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De por aquí en esto

Patricia Melero

La víspera de los Santos

Estos días, apocalípticos e integrados nos peleamos en pos de las genuinas costumbres locales o de la también genuina tradición, pero reeditada por la factoría americana de sueños. Los muertos anglosajones tienen más pegada disfradados de monstruos y de fiesta, que nuestros difuntos de toda la vida, que son santos y se veneran con respeto

"¡Cuán gritan esos malditos,

pero mal rayo les parta

si en acabando esta carta

no pagan caros sus gritos!"

 

Hasta hace unos pocos años, cualquier lector de por aquí en esto reconocía en estas líneas los primeros versos de Don Juan Tenorio. Estas palabras tal vez hoy sirvieran también de respuesta a la consigna juvenil de esa golosa extorsión del "truco o trato" que acabamos de importar del mercado anglosajón de saraos varios.

 

Estos días, apocalípticos e integrados nos peleamos en pos de las genuinas costumbres locales o de la también genuina tradición, pero reeditada por la factoría americana de sueños. Los muertos anglosajones tienen más pegada disfradados de monstruos y de fiesta, que nuestros difuntos de toda la vida, que son santos y se veneran con respeto.

 

La fiesta celta del inicio del año, pasó a asimilarse a la de todos los santos. Con la llegada del cristianismo, All Hallows, más bien su víspera All Hallows Eve, acabó convertida en el tan traído y llevado Halloween.

 

El origen, el significado y hasta alguno de los ritos de la fiesta son los mismo aquí y allí: las fiestas paganas, reconvertidas al culto cristiano, y el recuerdo de los fieles difuntos, aliñadas con celebraciones de diversa índole.

 

Los magostos han sido las fiestas paganas de otoño en gran parte de nuestra geografía. Hay referencias sobre luminarias hechas de calabazas y de nabos para alumbrar la noche de ánimas hasta mediados del siglo pasado y en muchos lugares se conserva la tradición de cantar y de pedir de puerta en puerta una aportación -monetaria o en especie- para las almas en pena del purgartorio la misma noche de difuntos.

 

Todas esas tradiciones se fueron perdiendo con el éxodo rural y unos años después han ido regresando, disfradas de cotillón, por otras vías y cantadas en inglés.

 

En ese intervalo de tiempo, el indiscutible protagonista de la víspera de los Santos fue Don Juan Tenorio. La temática y la moraleja del drama de Zorrilla resultaban pintiparados para adoctrinar a las masas en los valores y la moral de la époa. En la memora de todos, el Estudio 1 de RTVE con Paco Rabal encarnando al aguerrido burlador de Sevilla y una maquilladísima y arrebatada Concha Velasco, más cercana al éxtasis de su Santa Teresa posterior que a la candidez de una niña enamorada. Durante años, ellos fueron la imagen de una fiesta de dulces, cementerios y recato.

 

 

 

 

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