Veronica original

De la tele a mi sofá

Verónica Fernández
La huelga que batió récord en los directos

Los Príncipe de Asturias, sin enganche

Si a los telespectadores nos llamaran hipócritas, lo más probable es que no nos sentara nada bien. Pero en un alarde de sinceridad por mi parte reconozco que, en ocasiones, este calificativo no nos viene demasiado grande. Mi argumento se sustenta en que pedimos más cultura en televisión, pero al final terminamos viendo lo mismo, los ‘reality shows’. Y no lo digo yo, sino los datos de audiencia. Los mismos que nos han revelado que los Premios Príncipe de Asturias 2012, que se emitieron en directo el pasado viernes en TVE, fueron los menos vistos de la historia con menos del 10% de cuota de pantalla.
Hace años eran toda una referencia televisiva, con un seguimiento más que notable por parte del público. Hoy, pasan prácticamente desapercibidos. Poco nos interesan quiénes son los galardonados y, por ende, su trayectoria. Si por algo prestamos atención a la primera parte de la ceremonia es por ver el ‘look’ de nuestra Princesa Letizia, que parece quitarse años en cada aparición pública como las grandes actrices de Hollywood, y por el de los premiados o acompañantes si tienen relación sobre todo con la crónica social o de corazón, que es lo que nos engancha por desgracia a los españoles. En esta ocasión, Sara Carbonero atrapó todas las miradas.

Si ahora preguntara por Philip Roth o Shigeru Miyamoto pocos o incluso nadie los asociaría con los premios Príncipe de Asturias de esta última edición. Pues bien. El primero es el prestigioso escritor estadounidense que ha sido galardonado con el Príncipe de Asturias de las Letras 2012 porque “sus personajes, hechos y tramas conforman una compleja visión de la realidad contemporánea que se debate entre la razón y los sentimientos”. El segundo es el padre de Mario Bros, Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación “por haber logrado hacer del videojuego una revolución social”.

Puede que sea en la categoría de Deportes de estos premios en la que más nos lucimos. Ahí no se nos escapa nadie. No importa que sea extranjero, de un país más o menos cercano al nuestro, que a ése lo tenemos fichado en nuestra memoria. De todas formas, este año nos lo han puesto demasiado fácil. Los laureados en este apartado han sido Xavi Hernández e Iker Casillas por ser referentes en sus clubes y representar los valores de la amistad y el compañerismo más allá de la máxima rivalidad entre el FC Barcelona y el Real Madrid.

El discurso de don Felipe parece que cada vez nos importa menos. Esta vez nos ha alentado a que no nos dejemos llevar por el pesimismo, la resignación o el desaliento, porque no nos conducen a la solución, y nos ha animado a fomentar todo lo que tenemos de positivo. Un discurso que es imposible que cale en la sociedad cuando las últimas noticias nos dibujan un panorama desolador con el ascenso vertiginoso del paro y los imparables recortes que se están produciendo. No caló entre las 400 personas entre funcionarios, padres de alumnos y activistas del difuso 15-M que se congregaron a las puertas del teatro Campoamor y no lo interiorizamos los telespectadores. Por qué. Porque después de las bonitas palabras, las buenas voluntades expresadas, las tímidas intenciones y, en definitiva, después del final de una ceremonia en la que todo el mundo iba trajeado, las protestas, el paro, los recortes y los demás ingredientes de la pertinaz realidad seguían allí, en las puertas del teatro Campoamor y en cada rincón de nuestra desmantelada España.

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