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Blog José Ángel de Horna

Tribuna de Salamanca

Felicidad Montero, exquisitos paisajes soñados

La visión de su obra produce paz y tranquilidad al espectador. Sus cuadros de paisajes llenos de vida y de color nos ofrecen un mundo figurado donde la armonía y las cosas bellas desprenden la emoción que describe el propio nombre de la artista, Felicidad. Sus cuadros invitan a perderse en parajes frondosos de árboles azules, senderos tranquilos que invitan a un delicioso paseo, pájaros llenos de vida y de color y pequeñas casitas que se vislumbran en el horizonte, donde la naturaleza nos cautiva en todo su esplendor€Ś

€Ś de pequeña, cuando tenía 10 años vivía en Villafranca de los Barros, Badajoz. Le gustaba pintar cabezas de muñecas con tiza sobre cartulina negra, las recortaba y las ponía en su habitación. Más tarde se traslada interna a un colegio de Barcelona. El nivel artístico que había en el colegio era muy alto y recuerda la emoción con la que disfrutaba de las salidas del colegio a las actividades culturales entre otras al Palau de la música en Barcelona.

Dedica su tiempo a dar clases en el Instituto de Enseñanzas medias de Mérida de educación física y de teatro leído llegando a ganar el Premio Nacional con sus alumnas en esta especialidad. En esos momentos no pensaba que podría dedicarse a la pintura, los días de enseñanza llenaban casi todo el tiempo y las clases de gimnasia eran agotadoras. En 1967 se casa con Luis de Horna, pintor salamantino y eran frecuentes las reuniones en casa con otros artistas (todos hombres), en las que se hablaba principalmente de arte.

Un día, un poco saturada de los repetidos temas artísticos que se trataban en las reuniones, comentó con su marido que le daban demasiada importancia a la pintura y que cualquiera podía pintar. Luis le instó a que lo hiciera para que viera que no era tan fácil y ella pintó un cuadro pequeño de una muñeca en un paisaje de árboles al óleo y su marido al ver sus aptitudes la animó mucho a continuar.

Su primera exposición fue colectiva en el Museo de Salamanca. Pintaba paisajes, atardeceres... la naturaleza es algo que ha estado presente toda su obra, desde pequeña se crió en el campo, en un chalet a las afueras de Badajoz y por eso le encanta. En 1970 le conceden el Premio Nacional Lazarillo para ilustradores infantiles, por el libro €œLos músicos de Bremen€.

Felicidad confiesa que su vida ha sido accidentada, a trompicones, en la que nada parece haberse planificado. Llevó su obra a una sala de exposiciones €œMódena€ de Madrid especialista en arte naif. La galerista le instó a que pintara más porque prácticamente no tenía currículum, pero no quiso exponer su obra. Por medio de un amigo de la pareja que vivía en Suiza realizó una exposición en Arau, en 1975 donde vendió bastantes cuadros y recibió numerosa críticas muy positivas. Al año siguiente esa misma galería madrileña que había rechazado exponer su obra le ofreció hacerlo, cosa que hizo.

En su vida lo más fundamental han sido su marido y sus dos hijos, por eso hay periodos largos en los que no ha podido dedicarse a pintar. €œPara pintar, tienes que estar muy tranquila, entonces es cuando es un auténtico placer y animo a toda la gente a que comience porque ayuda a desconectar y a expresarse de una forma diferente€.

Defiende el arte como una forma de vida, no sólo como la forma de plasmar su expresiones en un cuadro sino cómo se afrontan todos los aspectos de la misma. €œLo que vemos es muy reducido, lo que está detrás, lo que no se ve, lo que se intuye, es más hermoso, es más grande, más colorido, más imaginativo y más bello que lo que yo pueda reflejar€ por eso en muchos de sus cuadros existen llamadas a modo de ventanas, puertas, etc. a otros mundos, paisajes y escenarios, invitando al espectador a viajar a un cuadro dentro de otro cuadro.

En esta página se muestra como ejemplo €œLa dama de Alburquerque€, el homenaje a su abuela Felícitas a la que no conoció, una escultura policromada en la que intenta reflejar la tranquilidad y belleza de un ser adorable del que siempre ha escuchado bellas y entrañables historias. Las sutiles pinceladas de cada rama, cada hoja, reflejan la delicadeza de su personal estilo naif y el cariño con que Felicidad impregna cada uno de sus universos.

Felicidad Montero ha realizado diecisiete exposiciones individuales, mas de treinta colectivas y tiene obras expuestas en el Museo Max Fourny de pintura naif de París y en numerosas colecciones particulares de España y Europa.

Espero que el futuro nos brinde la posibilidad de caminar plácidamente por uno se esos paisajes tuyos Felicidad. Gracias.

1. Ermita y árbol bueno. Acrílico sobre tabla.
2. La dama de Alburquerque. Escultura en madera policromada. 200 x 65 x 50
3. Los montes que recorrí. Acrílico sobre tabla. 60 x 48

Para más información sobre este gran artista:
http://www.paginadigital.com.ar/articulos/2006/2006prim/varios/montero-arte-040206.asp
www.google.com

José Ángel de Horna Montero

joseangelhorna@yahoo.es

Twitter: @ArtisticaMente7

Comentarios

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