Veronica original

De la tele a mi sofá

Verónica Fernández
La huelga que batió récord en los directos

Angustia

Hay quien dice que las emociones son una exteriorización de la debilidad de las personas. Discrepo. Más bien soy de las que piensa que los sentimientos que se reprimen hay que canalizarlos hacia algún lado para no convertirnos en una bomba de relojería. Las emociones y los sentimientos hay que dejarlos fluir con naturalidad, como el agua que desciende por una cascada, sin querer taponarlos con diques que, a buen seguro, van a terminar reventando a largo plazo, al igual que una cañería atascada tras emplearse como cubo de la basura en buena parte de las ocasiones.

Pero, de ser cierta la primera hipótesis, esta pasada semana muchos hemos sido débiles. La televisión en sí no ha hecho más que mostrarnos imágenes de débiles. De nervios, de dolor, de llanto, de rabia, de impotencia. Imágenes de angustia.

 

La angustia de decenas de mozos atrapados en un tapón humano formado a la entrada del coso en el séptimo encierro de los Sanfermines. La angustia de una madre por saber si su ex marido iba a ser  declarado culpable del asesinato de sus dos hijos. La angustia de una espera que siempre tiene el mismo final por el puto cáncer y que nada puede hacer cuando éste ya te ha dejado en coma irreversible.

 

En fin, una angustia que traspasa la pantalla y que no sólo compartes tú solo, como telespectador, sino también tu vecino de puerta. Y el de enfrente. Y el otro. Y el de más allá. Una angustia que nos ha unido a los telespectadores, aunque sólo haya sido en el mismo instante de visualizar esa imagen angustiosa.

 

Hacía tiempo que no recordaba una semana en la que la televisión nos despertara tantísimas emociones a los espectadores. Es raro verte llorar por alguien al que ni siquiera conoces y casi de fijo que nunca conocerás. Como es insólito no ver llorar a quien tiene que hacerlo. Aún tengo grabada la cara hierática de un José Bretón que tan sólo nos permitió el lujo de verle pestañear una única vez cuando el jurado popular emitía su veredicto y le declaraba culpable del doble asesinato de sus hijos.

 

Llegué a pensar que la imagen se había congelado. Nosotros, sin embargo, no parábamos de emocionarnos en nuestras casas por una madre y unos niños que entraron a formar parte de nuestra familia ya hace dos años.

 

Toda la televisión se paralizó la semana pasada con el ‘Caso Bretón’. El periodismo se detuvo con la despedida de Concha García Campoy. El corazón palpitó con los encierros de Pamplona. Y, mientras tanto, nuestro país se hundió un poquito más por culpa de unos SMS.

 

Y después de la angustia, viene el enfado. Enfado por saber que todo ha terminado después de tanto sufrimiento y que Ruth y José no volverán a jugar en un parque. Enfado porque de nada han valido tanta valentía, trasplantes, tratamientos e idas y venidas al hospital para luego ver cómo tu vida se consume en apenas unas pocas horas. Y lo peor de todo es que extrapolas este caso a tu entorno y te das cuenta que a los tuyos tampoco se les perdonó. Y unos y otros están ya descansando en el mismo sitio.

 

Enfado por correr un riesgo innecesario delante de unos animales que, aunque algunos destaquen su nobleza, yo sólo veo en ellos instinto de embestir todo lo que se mueve y a los que creo capaces de matar hasta en sus últimos momentos.

 

Y enfado, mucho enfado, con nuestro presidente del Gobierno. Él solito se está cargando la Marca España. Sus SMS con Bárcenas demuestran que mantuvo, como mínimo de mayo de 2011 hasta marzo de este año, contacto directo y permanente con el ex tesorero, que ahora se lo está pasando ‘pipa’ en la cárcel de Soto del Real tirando de la manta con este calor que nos tiene pegados todo el día a un ventilador.

 

Y fue tan ingenuo de pedirle en ellos que negara la contabilidad B y los sobresueldos. ¡Ay, Mariano, Mariano! Angustia me da el pensar que ya España jamás volverá a ser lo que era. Angustia de mirar al futuro y no ver nada, quedarme ciega ante este panorama tan desolador. Angustia de que muchos vean ya lo mismo que yo.

 

Twitter: @VeronicaFdezGo           

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