Veronica original

De la tele a mi sofá

Verónica Fernández
La huelga que batió récord en los directos

Hijos de papá

Nunca he entendido por qué hay hijos que sólo quieren a sus padres por el dinero, ni lo entenderé jamás. Puede que esta expresión sea un tanto brusca para los que son hijos de papá, de los que más de uno y de dos me intentaría rebatir tal afirmación. Sin embargo, yo en mis trece, les preguntaría: “¿Sentirías lo mismo por tus padres si no te concediesen todos tus caprichos, aquellos que consideras imprescindibles para vivir? ¿Los querrías de igual forma y no se resentiría vuestra relación?”.

No hace falta que ninguno de estos hijos de papá me contesten. Sin querer presumir de sabiduría, me puedo imaginar la respuesta, con algún ‘pero’ que otro. Sólo me ha bastado ver el pasado viernes el estreno de la nueva temporada del programa de Cuatro ‘Hijos de papá’ para darme cuenta de la superficialidad y el egocentrismo que tienen no sólo los protagonistas de esta nueva edición sino, extrapolándolo a nuestro entorno diario, muchos jóvenes que desconocen saber lo que es madrugar para ir al trabajo por un sueldo de 25 euros diarios –en el mejor de los casos-, o lo que es peor, ignorar lo que cuesta una barra de pan por no haberla comprado en su vida.

 

El programa tiene un claro objetivo: que diez jóvenes de entre 18 y 30 años con un alto poder adquisitivo afronten la realidad que les rodea y aprendan lo que es el valor del esfuerzo dejando atrás sus comodidades, todo ello sin tener la sobreprotección de sus padres. Un aprendizaje ridículo para la mayoría de los mortales, que no hemos tenido la posibilidad de elección.

 

Bien, pues para aprender dicha lección, qué mejor que ser invitados por la misma Paris Hilton a una de sus fiestas. Sí, desde luego Cuatro no ha sabido cómo crear más morbo al juntar a estos jóvenes sin apenas valores con la chica más mimada de Hollywood para que luego el batacazo duela más. Soy de las que creo que no debemos pensar que somos ejemplo de nada y para nadie, pero con  menudo prototipo empiezan estos ‘niños pijos’, a los que lo único que les ha preocupado hasta el momento –y pienso también que en adelante- es pagarse una operación de pecho, salir de fiesta monísimos o tener a sus padres trabajando para ellos.

 

Dudo mucho que con programas de este tipo que, en cierta medida, nos pueden llamar la atención a los telespectadores, estos jóvenes lleguen a un punto de inflexión en el que valoren otros aspectos en sus vidas y, ya casi utópico, el que los trabajen de aquí en adelante. Me ruboriza el escuchar frases como “Mi padre para mí sinceramente solo supone dinero”, “El peor día de mi vida fue cuando se me rompió una uña de gel”, “No puedo vivir sin taxis ni tacones” o “Mi vida es perfecta así, teniendo todo sin hacer nada”. Y la de quien no, ¿verdad?

 

Sin embargo, viendo ‘Hijos de papá’ y otros programas que también se centran en jóvenes problemáticos como ‘Hermano Mayor’ o ‘Padres Lejanos’, me entristece ver que se hayan creado estos formatos televisivos para mostrarnos que una buena parte de nuestra juventud se está echando a perder. Pero, al mismo tiempo que la televisión nos da una de cal, también nos da una de arena.

 

Mismamente esta noche regresa uno de los ‘talent show’ con más audiencia, ‘Tú sí que vales’, con su primer especial navideño infantil en el que competirán 16 jóvenes talentos para hacerse con alguna de las cuatro becas de formación. Sin duda, esta es la magia de la televisión. Con solo apretar un botón te traslada de un mundo insulso, frívolo y superficial a uno lleno de talento, esfuerzo y valores, en el que jamás escucharemos: “Hijos de papá, ¡vosotros sí que valéis!”.

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