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Blog Miguel Refoyo

Tribuna de Salamanca

El cumpleaños del taxista más famoso de la historia

Este 2011 ha sido motivo de la celebración de los 35 años de una de las películas más radicales y mitológicas de Hollywood: €˜Taxi Driver€™.

A lo largo de 35 años hay un mito que sigue perviviendo en la nocturnidad de la Gran Manzana, observando a través de la luna de un viejo taxi que recorre las calles más infectas y desvalidas de Nueva York. En 1976 Robert De Niro llegaba al proyecto de Martin Scorsese como una estrella que había logrado el Oscar por su magistral interpretación en €˜El padrino II€™, de Francis Ford Coppola.

Con un guión radical de Paul Schrader convencieron a Columbia Pictures y sus productores Michael y Julia Philips para llevar a cabo el que sería un rodaje epopéyico lleno de anécdotas y que se convertiría con el paso de los años en un clásico del cine que aún hoy mantiene su persuasión y grandeza. La voz en off en forma de diario va narrando las inquietudes y pensamientos de un hombre enloquecido en su propia obsesión que tiene asumido su condición de conocedor absoluto de la verdad sobre la suciedad que le rodea. Un veterano de la Guerra de Vietman con insomnio llamado Travis Bickle, un hombre al que no le gusta el mundo en el que vive, que se siente rechazado y solo, cuya animadversión al mundo era representativa del sentimiento colectivo de los 70 y que, con el paso de los años, mantiene su llama encendida en una actualidad de crisis y desesperación.

Un estado llevado al límite por Scorsese, virando la afección emocional hacia un estado asocial y desequilibrado. Bickle es un hombre atrapado en una vida sin sentido que procura redimir sus propios fantasmas protegiendo a dos mujeres interpretadas por Cybill Shepherd y la impúber Jodie Foster que dio vida con sólo doce años a la cándida prostituta Iris.

La película supo transmitir mediante un inquietante lenguaje poético un realismo sucio y obsceno, donde la hipocresía queda descompuesta en esa duplicidad de puntos de vista; el de Travis y el del espectador, el que aboga por una defensa radical de la subjetividad y todos los interrogantes sobre la apología de la violencia. La confusión entre el ente esquizofrénico y su mirada distorsionada de la realidad y ésta transformada en un universo desapacible avocan hacia una necesaria catarsis que llega a la máxima recreación con una interpretación majestuosa de De Niro en el papel del psicópata taxista con ganas de venganza social.

Un inolvidable drama, casi expresionista, sobre el prototipo de personaje con vocación de mártir convertido en asesino sin escrúpulos que acaba santificado por sus actos. €˜Taxi driver€™ es una obra maestra, una película que transgredió en su época al ofrecer una nueva visión revolucionaria y suicida, ajena a los moldes tradicionales que simbolizaban el modelo de antihéroe. Un antihéroe erróneo que asume su fatal destino como parte de una €œmisión€ casi divina que tiene que ejecutar transformando bajo una imagen enloquecida, con su perpetua guerrillera M-65 y una cresta €˜mohawk€™, la misma que los ancestros americanos colonizados en contra de la demagogia política que vende democracia, pero también la del samurai dispuesto a morir por su causa justa.

Con esta película es cuando se empezó a evidenciar el inconfundible estilo de un creador de enormes proporciones como Martin Scorsese. Además de mover su cámara siempre al compás de secuencias alargadas, también dejó claro que dentro de los férreos controles fílmicos se puede contraponen la célebre improvisación que se dio con esa irredenta composición del rol que subió a los altares a De Niro y le consolidó como uno de los grandes.

€˜Taxi Driver€™ dilata el tiempo para jugar con el ritmo de la película haciendo que el tempo narrativo juegue la baza trascendental del €˜in crescendo€™, donde el carácter de los protagonistas puede estallar en la más encendida brutalidad dentro de un torrente de violencia que termina por resultar catártico.

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