Veronica original

De la tele a mi sofá

Verónica Fernández
La huelga que batió récord en los directos

El misterioso caso del tarotista sin vergüenza

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Si desde niña hubiera sido una sinvergüenza o una sin vergüenza, seguro que hoy en día estaría triunfando en la televisión.

 

En las madrugadas y de una manera descarada. Mis fans serían personas que estuvieran pasando una etapa de estrés, vulnerables y que necesitaran un ápice de esperanza de forma desesperada para aferrarse a una vida ‘demasiado puta’, como ellos mismos la calificarían, que se cebaba con ellos a base de zancadillas en los mejores casos y de KO’s en el resto. Hace unos años mi audiencia sería menos pero hoy, gracias a la ardua y meticulosa tarea de nuestros políticos extraordinarios de jorobarnos la existencia, el sonido de las llamadas se sucedería hasta reventarme los tímpanos

Si desde niña hubiera sido una sinvergüenza o una sin vergüenza… hoy estaría adivinando el futuro. El tuyo, el de tu madre, el de tu padre y hasta el mío propio. Incluso el de tu abuelo. Un futuro televisado que sólo se cree el que llama y, las menos de veces, el que ve a través de la pantalla ese ‘espectáculo’ estafador e irrisorio.

 

Pero la vida me ha llevado por otro camino. No el de vender mentiras, sino el de contar historias. Como ésta. Mecachis… ¡Con lo bien que me hubiera ido en estos tiempos de profunda crisis! Siento decepcionaros pero yo lo único que acierto a adivinar es la dolorosa bofetada que te va a dar la factura del teléfono cuando la recibas en casa.

 

Si desde niña hubiera sido una sinvergüenza o una sin vergüenza… hoy sería vidente, tarotista, adivina o bruja en la televisión nocturna de nuestro país, como tantos y tantos que se han hecho un hueco en las distintas cadenas generalistas. ¿Qué qué don tengo? ¿Pero hace falta alguno aparte del don del descaro y la impudicia? La pena es que tampoco tengo estos dones. Mecachis de nuevo… Es que la vena periodística se me metió entre ceja y ceja.

 

Siempre he pensado que para leer las cartas es necesaria la reflexión, al igual que los papeles de Bárcenas son ineludibles para comprender la trama en ‘B’ del PP; entender lo que le dice la carta de La Luna al Emperador, de qué hablan el tres de espadas y la sota de oros… Por eso me troncho cuando veo que en una lectura de tarot se tarda más en barajar las cartas que en leerlas. Misterios del tarotista sin vergüenza. Y del consultante atolondrado. Misterios de cómo quitarte el dinero con tu consentimiento.

 

Si desde niña hubiera sido una sinvergüenza o una sin vergüenza… hoy detectaría enfermedades a distancia, sería rica al predecir el número de la lotería de navidad, compraría cargamentos de laurel —que dicen que es ideal para vaticinar el futuro de quien quiera—… Hasta adivinaría si tienes algún espíritu subido a la chepa que no te deja levantar cabeza. Pero nada, que no ha habido manera, que los valores transmitidos por mis padres me han llevado por la senda de la honradez y la moralidad. Mecachis, mecachis, mecachis. ¡Maldita honestidad!

 

Desde que me he enterado que ya no se buscan tarotistas reales, sino personas con una rapidez lingüística tremendamente ágil y con psicología inversa —pónganse en contacto conmigo los que entiendan de esto último—, me he puesto manos a la obra para modificar mi currículum. En mis habilidades ya estoy añadiendo la seguridad en el habla, la resolución de situaciones embarazosas y hasta un tanto extraterrestres, y la capacidad de desenvolverse en conversaciones paranormales.

 

También me he quedado más tranquila cuando me han dicho que muchos programas del tarot son grabados —así si vivo algún momento tremendamente vergonzoso, lo cortan y punto— y que en los que se emiten en directo, si cometo alguna cagada garrafal, las tres o cuatro llamadas siguientes son del equipo de televisión en las que sorprendentemente acertaré hasta el pleno al quince. Ah… Y si hay alguien que la lía, le cortan el micro y fin del problema. ¡Pues nada, que ya me he quedado más tranquila!

 

Pero… ay, no sé, no sé. Mi cambio profesional no lo veo nada claro. Y además… ¡maldita sea, quién me mandaría haber estudiado Cultura Clásica! Ahora sólo me viene a la cabeza, una y otra vez, esta  frase de Esopo: “Las palabras que no van seguidas de hechos no valen nada”.

 

Así que… como yo no daría ni una, continuaré por la senda de la escritura. ¡A la de una, a la de dos… y a la de tres! Y que sean otros los que carguen a su espalda —y espero que también en su conciencia— con lo que se desprende de este misterioso caso del tarotista sin vergüenza.

 

Twitter: @VeronicaFdezGo

Comentarios

Rosa Inés 11/07/2013 16:37 #3
Verónica, un buen post, pero detente... no modifiques tu curriculum... jeje, estas haciendo un buen trabajo, eres una buena periodista!!! no lo dudes nunca :)
Paz 08/07/2013 12:10 #2
Creo que podrás dormir mucho más tranquila por el trabajo bien echo, ánimo llegarás lejos de periodista.

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