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De por aquí en esto

Patricia Melero

El final del verano

Los veraneantes retornan a la metrópoli con las pilas cargadas de campo y de paz, pero los que se quedan temen la llegada inevitable de otro invierno largo y oscuro en los pueblos que vuelven a quedarse vacíos y ayunos de actividad.

"El final del verano llegó y tu partirás..." cantaban languidamente los chicos del Dúo Dinámico lamentándose por la despedida de un amor estival y el adiós de las vacaciones allá por los años 60.

 

En estos días toca entonar esa especie de "pobre de mi" que nos pone de nuevo en la pista de la rutina y la vuelta al cole, pero el dolor, más que por el noviete que vuelve a su ciudad de origen, emana de los más de 800 euros que cada familia desembolsará por hijo para equiparlo para el nuevo curso y en los pueblos, además, porque tras las fiestas patronales, se volverá a poner el cartel de "cerrado por invierno".

 

Mi amiga Marta, terracampina de pro, tiene la teoría de que nuestros pueblos se convierten en una especie de "resort" todo incluído durante los meses de julio, agosto y parte de septiembre. Fiestas, actividades, meriendas, piscinas municipales y cervezas y coca colas a precios más que asequibles en el Tele Club.

 

No falta en ninguna población, por pequeña que sea, su semana cultural, su pancetada, su concierto de órgano y unas fiestas patronales que bailan en el calendario al acomodo de forasteros y veraneantes, que solo pasan por su pueblo un par de semanas al año.

 

Los de fuera retornan a la metrópolis con las pilas cargadas de campo y de paz, pero los que se quedan temen la llegada inevitable de otro invierno largo y oscuro en los pueblos que vuelven a quedarse vacíos y ayunos de actividad.

 

Los vecinos habituales de todos estos nuestros pueblitos buenos cantan ahora tan tristes como Manuel y Ramón hace cuatro décadas. Se acaba el verano y con él ver las calles de su municipio repletas de gente, las bicicletas a las puertas de cada casa, la música de los domingos y las abundantes actividades lúdico y culturales que se programan entreveradas durante los meses estivales. 

 

El otoño apacible ayuda a la despedida y a poner la cabeza en la vendimia próxima, la caza, la matanza, Navidad, el carnaval y pronto otra vez... la primavera.

 

 

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