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Fernando Rodríguez López
Blog de Fernando Rodríguez López.

Economía y democracia, esas bellas palabras griegas

Hace unos 2500 años Grecia mostró al mundo las ventajas de la democracia, una forma diferente de gobierno en la que el pueblo debatía y aprobaba en asamblea las decisiones que concernían a todos. En las elecciones legislativas del pasado 6 de mayo, Grecia mostró al mundo (probablemente sin querer, eso sí) un caso más en que el ejercicio de la democracia puede conducir al infortunio.

Lo que sucedió el pasado 6 de mayo, entre otras cosas, es que el 68 % de los votantes helenos decidió dar su confianza (bueno, es un decir€Ś) a partidos políticos que lo único que tienen en común es su rechazo a las condiciones bajo las que se han prestado a Grecia los fondos de sus dos rescates. Unos 170.000 millones de euros, por cierto. Es obvio que los votantes están en su derecho, faltaría más, pero teniendo en cuenta que cuando uno vota a un partido político €œse arriesga€ a que gobierne, y que si Grecia reniega de los compromisos asumidos en sus rescates con toda probabilidad tendrá que abandonar el euro, me surge una pregunta angustiosa: Âżde verdad que los griegos han votado a favor de salir del euro? ÂżDe verdad? Si ha sido así, ello es bastante preocupante. Si no ha sido as퀦 entonces es más preocupante aún.

En cuanto a la primera preocupación, huelga decir que la economía se rige por sus principios, entre los que, por suerte o por desgracia, no se encuentra la voluntad democrática. Si aumentamos los impuestos, la economía se contrae. Si gastamos más dinero, nos quedará menos en la hucha. Si no pagamos nuestras deudas, los pocos acreedores que todavía nos fíen querrán que les paguemos más intereses (por si las moscas). Así son las cosas y no podemos elegir que sean de otra forma, ni siquiera por votación democrática. En la misma línea, no es posible una salida del euro no traumática, aunque se apruebe por la mayoría. Devaluación, huida de capitales, empobrecimiento, pérdida de credibilidad, encarecimiento de la deuda pública, pérdida de valor de activos€Ś están entre las consecuencias de salir del euro. Si todo esto ha estado en el debate y los ciudadanos griegos han votado que sí al pack completo ello indica que la confianza en sus políticos no ha disminuido; más bien, ha desaparecido por completo. Prefieren no asumir más sorpresas y poner fin a su dramática situación por la vía rápida€Ś y amarga.

Pero Âży si fuera la segunda alternativa? Bien podría ser en efecto que los ciudadanos griegos quisieran con su voto castigar a los partidos del gobierno de coalición anterior, sin pretender necesariamente una salida del euro. También podría ser que hubiera calado el mensaje de algunos grupos, apostando a que la Unión Europea preferirá suavizar las condiciones de los préstamos antes de dejar que un Estado miembro abandone el euro. En las circunstancias actuales ambas posibilidades son tan arriesgadas como irresponsables, porque el resultado final más probable a fecha de hoy es la salida de Grecia del euro. Y si se produjera, me costaría mucho considerarlo como un triunfo de la democracia. Más bien parecería un fracaso, porque un país que a) se integra en el euro, y b) cuenta con gobernantes irresponsables, debe tomar medidas para impedir que éstos llenen su agenda multiplicando el déficit público. No hacerlo es bastante parecido a regalarle un Ferrari a alguien que se está sacando el carné de conducir (y que además bebe). Por eso, introducir límites de déficit público en la Constitución, aunque reduzca la capacidad de decisión (democrática) a corto plazo, no es en absoluto una mala idea.

Cabe añadir que, como el resultado de las elecciones del día 6 de mayo ha sido muy fraccionado, hasta la fecha no ha sido posible formar gobierno y el país se encamina, por tanto, a unas nuevas elecciones legislativas en el mes de junio. Entra dentro de lo posible que el resultado sea ahora diferente y que permita, a modo de Deus ex machina, formar un gobierno capaz de reconducir la situación€Ś aunque lo cierto es que las tragedias griegas no suelen tener final feliz.

Terminemos como en otras ocasiones, en homenaje al saber histórico y popular, con una pieza del refranero español elegida completamente al azar. Por ejemplo: €œcuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas (ya si eso) a remojar€.

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