, dada la policromía que nos ha dejado el resultado de las últimas elecciones en el tablero político a todos los niveles y lo que pueda resultar de las próximas, lo vamos a necesitar.

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