Silueta alfredo original

Curiosidades y Anécdotas de la Historia

Alfredo Rodríguez Blázquez

El amor de una gallina

Cuenta la leyenda o tradición popular, que Honorio, emperador romano allá por el año 402 d.C, estaba morbosamente enamorado de una gallina a la que había dado el nombre de Roma. Parecía querer más al ave que a su joven esposa, e incluso más que a la propia Roma. Siempre se presentaba en todas las reuniones con el plumífero en brazos, y pobre del que se lo tomara a guasa. Sus ministros comparaban a Honorio con Calígula con comentarios como: “En el fondo es más sensato que Calígula. Este pollo todavía no ha sido nombrado senador”.

 

No creo que estos cuentos populares resistan una investigación histórica, pero con frecuencia, cuando llegan hasta nuestros días relatos como el anterior, los lectores encontramos en ellos cierta credibilidad para imaginarnos la personalidad de esos emperadores romanos que dominaban todo el Occidente y Oriente europeo.

 

Siguiendo con los testimonios populares, éstos nos presentan al mismo Honorio refugiado en algún lugar del imperio con toda la Corte, gallina incluida, muy preocupado porque algún siervo glotón le pudiera robar al bípedo para comérselo ante la escasez de alimentos. Ante el temor que le entró, domesticó a un perro que cumplía exactamente con su cometido, que no era otro que el de evitar que nadie se aproximase al ave.

 

Y a fe que domesticó bien al can, ya que ningún extraño podía acercarse a la gallina sin ser mordido por la fiera. Pero un día, quizá por celos, quizá por hambre, el perro muerde a la gallina y se la traga, con plumas y huesos… El emperador grita desgarrado por el dolor. Coge una espada y con ella traspasa al desleal perro. Después ordena que el animal, con su relleno de gallina, sea asado y comido por la guarnición que le protegía.

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