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Caminos que recordar

José Luis Morante

San Martín de la Vega del Alberche 

 

San Martín de la Vega del Alberche

Desde la carretera de Cepeda la Mora que bordea el sosiego de Garganta del Villar, apenas se advierte el pueblo de San Martín de la Vega del Alberche hasta que se alzan las primeras construcciones. Está situado en una hondonada a la que se accede por una vaguada de pastos que mide el colorido discurrir de las estaciones. El regazo de este valle ha sido durante muchos años el hábitat natural de la raza avileña. Hoy todavía dormita una notable cabaña vacuna que comparte el verdor de la pradera con cigĂźeñas y pájaros a los que no asusta la cercana presencia de los rumiantes. Cuando accedo al lugar en las primeras horas del sábado una luna llena bien visible duerme todavía en la claridad de un cielo azul y despejado.

El semblante municipal ha cambiado muy poco desde que lo visitara por primera vez. Apenas algunas casas nuevas que se integran de forma natural entre las construcciones antiguas, con fachadas de piedras, entre las que sobresale la compacta silueta de la escuela taller. Como en todos los pueblos de la zona hay un diálogo mantenido entre las paredes de ladrillo y los antiguos muros de piedra que conforman las casas habituales, con predominio de los edificios de una única altura de planta que se prolongaban en huertos y corrales, a los que se accedía por un portalón..

La cercanía natural con la Sierra de Gredos y sus estribaciones secundarias, como Serrota y la Sierra de Piedrahita, han convertido a San Martín de la Vega en un habitual punto de llegada de los que buscan en el interior del mapa abulense el contacto directo con la naturaleza, un medio ambiente sin los problemas de la masificación, y ejemplos perdurables de las huellas históricas de una arquitectura autóctona, cuyo ejemplo más significativo es la casa con portón y la iglesia de San Martin Obispo.

Los que prefieran el paisaje exterior tienen la posibilidad de visitar el nacimiento de una de las arterias hidrográficas más conocidas de nuestra provincia, el Rio Alberche, uno de los afluentes por el margen septentrional del río Tajo.

La hospitalidad vegata es ejemplar. Así que la salida siempre se demora en ese punto de ensimismada contemplación que borra los caminos de regreso.

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