Veronica original

De la tele a mi sofá

Verónica Fernández
La huelga que batió récord en los directos

Pon precio a tu vida

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Dicen que el dinero no da la felicidad, pero hay quien prefiere llorar en un Ferrari. Dicen que el dinero sigue sin serlo todo en la vida, pero ayuda a superar el complejo de su ausencia. Dicen que hay gente tan pobre en el mundo que lo único que tiene es dinero, y hay quien también dice que el dinero no es más que un trozo de papel o círculos, hechos de un material sin valor, por el que el ser humano es capaz de cualquier cosa. Hasta de vender su dignidad. ¿Y qué es para muchos la dignidad? Olvidarse de lo que en su día defendían con uñas y dientes. Para unos pocos, la medida de la libertad.

Soy de las que pienso que vale más un minuto de pie que una vida de rodillas. A pocos de los que en su día alardeaban de ser los más dignos de su linaje les importa a estas alturas estar constantemente haciendo genuflexiones para conseguir un buen puñado de euros, y muchos son los que sufren pérdida de memoria cuando se sientan en un plató de televisión para contar los trapos sucios de su familia.

 

Me enfada que la televisión se haya convertido en la gran máquina del dinero de esta década. Muchos nos preguntamos por qué fulanito y menganito son famosos, qué méritos han hecho para estar donde están y, lo peor de todo, por qué se les pagan millonadas por contar cosas tan intrascendentes para el mundo como que no ven a sus hijos desde hace semanas porque sus madres no se lo permiten o que se les rompieron las uñas cuando intentaban ligarse al machito de la manada. ¡Ah, se me olvidaba! Que son auténticas celebridades de comercializar con sus vidas.

 

Nunca pensé que diría que todo ser humano tenemos un precio. Seguro que Remedios Torres, la mamá de la Campanario, tampoco. Pero no hay nada como visualizarte como al resto de los mortales llamando a muchas puertas, entregando nuestro ingente o escasísimo currículum y escuchando una y otra vez: “Muchas gracias, pero ahora no necesitamos a nadie”. ¡Ah, no! Es mucho mejor y más fácil agachar la cabeza y correr como un avestruz a sentar nuestro culito en un sillón en el que nos van a sacar los colores en mil y una ocasiones. Pero qué más da. Lo importante aquí es la pasta.

 

Da lo mismo que pertenezcas a una de las familias más importantes del toreo, que seas la amiga entrañable del Rey, que seas el segundo o tercer plato para un tronista que busca el amor o una ‘choni’ que intenta con sus minifaldas y botas de plástico ligarse a la suegra. Aquí lo que importa es la fama y llenarse los bolsillos sin derramar ni una sola gota de sudor, aunque para ello haya que soltar alguna lagrimita de vez en cuando para dar a entender lo mal que lo estamos pasando.

 

Mal los que tienen que irse de España para buscar trabajo, los estudiantes que se han quedado sin becas este curso, los enfermos a los que les han cerrado el centro médico de su pueblo y fatal las familias en las que todos sus miembros se encuentran en la lista negra del paro.

 

Pero en todo este negocio —repito, negocio— la televisión también ha perdido su dignidad. Ha olvidado cómo hacer increíbles datos de audiencia sin tener que pagar a un invitado el montante de 150.000 euros por soltar una ‘bomba’ que en ningún otro caso haría explotar o sin tener que vendernos con semanas de antelación el nuevo regreso a la tele de la princesa del pueblo que va camino de convertirse ya en fiesta nacional. Ahora sólo queda preguntarnos, ¿pondríamos precio a nuestra vida?

 

Twitter: @VeronicaFdezGo

Comentarios

Indignante 25/11/2013 22:49 #1
Todas éstas "noticias" insustanciales y todos éstos personajes (amén de quitar trabajo a los profesionales auténticos) son la escusa para el negocio sórdido de la t.v.

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