Morante original

Caminos que recordar

José Luis Morante

Sierra de Gredos. La muralla gris

 
No sé si exagera la memoria del tramo juvenil de mi existencia, pero en esa etapa vital la Sierra de Gredos era durante meses un horizonte blanco que conservaba sus neveros hasta bien entrada la primavera cuando, poco a poco, se iba transformando en una muralla gris de aristados perfiles. Ahora el cambio climático anticipa las altas temperaturas y las cumbres del Moro Almanzor también subrayan la sequía del páramo.

El paredón granítico se levantaba lejano y misterioso. Era preciso poner rumbo a Hoyos del Espino para buscar sitio en el aparcamiento de la Plataforma, desde donde iniciaba la senda a pie. Los tramos hasta la Laguna Grande secuenciaban diferentes imágenes del paisaje serrano: un itinerario de pendiente suave hasta el Prado de las Pozas, un declive ascensional por los Barrerones, una parada refrescante en la Fuente de los Cavadores y, en la altura, la visión completa de la hondonada que proseguía el descenso hasta la Laguna Grande. En el refugio de montaña se puede admirar la grandeza del lugar y pasar en sus alrededores una jornada de sosiego, contemplando cómo algunos montañistas se disponen a afrontar la subida de algunos riscos próximos.

En torno a la laguna se suelen congregar excursionistas de sonrisa dispuesta, como si todos los que suben hasta Gredos tuviesen claro que disfrutamos de un paraje natural privilegiado que es obligatorio preservar a cualquier precio, lejos de los descabellados proyectos de urbanización y del degradado afán turístico que sólo mira
La geografía con la retina de los beneficios económicos.

Ha pasado el tiempo y el ascenso y descenso a la Sierra de Gredos me exige un caminar más pautado y una mochila a la espalda con menos accesorios. Pero mis sentidos han aprendido a mirar con el minucioso enfoque del matiz. Ahora sé que en cada tramo del itinerario habita la sorpresa: las formas del granito, la suavidad del musgo, el movimiento fugaz de aves y reptiles o el cromatismo del paisaje. También el diálogo azaroso con otros paseantes con los que anotar las apresuradas impresiones que en la memoria escribe esta postal de Gredos.

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