Silueta alfredo original

Curiosidades y Anécdotas de la Historia

Alfredo Rodríguez Blázquez

…Y CARLOS V PREÑÓ A SU ABUELASTRA

A los Austrias se les ha conocido siempre por su mandíbula prognática, su labio inferior caído, y sobre todo por ser los príncipes europeos del catolicismo. Lo de su mandíbula exagerada y labio caído, hay que entenderlo como la consecuencia lógica de contraer matrimonios consanguíneos.

 

Carlos I de España y V de Alemania, el hijo de Juana la Loca, tenía tan marcadas estas características en su rostro, que estando en reposo era incapaz de cerrar la boca. Se cuenta, que en una villa aragonesa, un noble caballero se le acercó para aconsejarle con cierta ironía: “Mi señor, cerrad la boca que las moscas de este reino son traviesas…”

 

Carlos siempre se dejó barba, no  sabemos si por consejo o por coquetería, una barba que todos los pintores de cámara supieron captar con sus pinceles para disimular y ocultar su mandíbula. Utilizaban, como hoy hacen los fotógrafos, el photoshop de la época que no era otro que la mano maestra del pintor.

 

Lo que apenas se ha contado del rey español y emperador del Sacro Imperio Germánico, es que, además de ser el príncipe del catolicismo, fue un gran bebedor y un glotón empedernido, pero, sobre todo, era un gran aficionado a las mujeres, al sexo. Tal debía de ser su afición que no distinguía entre mujeres de clase alta y clase baja, tan solo distinguía entre culitos apetecibles y no apetecibles. Era tal su afición a las mujeres que cuando se prendó de Germana de Fox, la joven alemana con la que se casó el viudo Fernando el Católico, el marido de nuestra Isabel, no dudó en construir un puente entre su morada vallisoletana y la de la casa de la apetecible Germana.  Esta viuda, de veintinueve años, era una alemana muy atractiva, de buen ver, y una tentación inmensa para un hombre como Carlos.

 

En una carta de su abuelo Fernando, éste le pedía a su nieto que atendiera y cuidara a Germana procurándola remediar todas sus necesidades. Y a fe, que el rey español y emperador alemán, se tomó al pie de la letra la petición de su abuelo. Se prendó de tal manera de la sugestiva alemana que no paró de “remediarla” hasta dejar embarazada a la joven, que no dejaba de ser su abuelastra.

 

Se cuenta que Germana parió una hija, a la que dieron el nombre de Isabel en la pila bautismal, y a la que algunos documentos titulan infanta de España. Al poco tiempo de parir, Carlos alejó a su abuelastra de él, quizá agotado por tanto exceso con una joven mujer que según dicen, era insaciable con el sexo. Para alejarla de la corte casó a Germana con un marqués que se la llevó a Valencia, y que por cierto murió poco después, quizás exhausto de fornicar con una hembra que cuentan no se cansaba nunca de fornicar.

 

Así son las cosas; unos, los Borbones, tienen la fama y otros, los Austrias, cardan la lana.

Comentarios

Serzi 12/10/2015 16:08 #2
Una errata en el texto es, aunque carece de importancia, el origen de doña Germana pues, a pesar de su nombre, era francesa, y no alemana. Aprovecho el espacio para señalar que fue a través de esta mujer por la que los Austrias primero, y los Borbones después hasta hoy, incorporaron a su haber el título de "rey de Jerusalén".
javi del Rey 07/09/2015 16:35 #1
Son todos iguales, los Austrias, los Borbones, los Marichalar y los Urdangarín!

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