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Blog Paco Cañamero

Tribuna de Salamanca

Juan del Álamo despierta la ilusión

Desde que llegó el boom taurino de Santander de manos del salmantino Paco Gil a principios de la década de los 80, ese paradisiaco rincón cántabro se ha convertido en una extensión veraniega de la charrería. Sobre todo cuando llega la €˜semanuca€™ y al amparo de Feria de Santiago, junto al complemento de la playa y la buena gastronomía, cientos de paisanos han encontrado en la bella capital montañesa el lugar para disfrutar de las vacaciones.

Ayer, Santander volvió a estar dominado por cientos de charros. Como acontece casi todos los años por estas fechas, aunque en esta ocasión incrementado el número para presenciar un momento especial. Así se reflejaba por la mañana paseando por El Sardinero, paseando digo, pues la lluvia y el frío no invitaban a darse un chapuzón en las aguas del Cantábrico. O más tarde en los numerosos restaurantes y casas de comidas para degustar, casi todos, los manjares del mar. Pero desde luego que donde uno tenía la sensación de estar en casa era en los alrededores del coso de Cuatro Caminos. Por allí había cientos de salmantinos de todos los pelajes. Desde los clásicos ganaderos fieles al veraneo santanderinos, hasta aficionados que se pegaron el palizón del viaje para disfrutar con el nuevo matador de esta tierra.

Y eso momento tan especial era el de la alternativa de Juan del Álamo, quien tantas ilusiones despertó entre el paisanaje y ahora, cuando parecía navegar sin velas y perdidos entre los mares del toreo, volvió a resurgir y dejar la puerta abierta a la esperanza. Y de nuevo las ilusiones volvieron a brotar entre sus seguidores, quienes trataron con tanto cariño a esta muchacho que ayer (blanco y plata) tomaba la alternativa y brindaba su primer toro a sus padres.

Llegaba nada menos que con dos colosos como son El Juli (una fiera en los últimos años que no da tregua a nadie) y el extremeño (aunque con su corazòn cada vez más charro) Miguel Ángel Perera, quienes lidiaron una seria, pero muy desigual de comportamiento corrida de Jandilla.

Fue la tarde de Juan del Álamo, quien acaparó todo el protagonismo para entrar en el escalafón de matadores por la puerta grande. Todo ello tras mostrar sus armas toreras con categoría y brillo después de dejar, sobre las arenas negras del coso santanderino de Cuatro Caminos, el poso de su toreo. Y también, sobre todo en el segundo de su lote, la ambición por triunfar y buscar el brillo que trae el éxito. Fue su día soñado y su tarde para enmarcar, en la que fue capaz de robarle el protagonismo y las fotos del triunfo, en los periódicos de hoy, nada menos que a dos figuras como El Juli y Miguel Ángel Perera.

Se hizo el amo de la tarde desde el principio hasta fin y pudo cortar, incluso, tres orejas de no ser por la cicatería del palco, que estimó conveniente no premiar en su primer toro a pesar de la mayoritaria petición. De ese primero quedó en las retinas de los aficionados el templado inicio de faena, siempre con las ideas muy claras. Pero fue en su segundo en el que buscó el éxito desde la apertura de la faena de muleta tras un trasteo mandón que fue de más o menos y coronada por un estoconazo. Bien cierto es que sobró alguna floritura de cara a la galería, pero la realidad es que Del Álamo dejó entrever sus buen hacer profesional. La fecha tan especial también contó en la sensibilidad y el palco, que antes se mostró rácano, en esta ocasión cambió la cara de su moneda para dejar relucir la de la generosidad.

Mientras en el resto de la corrida, Miguel Ángel Perera cortó una oreja también gracias a una importante final de faena a su segundo, rematado con otra importante estocada; mientras que El Juli (a un nivel más bajo que en el resto de la temporada) no tuvo lote apropiado para triunfar.

Pero lo importante es que Juan del Álamo ha recuperado la ilusión con el aval de sus paisanos. Y el brío de torero importante con la hierba en la boca al mostrarse con ganas de comerse el mundo. Pero la realidad es que ahora que nadie lo confunda, ni intenté hacerle ver las cosas de color rosa, que ahora llega la verdadera guerra. Y la que debe ganar en los ruedos.

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