Silueta alfredo original

Curiosidades y Anécdotas de la Historia

Alfredo Rodríguez Blázquez

LAS BOTAS DE MONTAR DEL HEREU

El llamado marqués rojo, José Luis de Vilallonga, un Grande de la nobleza española, heredó de su abuela Dolores, la marquesa de Castellvell, además del título nobiliario, cuatrocientas mil pesetas de las del año 1941. A sus veintiún años decidió, en contra de la opinión de su padre, el Barón de Segur, y del director del Banco, sacar todo ese capital en efectivo. Tras discutir y porfiar con ambos, exigió que dicho dinero le fuese entregado en billetes pequeños, medianos y grandes, repartidos a partes iguales. Un último intento por parte del director del banco para hacerle desistir de su idea, no surtió efecto, por lo que, resignado,  acabó por preguntarle:
    -¿Y en qué piensa emplear las cuatrocientas mil pesetas?
    -Pienso gastármelas…


Al llegar a casa, volcó el maletín lleno de dinero encima de la cama. Durante media hora estuvo revolviendo los billetes hasta conseguir mezclarlos a su gusto. Sacó tres pares de botas de montar y empezó a llenarlas de billetes. 

 

Se había impuesto la regla de sacar todas las mañanas, con los ojos cerrados, un billete de una de las botas de montar y vivir ese día de acuerdo al dinero extraído. La condición autoimpuesta era gastarlo sin comprar nada. Y así se dispuso a vivir una temporada, en función del billete que sacara cada mañana de una de las botas de montar atiborradas de billetes.

 

Si sacaba un billete pequeño, el día transcurría de lo más normal: tren, universidad, vuelta a casa…y a esperar hasta el día siguiente. Si el billete era mediano, hacía lo mismo pero invitaba a almorzar siempre a un par de amigos en cualquiera de los restaurantes barceloneses, pero si el billete que sacaba era grande (mil pesetas), el día era toda una odisea: invitaba a comer en alguno de los buenos restaurantes barceloneses a cinco o seis amigos, y luego tras una tarde de copas, la noche se presentaba gloriosa pagando los servicios de las mejores prostitutas. El problema para el joven venía cuando durante más de dos días sacaba de las botas de montar un billete de mil pesetas, cantidad muy difícil de gastar en un día en el año cuarenta y uno. (Para hacernos una idea, ese dinero era la asignación mensual de su padre, el Barón de Segur). Cuando eso ocurría, todo acababa con un coma etílico y un acercamiento al precipicio del sexo. Y tanto fue el cántaro a la fuente que el hereu –así le llamaban en su casa- acabó en una clínica u hospital psiquiátrico para hacer una cura de desintoxicación. Un centro que no se diferenciaba mucho de los psiquiátricos de entonces, aunque era de los que solo estaban al alcance de las familias más pudientes de la época. Un lugar donde habría de convivir con todo tipo de enfermos mentales, a los que desgraciadamente la sociedad de la época solía catalogar como locos.

 

El doctor de la familia y el director del hospital psiquiátrico supieron desde el primer momento que no tenía ninguna enfermedad mental, como pensaban sus familiares, y aceptaron que entrara en el centro –bajo su consentimiento- para que intentara desintoxicarse y olvidar el alcohol y el sexo. Pensaban que alejándole de la ciudad, de su vida diaria, lograrían ambos propósitos. Pero… el hereu acabó teniendo sexo todas las noches con más de una de las enfermeras y empleadas de dicho hospital, durante el tiempo que estuvo allí internado.

 

Una vez fuera del centro hospitalario, dejó de vivir de acuerdo al dinero extraído de una de sus botas de montar, que aún seguían rebosantes de billetes.

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