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Ciudadano Descatalogado

Honorio Cardoso
El blog en Tribuna de Salamanca de Honorio Cardoso

Rafa Chirbes: La voz de la eterna derrota

Golpean las sombras

                                                                                                                          

las sombras negras

                                                                                                                          

de los muertos

                                                                                                                          

Nada sino golpes

                                                                                                                                                             

Alejandra Pizarnik

Ha terminado su viaje a los 66, los mismos que yo tengo. Fuimos compañeros de pupitre en los Salesianos de Padre Cámara a mediados de los 60, eran los tiempos del bachillerato de la España gris naval del General del medallón. Nos unió la minoritaria condición de “esos son de letras” y la enfebrecida excitación por leer.

 

De aquellas lecturas compartidas recordamos, en las posteriores conversaciones, tres: El poder y la gloria (Graham Greene), La perla (Jhon Steinbeck) y El viejo y el mar (Ernest Hemingway). Todas ellas formaron parte de la urdimbre de “lo social” que empezábamos a construir y, con seguridad, de su naciente ensoñación de ser escritor. No voy a decir que aquél tráfico de libros fuese clandestino, pero desde luego lo hacíamos en secreto y con la conciencia de que posiblemente era una actividad de riesgo: el resto de los compañeros quedaba al margen. A la vuelta de unas vacaciones de Semana Santa, Rafa era interno en el colegio, se trajo en la maleta una edición de La piel de Curzio Malaparte y ocurrió la catástrofe: un cura lo interceptó, nos lo requisó, nos advirtió sobre el peligro de condenación eterna que acarreaba su lectura y exigió el conocimiento previo de las próximas lecturas, so pena de expulsión. Al salir del despacho, Rafa dejó claro que para leer lo que quisiera el cura, mejor no leíamos. Al final optamos por consolarnos con los Episodios galdosianos y derivamos la aventura hacia las chicas de las Teresianas de la Pz Colón. Al comenzar el curso de Preu él se fue a Madrid y la relación perdió cotidianeidad pero no empatía: volvió por Salamanca esporádicamente y viví un tiempo en su piso de Madrid al terminar la carrera. El vínculo permaneció, débil pero indeleble.

 

No soy crítico literario y no voy a valorar su obra. Pero soy historiador y creo que a sus novelas constituyen un referente para desvelar a “esa España obscena y deprimente en la que regentea hoy la canalla” (Luis Cernuda). Y que nadie entienda hoy como la actualidad, sino como el presente inamovible que encadena nuestro país desde la destrucción y aniquilamiento de la experiencia republicana y que sufre (y sostiene) la ciudadanía. Chirbes ha puesto voz a la confusión de los supervivientes de las batallas que jalonan la eterna derrota de las aspiraciones de transformación social y giro político en ese período histórico. Y ha sido inmisericorde con los corruptos y corruptores, Los viejos amigos y Crematorio; con los socialistas de la Feliz Gobernación (La larga marcha y La caída de Madrid); con el izquierdismo que arrió sus banderas, Los disparos del cazador; pero también con la cobardía acomodaticia de la ciudadanía, En la orilla.

 

La memoria y la lucidez ahormaban una de sus novelas inaugurales, -La buena letra, auténtica joya de la novelística española contemporánea-, y han sostenido la honestidad, el fracaso, la amargura y el escepticismo  de su cabal y dolorida descripción del tiempo y de las gentes de ese presente que construye, define y atraviesa su relato.   

 

Pero si lúcida es su obra narrativa, certeros resultan sus ensayos: su formación historiadora se encuentra perfectamente reflejada en un libro al que los dramas actuales me obligan a volver: Mediterráneos; su perspicaz perspectiva sobre el sentido del viaje y de la(s) cocina(s) ha quedado reflejada en El viajero sedentario. Y para terminar, no dejen de leer su navajazo a la alegre muchachada zapateril, Zapatero a la mesa de los caníbales, si quieren entender parte de las claves, estas sí, de nuestra actualidad política. Entiéndase lo del navajazo no en su uso callejero, sino en la perspectiva filosófica de Ockham: “la explicación más sencilla, en igualdad de condiciones, suele ser la más correcta”.

 

En esta hora de bárbaros, prepotentes, caníbales y sectarios la ausencia de Rafael Chirbes nos hará sentir más frío y la sombra de su muerte nos golpeará con más fuerza. Von voyage, amigo.   

Comentarios

Nuño Barriuso 01/09/2015 23:37 #4
Gracias, Honorio, por este recordatorio más que obituario. Espero que cuando nos veamos, dediquemos algunos minutos a Chirbes para agradecerle los ratos tan buenos que nos ha proporcionado sus novelas.
Nuño Barriuso 01/09/2015 23:37 #3
Gracias, Honorio, por este recordatorio más que obituario. Espero que cuando nos veamos, dediquemos algunos minutos a Chirbes para agradecerle los ratos tan buenos que nos ha proporcionado sus novelas.
Fran 17/08/2015 11:19 #2
Eso, buen viaje. Nos quedamos con su ausencia y en presencia de los bien nombrados b
Rectificación 17/08/2015 10:49 #1
Escribí está columna en las horas inmediatas a la noticia de la muerte de Rafa. Gente amiga me hace ver que la novela de C. Malaparte no podría ser La piel, pues su edición en España fue posterior a las fechas de las que hablo. Por tanto es erróneo la referencia al libro, pero reitero la seguridad sobre el autor y el conflicto. Quizá todo sea producto de que nada hiere más y más hondo que el recuerdo, como certeramente indica Felipe Benítez Reyes en El Equipaje abierto, una luminosas reflexión sobre el paso del tiempo y el deterioro de la memoria (y que ayuda a sangrar el dolor de ésta muerte ingrata). O como apunta en otro verso: Porque todo recuerdo/se acaba corrompiendo en el presente. En fin pido disculpas por el error. Honorio Cardoso

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