Silueta alfredo original

Curiosidades y Anécdotas de la Historia

Alfredo Rodríguez Blázquez

LA VISPERA DEL MARACANAZO

El 16 de julio de 1950 se escribió una de las páginas más increíbles de la historia del fútbol. Ese domingo de hace casi sesenta y seis años, Uruguay ganó la final del mundial por 1-2 a Brasil, un resultado que nadie en Brasil, ni en Uruguay, ni en en niguna parte del mundo futbolístico, había contemplado como posible. El gol marcado por Alcídes Gighia, hizo enmudecer a doscientos mil espectadores que llenaban las tribunas de “Maracaná”. Veinticuatro horas después de la derrota más grande del mundo, miles y miles de aficionados: jóvenes, viejos, negros, blancos, mujeres, ricos y pobres, continuaban llorando la derrota en las tribunas del estadio. 

 

Cuentan que se atendieron casi doscientos casos de ataques de angustia y ansiedad en el propio estadio y que en el pequeño país charrúa tres personas murieron de infarto escuchando el partido por la radio. Verdad o mentira es lo que se cuenta, pero a mi me interesa relatar en este blog lo que ocurrió en las vísperas de dicho día, concretamente lo que ocurrió el sábado 15 de Julio en el hotel donde se hospedaba la expedición uruguaya.

 

La víspera de la final, las calles que rodeaban el estadio de Maracaná estaban atiborradas de brasileños de todo tipo y condición; todos ellos, unidos por la alegría de ser brasileños, los seguros campeones del mundo. Nadie; ni aficionados, ni jugadores, ni prensa esperaban otra cosa que ver a Jules Rimet (presidente de la FIFA) entregar la copa del mundo al capitán de la selección brasileña.Todos, por tanto, festejaban la victoria por las calles y alrededores del estadio desde muchas horas antes de que se iniciase la gran final.
    -¿Cuántos les caerán hoy a los uruguayos? –preguntaba uno cualquiera a los que estaban a su alrededor-
    -Seis, siete… 
    Ese sábado 15 de Julio, el diario brasileño “O Mundo”, en primer plano y a ocho columnas, publicaba en su portada una gran foto del equipo brasileño, con el siguiente titular: “Estos son los campeones del mundo”. 

 

Las autoridades del consulado uruguayo en Río de Janeiro, estaban aturdidos, acongojados por la euforizante seguridad con la que los medios deportivos vendían la victoria brasileña como algo seguro. Un alto cargo de la delegación diplomática uruguaya, compró más de veinte periódicos, se presentó en el hotel donde estaban concentrados los charrúas y los repartió entre los jugadores de la selección uruguaya a la hora del almuerzo. Les llamó la atención un momento para decirles:
    -Mi pésame, los señores ya están vencidos
    El capitán de la selección, Obdulio Varela, se levantó como si fuera a ir al servicio,  cogió un periódico, miró a todos sus compañeros y de repente se puso a orinar sobre el desconsiderado diario brasileño.

 

Treinta años más tarde, Obdulio reconocería que “si jugásemos cien veces aquel partido, lo perderíamos las cien”, pero no admitía, treinta años después, la rendición: “Nunca perdí un partido antes de jugarlo”

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