Morante original

Caminos que recordar

José Luis Morante

Cebreros. Vendimia

 
Es tiempo de vendimia. A pesar de los años no he perdido el asombro que llenaba mis ojos al descubrir en las tortuosas ramas de las parras los cuajados racimos. Tenía mi padre un mínimo majuelo hecho de tierra roja y arcillosa y linderos de zarzas, y en él presencié cuando era niño la brega con los racimos, su cuidado reposar en los cestos de mimbre y el posterior traslado a la bodega en carros y remolques. Pisar la uva era un premio infantil, permitía caminar descalzo sobre los racimos y mirar los regueros olorosos del vino hasta el pilón, y era también agrupar los orujos en pequeños montones para un prensado último que los dejaba exhaustos. Son recuerdos antiguos que llenan mi memoria mientras recorro el campo de Cebreros, el municipio abulense en el que naciera Adolfo Suárez, la figura clave de la transición, en el que todavía se preserva intacto su papel político y un amplio anecdotario biográfico.

Pero esta vez mis palabras se quedan a campo abierto, en las cuidadas viñas de la localidad que mejor representa en la provincia la vieja tradición de la vendimia. Ni los viñedos son las aleatorias superficies labradas del siglo XIX ni las bodegas son aquellos vetustos almacenes decimonónicos, porque el progreso y el hacendoso quehacer de los viticultores de Cebreros han modernizado la recolección y han dado a los frutos de la vid una difusión insospechada. El municipio es una denominación de origen aceptada con gusto en las buenas mesas de la capital del estado y en los mercados internacionales.

Cuando concluye la recogida de la uva, Cebreros celebra su fiesta de la vendimia con un amplio programa festivo y hace recuento de la cosecha. La larga sequía de este año agrícola modifica las cualidades de la uva y obliga a buscar nuevos sabores a la producción que agrupa a los viticultores en la mayor Cooperativa de la zona. Las parras vacías poco a poco pierden sus hojas y esperan la severa poda que regenera las ramas y da a las guías una nueva vitalidad. Mientras me encamino a la calle mayor del municipio. Espera en cualquier bar una copa de vino y el recuerdo feliz de un letraherido que pasó muchas veces por estas tierras, Camilo José Cela. Hay que ser educado y no declinar la invitación: “¿Hace otra copa, Don Camilo…?”

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