Morante original

Caminos que recordar

José Luis Morante

Tiñosillos en Bicicleta

 

Fui construyendo el mapa provincial de Ávila en los años de bachillerato, cuando las horas caben en un archivador lleno de secretos por descubrir. El delantero centro del equipo era de tal o cual pueblo, junto al Arevalillo; el compañero de pupitre hablaba de una localidad ganadera de la sierra, y quien compartía litera en el dormitorio grande y frío de los internos había nacido en un municipio silencioso y abandonado, con cinco o seis familias dedicadas al laboreo de la tierra. Pero había nombres de pueblos que formaban parte de mi infancia y siempre estuvieron en mis labios y en las imágenes de la retina.

Tiñosillos, el pueblo más próximo al viento apresurado de mi niñez, era un lugar que esperaba cerca y que yo visitaba cada tarde en bicicleta. Así es: mientras preparaba el ingreso, con dos o tres amigos de El Bohodón, asistíamos a clases particulares en la escuela de Tiñosillos con un maestro joven de cuyo nombre sí quiero acordarme: se llamaba Don Justo y cultivaba nuestra memoria llenándola de ríos, cabos, golfos y accidentes geográficos, mimando la ortografía, y completando las caras de los cuadernos de Palau de sumas, resta, multiplicaciones y divisiones.

Tiñosillos estaba dividido en dos por la carretera, que parecía un eje urbano de simetría, con una imagen semejante a ambos lados. Tras sus casas comenzaba el pinar de Arévalo y sus habitantes practicaban oficios que a mí entonces me parecían llenos de misterio. Eran muchas las familias dedicadas a la resina. Salían de madrugada, se esparcían por el pinar y en los troncos ocres de los pinos hacían una pequeña incisión debajo de la cual se colocaba el pote, un recipiente de barro donde lentamente fluía la resina. Otro de los oficios eran los tejares, la producción de tejas que formaba, con el ladrillo, el principal elemento de construcción de la zona.

Hoy Tiñosillos es una pujante localidad morañega, a quince kilómetros de Arévalo, que ha sabido preservar su demografía y un alto grado de ocupación entre sus habitantes más jóvenes. El empleo invita a seguir en el pueblo que tiene más de ochocientos habitantes censados. Un buen momento para acercarse a Tiñosillos es el primer domingo de octubre cuando sus moradores celebran la festividad de su patrona, la Virgen del Rosario. Es un día para la confraternización, con tiempo para los actos sociales y religiosos y para las competiciones deportivas que una vez más me devuelven a los días infantiles: cuando jugábamos al fútbol contra Tiñosillos siempre afrontábamos el partido con el sosiego de la resignación: el resultado nunca fue incierto; ellos ganaban siempre.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: