Silueta alfredo original

Curiosidades y Anécdotas de la Historia

Alfredo Rodríguez Blázquez

AMADEO I SABOYA HOMBRE PROMISCUO

El único rey no Borbón, junto a José Bonaparte, que ha reinado en España desde 1700, fue Amadeo I de Saboya, duque de Aosta, hijo de Víctor Manuel II, rey de Piamonte-Cerdeña, que luego se convertiría en primer rey de la Italia unificada. Su destino entre la realeza era la de ser un príncipe de segundo nivel, pero su nombre entró en la historia gracias a la permanente inestabilidad que soportaba España después del triunfo de la Gloriosa en 1868, que había arrojado del trono a una inaceptable Isabel II. La voluntad popular se manifestaba partidaria de mantener, si bien bajo planteamientos absolutamente nuevos, el sistema monárquico. La cuestión era encontrar a la persona idónea para protagonizar dicho operación.


    El general Prim, entonces verdadero dueño de la situación, consiguió que –el 16 de noviembre de 1970- las Cortes votasen su decidida preferencia por Amadeo.
Pocas horas antes de la llegada de Amadeo a Cartagena para hacerse coronar rey, murió su gran valedor: el general Prim, que era abatido a tiros en la madrileña calle del Turco. Con peores augurios no podía comenzar su reinado Amadeo, un joven de veinticinco años, al que algún gracioso calificó de “niño con barbas”. Fue homenajeado por todo tipo de autoridades locales y por un pueblo siempre dispuesto a divertirse con estas cosas. Por su parte mostró siempre su respeto por la Constitución intentando actuar dentro de la máxima legalidad. Hizo alardes de ser un hombre demócrata lo que le valió el rechazo de la aristocracia, nada abierta al mínimo espíritu progresista. Y así, sin el apoyo natural de la nobleza cortesana, el rey se vio huérfano en su nuevo país. Sobre él escribió el conde de Romanones:


    “En lo moral, no ofrecía rasgo alguno sobresaliente, salvo su valor personal, exento de ambición, aunque tenía una pasión desenfrenada por las mujeres”.


    Una de las historias que se cuentan, fue la fuerte pasión que unió a Amadeo con una hija del malogrado Mariano José de Larra, el literato que mejor supo describir todas las oscuridades y miserias de la España de su tiempo. Adela de Larra era una bella e interesante mujer, al menos diez años mayor que el rey. Su físico respondía a los más clásicos cánones de la llamada “belleza española”, de ojos y pelo intensamente negros, mostraba dos largos mechones cayendo, a ambos lados del rostro, por delante de las orejas; un detalle especialmente llamativo que hizo que se la bautizara popularmente como la dama de las patillas. En casa de la nada reputada Adela, gozaba el rey de un ambiente tranquilo y cálido, donde su amante soportaba inacabables confidencias sobre lo mal tratado y lo poco querido que se veía por los cortesanos, políticos y pueblo español.


     La aristocracia veía mal al rey y aún más tras verle relacionarse con mujeres como Adela. Sabiendo de su promiscuidad en asuntos de faldas, no tardó mucho la rancia nobleza en “enviar” a una aristocrática dama, que los cronistas de la época llamaron la dama X, para que intentara cortejar y enamorar a Amadeo, algo por otra parte bastante fácil, con el fin último  hacerle renunciar al trono para entronizar de nuevo a un Borbón, Alfonso.


    Así se escribieron las crónicas rosas de entonces.

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