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Blog César Brito González

Tribuna de Salamanca

La flor más delicada

Los economistas se han convertido en meteorólogos: escuchamos o leemos sus predicciones a diario con atención, a la espera de clarificar los horizontes. Asumimos como normales malos o buenos vaticinios –estos últimos, los menos– y sus predicciones, en ocasiones, se cumplen; otras veces, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Nos estamos habituando a su presencia constante en los medios y, por ello, también a su lenguaje, aunque no siempre entendamos lo que se dice.
Gracias al incansable bombardeo periodístico, convivimos normalmente con términos como rating, prima de riesgo, solvencia, repunte, deuda soberana, etc. sin que acabemos de comprender del todo el significado de estas palabras. A pesar de lo críptico de los arcanos económicos, si el ciudadano medio se instala en cierta normalidad al respecto, qué decir de tertulianos, pseudo especialistas y opinadores profesionales, que parecen haber obtenido un título acelerado en Ciencias Económicas por Princeton, de poco a esta parte. No tardan en airear sus recién adquiridos conocimientos en sus respectivos púlpitos mediáticos.

Verán, yo no tengo ni la más remota idea de Economía. De hecho, me costó lo indecible deshacerme de la asignatura del ramo que se impartía en la Licenciatura de Periodismo. Lo que sí que tengo, en alguna medida, al menos, es sentido común. Gracias a él advierto que hay una variable imprescindible para afrontar con garantías nuestro futuro: el talento. Desconozco si las corrientes macroeconómicas tienen en cuenta esta parte concreta en la ecuación pero, sin talento, tengan por seguro que todos los esfuerzos que se hagan en las demás áreas serán inútiles. El talento es como una delicada, rara y escasa flor en un jardín: si no se cuida, termina por marchitarse. Si el terreno en el que se planta no es el adecuado, tendremos que trasplantarla para que sobreviva.

No admito que se argumente que, por definición, el talento es escaso en todas partes y que es difícil sacarle partido. Decía Herbert Hubbard que “existe algo más escaso, fino y raro que el talento: la capacidad de reconocer a los talentosos”. En este país, como en cualquier otro, nos sobra talento e iniciativa. He convivido de cerca con ambos, procurando que se me pegase algo. Por eso sé identificarlos y me duele comprobar cómo son más apreciados allende nuestras fronteras que aquí, cómo otros sacarán provecho, el día de mañana, de una preparación que hemos costeado nosotros, con nuestro esfuerzo e impuestos. ¿Cuándo parará el éxodo de jóvenes que no encuentran oportunidades en este asqueroso país? Cuando lleven años fuera de España, disfrutando del nivel de vida, el reconocimiento y la satisfacción personal y profesional que merecen ¿tendrán ganas de volver, al terreno baldío donde no han sabido cultivar sus capacidades? Lo dudo mucho, sinceramente.

Y esto, que ya es descorazonador de por sí, se complementa con las escandalosas deficiencias con las que cuentan las generaciones futuras. El talento, damas y caballeros, no es nada si no se riega con abundantes dosis de formación y, para quienes empujan detrás de nosotros, que tienen tanto o más que el que se llevan los que salen de aquí por pies, las cosas no serán nada fáciles. Somos nosotros mismos los que les estamos poniendo palos en las ruedas, tanto a los que se marchan como a los que se quedan. La educación ha sido y es arma política, munición de mercadeo con la que inflar programas electorales, sin prestar la más mínima atención a su importancia y significado real. “¡Educación de calidad!”, gritan nuestros mandatarios. ¿Saben realmente lo que están diciendo? ¿Pretenden que lo sepamos nosotros, que nos lo creamos? Hasta no hace mucho nos preocupaban las desquiciantes diferencias de género, lo políticamente correcto, las sensibilidades plurinacionales y la asignatura “Educación para la Ciudadanía”. Ahora tenemos que estar pendientes de colegios que cierran porque no tienen dinero para pagar la calefacción, arreglar unas goteras o pagar los sueldos a sus profesores. Con una formación así, si queremos encontrar talento, tendremos que dejarnos la espalda, excavando en el suelo a pico y pala. O eso, o ir a buscarlo fuera. Con un poco de suerte, al genio con el que nos encontremos lo podremos entender perfectamente, porque será español.

Mientras los políticos se devanan los sesos con medidas cortoplacistas, urgencias del ‘Merkozy’ y vaticinios cuasi mágicos de los economistas, nuestra educación se desangra y, el talento que debería regarse con ella, o desaparece del mapa o se desvanece, víctima de la desidia y la impotencia. Nadie en este país parece dispuesto a mirar más allá de lo que sucederá mañana, a nadie parece importarle el futuro de los que tendrán que recomponer el país, con los escombros que les dejemos como herencia. No sé si lo hacen a propósito o, simplemente, carecen del talento necesario para ello.

pasaportecharro@gmail.com

Twitter: CesarBritoGlez

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