Veronica original

De la tele a mi sofá

Verónica Fernández
La huelga que batió récord en los directos

El 'marrón' del Papa Francisco

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Cuanto más te miro, mejor me caes. Te tuteo por la confianza que me da tu sencillez. Hasta pienso que nos podemos llevar bien. Esto dependerá de ti. Con tus predecesores no ha habido tal suerte, sí, con esos que te han dejado un marrón de cuidado o, como dicen también en mi país y en tu querida Argentina, con los que te han echado el muerto encima. ¡Menuda herencia te han dejado! Esto en España se califica, como poco, de no ser trigo limpio. Desconozco qué te ha llevado a aceptar esta vez el papel de líder de la Iglesia Católica cuando en 2005, con 40 puntos y a un paso de ser elegido Papa, pidió no ser votado, pero ahora los que han puesto en la papeleta su nombre le han hecho un flaco favor.

Sabes que todo lo que hagas y digas va a ser examinado con lupa. También lo que digan los otros de ti. Fíjate, que ya ha salido a la palestra esa novia que tuviste con 12 años, esa tal Amalia, que nos ha conmocionado a todos con la frase que le dijiste durante el tiempo que duró ese amor de adolescencia: “Si no me caso con vos, me hago cura”. Me sorprende lo claro que ya tenía por entonces su vocación, pronóstico de que es un hombre con la cabeza bien amueblada y sin atisbo de dudas sobre su misión actual en el Vaticano.

 

Me alegró saber que es un hombre sencillo, austero, lo de amante del fútbol y del tango me trae sin cuidado, que prefiriera ir en microbús con el resto de cardenales el día de su elección y dejar aparcado el Papamóvil y que, en su presentación oficial ante el mundo en el balcón de la basílica de San Pedro, vistiera únicamente la sotana blanca, sin la cruz de oro que han llevado otros papas y sin la estola, que sólo se puso para impartir su primera bendición. Me recordó, y no se ofenda, a estos curas de pueblo con los que te puedes ir a tomar un vino o a comer una parrillada, siempre a costa del prójimo claro está, antes de oficiar una misa. Y, que esto quede entre tú y yo, me gustaron mucho más sus zapatos que los rojos de Benedicto XVI, esos cuyo color en el Imperio Bizantino simboliza el poder.

 

Puede que peque de ingenua, pero me da que el poder no va contigo, con el primer Papa hispanoamericano y el primer jesuita que se convierte en sumo pontífice. Y más después de escucharte decir el pasado sábado que “cómo me gustaría una iglesia pobre y para los pobres”. Al parecer, también nos invitaste a “tratar de conocer cada vez más la verdadera naturaleza de la iglesia y su camino en el mundo, con sus virtudes y sus pecados”. Miedo me da, ¿sabe? Miedo a que salgan a la luz más casos de pederastas, a que no apueste por una reforma ‘radical’ de la curia y a que se empeñe en revisar la moral de los feligreses en vez de la del propio clero.

 

No dirás que no te hemos tratado bien. Cuando nos enteramos de que había fumata blanca todas las televisiones interrumpieron inmediatamente su programación habitual y modificaron su escaleta prevista de contenidos. Todas, menos Intereconomía, a la que le dio pereza quitar enseguida el spaghetti western ‘El clan de los ahorcados’, protagonizada por Terence Hill. Pero no se lo tengas en cuenta. Está pasando un mal bache por su segundo ERE. Después ya estuvieron hablando de ti largo y tendido.

 

Por la bienvenida que te dimos y por todo lo que ha venido a continuación, te quiero pedir algo a cambio. Ya sabes que los españoles tenemos fama de pedigüeños: pedimos trabajo, pedimos políticos transparentes y no corruptos, pedimos un sueldo digno y, por si fuera poco, pedimos una avalancha de reformas. Que si una reforma hipotecaria, que si otra en la justicia, que si una más en la enseñanza… Pero vamos Francisco, que ni caso. Tan sólo nos ha escuchado el Tribunal de Luxemburgo que ha ordenado la semana pasada la paralización de todos los desahucios. Que no es moco de pavo.

 

Pero lo que te quiero pedir a ti es harina de otro costal. Y en este punto dejo el tuteo aparte. Como Papa que es de la Iglesia del Tercer Milenio, esa que se sostiene con andamios cada vez más oxidados, le pediría una gran reforma en la que tuvieran su hueco los anticonceptivos —tan necesarios sobre todo en África para que la mayor parte de la población no se muera de Sida—, el aborto —es una lástima ver a bebés deformes—, los matrimonios homosexuales, los ‘bebé medicamento’ —¡no me diga que no es bonito que un niño con una grave enfermedad pueda tratarse con células madre sanas extraídas del cordón umbilical de su hermano!— y, por supuesto, nuestros muertos incinerados —¡qué bobada es esa de que somos fetichistas si guardamos en casa una urna con las cenizas de nuestros seres queridos!—. Piense en todo lo que le he dicho y actúe. De lo contrario, aquí termina nuestra conversación Su Santidad.

Comentarios

Pablo 18/03/2013 17:40 #3
Me temo que no se pueden pedir reformas y cambios si quien tiene que hacerlos, en lugar de argumentar por qué está en total oposición a tales cambios o escuchar los argumentos que ha ido dando la sociedad a lo largo de los años, rechaza de plano cualquier atisbo de razocinio actual, basándose exclusivamente en interpretaciones de la Biblia o debates entre los cardenales... Se muere gente de hambre, se muere gente a causa del Sida, se mata a gente por el simple hecho de ser homosexual y en otros casos se les da un trato de leprosos pecadores, se deja impune los numerosos casos de pederastia y abuso de poder por parte de la Iglesia Católica y no pasan, sino décadas o siglos hasta reconocer sus errores.... ¿Hasta cuándo será así? ¿Hasta cuándo se les permitirá jugar con la fe de los creyentes, y causarles injustificados daños morales? ¿y todo porque "Dios lo quiere así"....? Vaya uso del nombre de Dios en vano... No son pocos los teólogos que reconocen que se está tergiversando "la palabra de Dios" para seguir prorrogando un poder que desde hace siglos lo único que conlleva son plebendas para los de su clase....
Diego 18/03/2013 13:18 #2
Iglesia y sociedad deberían ir de la mano. Una avanza de la mano de los derechos universales. La otra ha quedado atrás y debería hacer esa gran reforma de sus doctrinas. Estoy de acuerdo en esa gran reforma de la que hablas Verónica
Rosa 18/03/2013 11:56 #1
Desde mi punto de vista entiendo que la Iglesia,y cuando digo esto me refiero a Papas,obispos y demás eminencias,rechace todos estos temas que menciona Verónica en su post porque sino se contradecirían con las doctrinas que promulga la Iglesia Católica.Porque pensad,¿qué Papa sería el que acepte a los homosexuales cuando los dogmas católicos nos dicen que un matrimonio debe de ser aquel que se da entre un hombre y una mujer?O ese otro que afirma que no se pueden usar anticonceptivos porque solo Dios decide cuándo bendecir a las parejas con hijos?Por supuesto que no estoy a favor de nada de esto,que no se me mal interprete,pero hay que tener en cuenta que para que cambie todo esto se deberían modificar esos ideales y,me temo,que esto va ser un poquito difícil.

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