Silueta alfredo original

Curiosidades y Anécdotas de la Historia

Alfredo Rodríguez Blázquez

PEQUEÑAS HISTORIAS DE LAS MISMAS MASAS

Un martes de carnaval de 1497, seguidores del monje Savonarola quemaron en Florencia espejos, pinturas y vestidos (hoguera de las vanidades) por considerarlos pecaminosos. Un año después, formando parte de la multitud, esos mismos seguidores contemplarían exultantes el espectáculo de ver arder en las llamas de la hoguera al vanidoso dominico, para después arrojar sus cenizas al río Arno.

 

En la Francia prerrevolucionaria era de dominio público  la permanente insatisfacción sexual de María Antonieta. Los problemas de fimosis de Luis XVI  habían convertido a la reina en una mujer insatisfecha.

 

Insatisfacción que solo dejaba de lado cuando llegaban los carnavales y sus correspondientes bailes de máscaras. En cierta ocasión, en el balcón de las Tullerías, el mariscal Brissac, consciente de las penas de la reina, quiso animarla comentándole en un susurro: “Señora, aquí tenéis a más de doscientas mil personas enamoradas de vuestra alteza”. Y ella sonreía satisfecha… Pocos años después, esos mismos hombres y mujeres que le aclamaban en cada una de sus apariciones públicas, insultaban a esa misma mujer cuando, con las manos atadas sobre la espalda, iba camino del patíbulo en la carreta del verdugo.

 

Minutos después, la cuchilla de la guillotina depositó la regia cabeza en una cesta ante los vítores de miles y miles de personas excitadas hasta el paroxismo. Era tan grande el éxtasis de esta ejecución –cuentan algunos historiadores- que muchos hombres levantaban la falda de las damas para penetrarlas por detrás.


    
Las mismas mareas de gente que vitoreaban al canciller austríaco Schuschinigg en Viena, meses después enloquecían de placer cantando aquello de: “Un pueblo, un imperio, Un Führer”. Un Führer del que algunos historiadores han llegado a afirmar que tenía orgasmos al llegar al clímax de sus discursos. Y mientras Hitler orgasmaba de placer, la Gestapo bajaba los pantalones a los detenidos para comprobar si estaban circuncidados.

 

Freud negaba la supremacía de la cultura sobre los instintos. Sabía naturalmente de lo que hablaba. Como los juncos, siempre nos doblamos a favor de la corriente. Las masas uniformes y en algunas épocas uniformadas, seguirán repitiéndose siempre mientras los ciudadanos no aprendamos a utilizar nuestras emociones para pensar y los dirigentes no dejen de  apelar a nuestros sentimientos para comprarnos. Pero no hagan caso a esto último, quédense con las historias de la historia.

Comentarios

Maqbara 26/02/2016 07:20 #1
Y el estreno de hoy de MAQBARA? QUÉ MIEDO TIENE LA PRENSA DE ÁVILA. QUÉ VERGÜENZA!!!

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