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Blog Paco Cañamero

Tribuna de Salamanca

El genio de Morante

Quince días después de la gran eclosión artística de la temporada, aún acaricia en la sensibilidad de los aficionados los ecos del grandioso triunfo de Morante de la Puebla en Bilbao. Desde ese día, muchas de las conversaciones de los aficionados giran alrededor del genio de Morante. De esa grandiosa obra de arte, que fue uno de los icono de esta temporada, rubricada con la magia de su arte y de su poderío sobre las arenas negras del Bocho.

Fue cumbre. Pero cumbre de verdad y aparte de su exquisitez hubo algo rotundo como fue la apertura tan gallista, doblándose por abajo para tratar de someter al toro. Ahí estuvo la llave el éxito, la que le proporcionó cambiar el sino de su temporada. Poderle al toro fue lo que condujo al de La Puebla del Río al éxito. Y a partir de ahí el cante grande y el delirio de un Bilbao que, desde día, ya tiene nuevo ídolo. Por esa la faena fue una lección de torería, porque poder es la base del toreo y para ello, además de dominio y técnica, es imprescindible el valor.

Es la base de todas las interpretaciones. Y más meritorio en alguien del corte de Morante, que es el más valiente de todos los artistas. Ningún torero de su corte tuvo su valor. Ni Gallito, ni Pepe Luis, ni Pepín, ni Romero€Ś tuvieron ese valor tan grande Por eso, a Morante, la historia le está dando un nombre propio. El de una leyenda.

El de ser un torero que con una faena cambia el significado de una temporada, como ocurrió en Bilbao. El que es capaz de emocionar más que ninguno. El que pone el pelo de punta y te hace brincar con la emoción de su toreo.

Después lo comentaba la gente: €œFíjate un mano a mano con José Tomás€. Claro todos buscaban la comparación con José Tomás, el otro grande -junto al Juli- y que, hasta ahora, había sido la eclosión de la temporada. Torear con él sería un hito para muchos años en el toreo. Siempre que fuera en Bilbao, en Madrid o en Sevilla. En un sitio exigente. No escondidos en plazas del toro cómodo y afeitado, como hicieron en El Puerto o en Ávila.

Las comparaciones son odiosas. Y cada cual es como es, pero me gustaría volver a ver a José Tomás en un pulso torero con los más grandes. Y no escondidos en sus particulares temporadas de plazas segundones y toritos a modo, tan distintos al del deleite de Morante en el Bocho. Siempre los más grandes alcanzaron tal honor tan rivalizar con sus más cercanos rivales.

Como le pasó a Domingo Ortega con los grandes toreros de su época; a Manolete con Pepe Luis; a Ordóñez y a Luis Miguel con Aparicio, Litri, César Girón; Al Viti y a Camino con los mejores de los 60 y en todas las épocas quien se alzó rey fue por ganarlo en las arenas. Por eso, a José Tomás le falta en esta etapa, aparte del temple -con él no tendría tantos enganchones y desarmes€Ś-, rivalizar con Morante, con El Juli€Ś O con Morante. ÂżSe imaginan una faena de Morante como la de Bilbao, en un mano a mano con José Tomás?

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