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Blog Paco Cañamero

Tribuna de Salamanca

La muerte taurina de Barcelona

La Barcelona taurina ya ha muerto, en la crónica de una muerte anunciada, como la magnífica novela de Gabriel García Márquez. Ríos de tinta han €˜cantado€™ a lo largo de estas jornadas este funeral esperado, por otra parte, ya desde hace años. Desde que se consumó esa aberración quedan un montón de folios escritos que llevarán los vientos del olvido y de la desidia, siempre con los taurinos como verdaderos culpables de tumbar de un puñetazo letal la que fue la ciudad más taurina de España. La que vivió la Fiesta con más pasión que en ninguna otra.

Hoy ya todos son recuerdos, con mucho más dolor en tantos salmantinos que, sobre esas arenas catalanas, escribieron muchos días de sus gloria. Como los toreros Jumillano, El Viti, Paco Pallarés, Juan José, Víctor Manuel Martín, El Niño de la Capea, Julio Robles€Ś O de tantos ganaderos de esta tierra que en Barcelona lograron sus mayores éxitos, como los Cobaleda, los Galache, los Pérez-Tabernero, Atanasio, los Fraile. Sobre todo en las pasadas décadas de los 40, 50 y 60 cuando el toro charro mandaba en Barcelona.

Hoy, ya consumada la salvajada surgen en mi recuerdo conversaciones recientes con Santiago Martín €˜El Viti€™ y sus 124 actuaciones en esa plaza. Y me solidarizo con el maestro Santiago en esa tarde de pena, cuando e consumó el funeral, que el santoral dedica a Nuestra Señora de la Misericordia. Como también con tantos toreros que allí escribieron las páginas más memorables de sus carreras.

Y brotaban en mi emoción las tardes que fui a los toros a Barcelona, como la multitudinaria reaparición de José Tomás celebrada el 17 de junio de 2007, cuando la Ciudad Condal volvió a vivir sus mejores días taurómacos. O al año siguiente con los seis toros que se encerró José Tomás, ya convertido en torero de leyenda. O algunas más, pocas, todas ya de recuerdo imperecedero.

Fue el domingo un día triste y melancólico que no pudo ocultar ni la gran faena de José Tomás a su primero. O el arte pinturero de Juan Mora en el que abrió plaza y le impidió cortar orejas, premio que sí logró Serafín Marín en el del Âżadiós? Mientras todo el mundo estaba pendiente de lo ocurría allí, de una muerte materializada en un proceso lento por quienes se enriquecieron de la Tauromaquia. Como fue la nueva generación de esa familia Balañá que dejó morir La Monumental para hacerse aún más poderosos con una indemnización que jamás deberían percibir.

Eso sí, durante esos días hablarán de hacer congresos, ponencias... para recuperar a la Barcelona taurina. Pero en unas semanas el rescoldo se habrá quemado y ya todo será historia. Menos las dichosas indemnizaciones que espera Balañá, a quien condecoran después de ser el asesino y ponerlo en bandeja de plata la prohibición a los políticos que odian a España.

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