Morante original

Caminos que recordar

José Luis Morante

Muñana

Para el viajero que repite ruta por la provincia, Muñana es una clave gastronómica. Un pueblo que preserva y acrecienta la vieja tradición de la matanza que surtía la cocina castellana con jamones en sal, embutidos colgados, morcillas de herradura y ristras de tocino. Su proximidad a la capital, de la que apenas dista 32 kilómetros y el buen estado de la carretera que enlaza Ávila, Piedrahita y Barco, hacen fácil la visita de fin de semana en un tiempo razonable.

 

Aunque Muñana, como todos los municipios del Valle Amblés, se desgasta lentamente en su censo poblacional, todavía sobrepasa los quinientos vecinos, concentrados en un núcleo central en la llanura, con amplio callejero. En el entramado urbano sobresale la iglesia parroquial, un templo de piedra, con airosa espadaña central y con una miniespadaña lateral que corona la puerta de acceso al templo, con arco de medio punto y pequeño pórtico. Las paredes laterales se apoyan en airosos contrafuertes, con un ábside rectangular en la cabecera y tejado a dos aguas. Cerca una cruz sirve de centro de reunión que anticipa el culto dominical o las distintas celebraciones religiosas.

Casi todo el calendario festivo se basa en sus tradiciones. De todas, sobresale la fiesta patronal de septiembre, cuatro días con distintos actos lúdicos y deportivos en honor de Nuestra Señora de la Zarza; también las reuniones amistosas y familiares se renuevan cada año en las peñas, el elemento de socialización más importante del municipio, que acoge a niños, jóvenes y adultos con un mismo ambiente de amistad y camaradería. Por otra parte, son conocidos los carnavales, con sus vistosos disfraces individuales y en grupo y las festividades derivadas de la Semana Santa.

El viajero que se acerca a Muñana, buscando la materia prima de sus mataderos, tiene a su alcance algunas localidades de ambiente tranquilo que todavía conservan el tiempo remansado de la vida agrícola. Es el caso de la pedanía de Muñez, un anejo cercano a La Torre y de algunos pueblos muy próximos como Guareña,

La uniforme llanura de Muñana permite disfrutar de un amplio trecho del Valle Amblés, cuyas primeras estribaciones se acercan al Puerto de Villatoro y después van suavizando sus alturas hasta llegar casi a la capital. Son tierras de labor, con escasos cursos fluviales, que se adaptan a los colores del otoño, como si la tierra fuese el más caro testigo de los ciclos estacionarios.

Vuelven conmigo una amplia gama de embutidos y un jamón para acompañar las ya próximas fiestas navideñas. Salud; la mesa espera.   

 

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