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Blog de @clapformarta

Tribuna de Salamanca

Cibeles

¿Qué hace un bloguero/a sin oficio ni beneficio, que opina de todo sin saber de ná, en una semana como la pasada? Pues comentar Cibeles, así que con estos santos y con la canción de Mecano tatuada en la cabeza, allí me colé y en su fiesta me planté. Ésta es mi crónica.
Nada más llegar pegunté por la homenajeada, la señorita Cibeles y un gorrilla muy bien dispuesto me informó de que este año con esto de la crisis los leones de la Cibeles se habían quedado tan famélicos que tuvieron que sustituirlos por los caballos de Mercedes para que la cosa saliera adelante. Primer chasco: Mercedes-Benz Madrid Fashion Week.

En cuanto entré en el hall me di cuenta de que lo que allí se respiraba no era glamour sino un exceso de colonia por eso están los pobres así de esa manera, incluso Espe que bajaba las escaleras ataviada con una sonrisa de plástico a juego con los botones de su chaqueta de tweed, bizqueaba un poco. Se conoce que venía de recolectar voluntarios para lo de “tengo una cabezonada” que no se vaya a pensar la gente que en Madrid no hay gente moderna.

Aquello era la viva imagen que yo me había hecho de los mercaderes del templo allá en mis primeras catequesis: Ropajes extraños colgados suspendidos de la nada, blogueros haciéndose fotos entre ellos para sacarse en sus respectivos, becarios en busca de una oportunidad con su ropa de Zara customizada y mucha gente vestida de su abuela con un vaso de plástico en la mano.

Aportando el toque “Deividlynch” estaba esa tal Chiqui de Gran Hermano con su mini vestido de lentejuelas y un micro con una alcachofa más grande que su cabeza, dándolo todo a golpe de canutazo. Me dijeron que estaba acreditada como periodista pero yo sigo pensando que no da la talla, en ningún sentido… Al fondo a la derecha estaba Caperucita, una chica pelirroja que me identificaron como “una que sale en la tele” que resulta que iba así de rojo porque vendía Kellogs Special K pero no conocía el cuento más que de oídas. Otro chasco pensé, resulta que también dan muestras y folletos como en Fitur y yo sin bolsa de plástico… cogontó que poco despierta. Amablemente decliné su mini bolsita de cereales para que no notara que no había desayunado.

El desfile comenzó cuando, con toda solemnidad, 4 mancebos de farmacia ataviados con sus batas blancas retiraron el plástico que recubre la pasarela. La colección, de Jesús del Pozo para los curiosos, fue realmente lo mejor, desprovista de todo artificio, austera y casi monacal. De hecho, contrastaba de tal manera con el circo de las gradas que por un momento pensé que las modelos, esas bellas jovencitas que se movían como gacelillas recién paridas, nos iban a tirar cacahuetes para apaciguarnos. Aplausos al final, no vi pañuelos blancos, no hubo orejas…

A la salida todo el “mundoguay” se reúne en el kissing room, un sitio donde uno va a robar mojitos y estamparle un beso a cualquiera que se te cruce, sea hombre, mujer o perro. Nadie me besó, con el interés que le había puesto al rojo de mis labios. Ya me iba sin el bomboncito de después del café cuando apareció en forma de Jon Kortajarena, a punto estuve de abandonarme a sus brazos. El chico es una causa perdida, lo sé, pero al fin y al cabo yo iba a allí a mirar y eso fue lo mejor que vi.

PD: Este post es para Sonia y Silvia, ellas saben por qué.


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