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De por aquí en esto

Patricia Melero

Nieva ¿y qué?

La información se centraliza en las ciudades, sobre todo en las más grandes, y nos olvidamos de las realidades de 20 kilómetros mas allá, aunque vivamos en una tierra aún eminentemente rural.

Entre las aguas turbulentas de la economía, la fuerte marejada de la situación política y los vientos huracanados de la corrupción y la 'manguela' nos tienen achicharrados los informativos y la prensa. Cada día se agradece más cualquier información sobre el devenir cotidiano, que nos cuente lo que pasa a pie de calle o nos recuerde que, a pesar de la tormenta, la vida sigue como puede y como siempre.

 

Eso es una cosa, otra es que nos traten como infantes, como ignorantes indocumentados o, lo que es peor, desmemoriados. 20 de enero, San Sebastián 'Corito', y la noticia del día es que nieva. ¿De verdad? ¿¿De verdad el hecho de que nieve cumple con los criterios de novedad, relevancia, prominencia, interés y magnitud que deben definir una noticia (según explicaban los manuales de periodismo en tiempos, porque últimamente nunca se sabe)

 

Hombre, si el día del santo más friolero (con permiso de San Antón) estuviéramos a 20 grados, se entiende, pero que una nevada en enero ocupe 15 minutos de informativos no es de recibo, por mucho que los urbanitas no tengamos ni idea de cómo proceder en cuanto caen cuatro copos.

 

Y lo peor no es que en las capitales hayamos olvidado lo que supone una nevada, lo peor es que nos vamos a las sierras y montañas a alardear de nuestra ignorancia con los pobres lugareños que han de armarse de paciencia y de humor cada vez que ven arrimarse al reportero de turno, alcachofa en ristre, preguntando cómo se las arreglan bajo la nieve.

 

-"Como siempre, hijo, como siempre. Con la despensa prevenida, la matanza a punto, el hogar encendido y reservas de leña y conservas que ya nos hemos encargado de preparar en otoño, porque nieva, en invierno nieva, majo mío. ¡Y esto no es nada comparado cuando yo era niño y había que abrir casi túneles para llegar a la escuela!"  

 

La información se centraliza en las ciudades, sobre todo en las más grandes, y nos olvidamos de las realidades de 20 kilómetros mas allá, aunque vivamos en una tierra aún eminentemente rural. No hay más playa que la Malvarrosa en verano (que es la de Madrid) ni nevadas como las de Navacerrada.

 

Y los vecinos de Guardo o de Aguilar se ríen de nosotros viéndonos hacer el ridículo tras las primeras precipitaciones heladas, cuando aún se puede subir a preguntar a algun abuelo de Barruelo o de Areños por su supervivencia invernal, mientras se lamentan porque tienen otros problemas más graves. Si un niño se pone enfermo allí, no tiene un pediatra cerca y entonces sí, como le dé por nevar, se complica la cosa.

 

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