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Ciudadano Descatalogado

Honorio Cardoso
El blog en Tribuna de Salamanca de Honorio Cardoso

DE NUEVO EL SAHARA

Desierto detail

Se puede seguir apostando por no hacer nada y seguir confiando en el paraguas marroquí.

La gama de genocidios es enormemente amplia. Existe un genocidio incorporado a la conciencia histórica de nuestro mundo globalizado: el de los judíos europeos a manos de la Alemania nazi y sus cómplices antisemitas. También hay genocidios que acaparan los focos mediáticos como el sufrido por los tutsi o los camboyanos. Además existen genocidios ocultados como el que sufrieron los chicanos del SO de los Estados Unidos, los armenios, los indonesios, la población de Timor Oriental o el que sistemáticamente sufren los guineanos a manos de su déspota Obiang y, por supuesto, el que conocieron las poblaciones indígenas del continente americano.

 

¿Por qué tanto reconocimiento para unos y tan poco para otros? En fin, sin entrar en mayores explicaciones, porque “si del dicho al hecho hay un trecho”, como señala el saber popular, lo que existe entre las alocuciones genéricas sobre la supuesta primacía de los Derechos Humanos y los  usos políticos que se efectúan de ese conjunto de Derechos no  es un trecho sino un abismo, en cuyas profundidades se despeña a unos o se salva a otros en sus mesetas. Dicho de otra manera, son los intereses geoestratégicos del capital los que hacen que en la agenda mediática se esfumen o emerjan los Derechos Humanos y las batallas por su reconocimiento.

 

Desde luego para quienes no hay salvación ni reconocimiento es para quienes se niegan a aceptar el papel de daños colaterales de los intereses geoestratégicos, para quienes optan por la resistencia frente al poder de los matones, para quienes frente a la memoria victimaria defienden la memoria insurrecta. Ese es el origen del diferente tratamiento que se da en nuestro país a los muertos por terrorismo o al de los fusilados por la Dictadura franquista. Esa disimilitud sostiene el ultraje permanente sobre la rebeldía de los palestinos o el drama kurdo. Ahí se construye el sudario de silencio con el que se pretende cubrir la causa saharaui.

 

En estos días, El Sahara ha vuelto a reflotar en nuestro escenario mediático. En primer lugar por el cumplimiento del 40 aniversario de la Marcha Verde (6 de noviembre de 1975) y la presencia en su capital, El Aiun, de Mohamed VI. Cuatro décadas de violación sistemática de los derechos humanos de la población saharaui, de uso abusivo y represivo del Ejército marroquí, como denuncian desde hace años los activistas saharauis, con heroicas acciones como la quema de las cerca de 7.000 jaimas del campamento saharaui de Gdaim Izik, el 8 de noviembre de 2010, aniversario éste que medio alguno recordará.  En segundo lugar, porque las lluvias torrenciales de días atrás han dejado sin hogar a unas 11.500 familias –cerca de 50.000 personas- que suponen un tercio de la población asentada en los campos de refugiados establecidos en suelo argelino. Aunque la ONU sube la cifra de afectados hasta 90.000.

 

La ocupación y el sufrimiento son dos de los rasgos que caracterizan la vida del pueblo saharaui en el transcurso de estas cuatro décadas.

 

Y junto a ellos el abandono. El abandono por las autoridades españolas que aúna a los herederos franquistas, a los gobiernos populares y a las administraciones socialistas. El locuaz ministro de Exteriores ha ofrecido 200.000 euros de aportación, escasos en su montante y ridículos en comparación con los 800.000 euros que la CEAS (Coordinadora Estatal de Asociaciones de Ayuda al Pueblo Saharaui) espera recaudar de las aportaciones solidarias. Y abandono por la comunidad internacional incapaz para hacer frente a las fuerzas que impiden el cumplimiento de los acuerdos –entre ellos el de la celebración de un referéndum- que permitan solventar la cuestión marroquí. Christopher Ross, enviado especial de la ONU, ha señalado  recientemente que: “Más de 24 años son suficientes para sacar conclusiones”. La primera de todas que nadie podrá acusar a la ciudadanía saharaui de no haber explorado todas las vías pacíficas imaginables para poner fin a su sufrimiento.

 

Estos días alarmantes titulares proclaman que el Estado Islámico o Daesh constituyen la mayor amenaza  para la comunidad internacional de las últimas décadas. El Frente Polisario y el conjunto de la población saharaui están dando cumplidas muestras de resistencia frente a la capacidad de penetración del fundamentalismo islámico… pero nada es eterno. Y menos en el contexto de la inestabilidad del Magreb. Conocemos la existencia del yihadismo armado argelino, no puede olvidarse el cacao que ha producido la intervención occidental en Libia, la presión que se está cociendo en el espacio del Sahel  genera convulsiones crecientes en todas direcciones.

 

Se puede seguir apostando por no hacer nada y seguir confiando en el paraguas marroquí. Que nadie se extrañe el día que el Sahara explote. No va a ser agua lo que entonces termine empapándonos a todos. 

Comentarios

Ciudadano 08/11/2015 23:01 #2
Aclarar que la capital del Sáhara es El Aaiún y en cuanto al campamento saharaui de Gdaim Izik ya Noam Chomsky lo definiño acertadamente como el inicio de las primaveras árabes. Ah, y la CEAS es Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara.
Una lectora 08/11/2015 22:18 #1
La imagen que el editor de turno ha elegido para ilustrar este artículo es inaceptable por su incongruencia con el contenido. Si una imagen vale más que mil palabras -cosa que dudo-, esta, desde luego, no hace justicia a las palabras del autor.

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