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Blog Miguel Refoyo

Tribuna de Salamanca

Segundas partes… que sí fueron buenas

Repaso sobre la tradición por una fiebre cinematográfica, la de las secuelas que, en algunos casos, ha dejado obras más célebres incluso que sus predecesoras.
En 1916, Thomas F. Dixon, Jr., que había escrito el guión de uno de los referentes cinematográficos de comienzos del Séptimo Arte como es la controvertida ‘El nacimiento de una nación’, de D.W. Griffith, filmó la que está considerada como primera segunda parte de la Historia del Cine.

‘La caída de una nación’ abrió esta moda de facsímiles y reiteración de personajes y contextos que se consolidó a lo largo de la década de los 70 y 80 y que hoy en día es una práctica más que habitual en la industria ‘hollywoodiense’. Acostumbra a darse por hecho que las extensiones nunca mejoran el producto inaugural. Sin embargo, hay excepciones que vulneran esa aserción que apunta a las secuelas como simples extensiones para aumentar los beneficios de los productores sobre un filón cinematográfico con opciones de continuidad.

‘La novia de Frankenstein’ supone uno de los prototipos más paradigmáticos de este efecto continuista. La obra de James Whale es una de las primeras secuelas que la Universal siguió el mismo esquema y logró no sólo convencer sobre la necesidad de una segunda parte imposible, sino que tanto afán de superación dejó una cinta superior a ‘Frankenstein’.

Por su parte, dentro de las trilogías más célebres, hay segundas partes que suponen el emblema simbólico que destaca por encima de sus capítulos acólitos, es el caso de ‘La muerte tenía un precio’, considerada la mejor de esa ‘Trilogía del Dólar’ de Leone, donde el realizador italiano alcanzó su mejor pieza de ‘spaghetti western’ o la segunda entrega de ‘El Padrino’, en la que Francis F. Coppola continuó con rotundo éxito la ascensión y consolidación al mundo de la mafia por parte de los Corleone.

Tampoco hay que olvidar ‘El Imperio contraataca’, donde George Lucas dejó en manos de otro cineasta, Irvin Kershner, la que es, sin duda alguna, mejor obra hasta la fecha de este pináculo de auténtica y genuina seña de identidad generacional que formaría parte de la cultura popular. Otras segundas vienen a simbolizar más un encadenamiento de éxito taquillero que causa su rodaje que por un ortodoxo y legítimo acto de honestidad.

Es el caso de ‘Superman II’, de Richard Lester o la saga australiana ‘Mad Max 2’, de George Miller, aunque en este último caso variara su esencia abandonando la rústica venganza familiar para imbuir la historia en un futuro postapocalítpico. ‘Evil dead II’, de Sam Raimi, también se sitúa en esa línea de explotación, pero lo hace con un gamberrismo.

No podíamos acabar este repaso de segundas entregas sin esa figura homérica que logró que un clásico como ‘Terminator’ diera una obra maestra del cine acción del calado de ‘Terminator 2’, película que concretara un antes y un después en la Historia del cine, bien fuera en su comercialidad y como en el uso de la técnica actual. Antes Cameron había dejado divisiones acaloradas entre aquellos que consideraban ‘Aliens, el regreso’ más emocionante y mejor película que el clásico de Ridley Scott de 1977. Pero eso, es otra historia.

En la actualidad proliferan multitud de ejemplos de “secuelitis”, con algunas cintas que subrayan su importancia con cierto grado de ejemplaridad, que podría entrar en la norma representativa de este monográfico, como podrían ser ‘Spider Man 2’, ‘El mito Bourne’ o la más cuestionable ‘El Caballero oscuro’.

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