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Blog César Brito González

Tribuna de Salamanca

Intelectuales y Traidores

Hace nada que el Consistorio acordó restituir el acta de concejal retirada a D. Miguel de Unamuno en 1936. Además de aplaudir la iniciativa, no dejo de pensar en lo injustos que somos a veces, más allá de ideologías y contextos históricos, de posiciones encontradas e interpretaciones (malintencionadas o no). Y me entristece que, aún hoy, se den determinados debates.

Y lo digo porque, a raíz de la noticia, Tribuna publicó una encuesta para saber si los lectores anularían el acuerdo que provocó aquella destitución. Más de un 20% de ellos cree que no es necesario, "porque su figura ya está suficientemente reconocida".

Respeto estas opiniones, aunque me sorprende que, en pleno siglo XXI, haya personas que se resistan a admitir lo vergonzoso de aquellos actos y piensen que nada puede hacerse. Mejor dicho, que no es necesario que se haga nada más. No creo que sea nada bueno remover el pasado, pero me pregunto si iniciativas como la de consagrar todo un año -el 2012- al ensalzamiento de la figura y memoria de D. Miguel no son un reconocimiento tácito de que no supimos estar a su altura. De que, aún hoy, nos cuesta estarlo.

Leyendo un esplendido texto de la agencia ICAL, publicado por el diario El Mundo y firmado por mi amigo Jorge Trevin, rememoro las deplorables condiciones morales en las que Unamuno "desapareció" del escenario, al enfrentarse públicamente con Millán Astray, quien llegó a gritar entonces "Muera la intelectualidad traidora". Asisto con cierta pena al ostracismo que sufre su Casa-Museo, en la C/Libreros, diluida y casi aplastada por la imponencia y el masivo protagonismo del edificio histórico de la Universidad. Me pregunto si esa desaparición forzada de la vida pública no se prolonga hasta nuestros días, no por motivaciones políticas o ideológicas como antaño, sino por la ignorancia, la torpeza y la desidia de todos nosotros.

He tenido la suerte de ver y manipular multitud de archivos, documentos, e imágenes de D. Miguel. Algunos de ellos han sido recientemente publicados por la Universidad , con motivo de una exposición conmemorativa del 75 aniversario de su fallecimiento. Gracias a este ejercicio privilegiado de buceo en el pasado, he podido entrever algunas de las facetas más desconocidas del bilbaíno: su amor por la familia, sus sorprendentes y más que dignas dotes como dibujante, su afición por la fotografía, sus metódicos hábitos a la hora de anotar sus experiencias y pensamientos€Ś

En suma, la vida privada del hombre, agazapado tras la actividad del literato, filósofo y profesor. Y, como una bofetada, me golpea el convencimiento de que es mucho lo que aún desconocemos de Unamuno, a pesar de vivir en la ciudad a la que estuvo ligada una considerable parte de su vida, a pesar de tener al alcance de la mano toda la información que queramos. Me duele la concejalía de marras, arrebatada como prueba de fuerza, en un ambiente socio político prácticamente bélico. Pero me duele aún más la presente actitud de indiferencia ominosa, de claroscuro consciente de una sociedad supuestamente democrática -es decir, nosotros- que debe aprender mucho de D. Miguel, pues le debemos mucho más de lo que parece.

Verán. En contra de aquello que piensa el 20% al que me referí más arriba, creo que es necesario algo más que una restitución mecánica del reconocimiento público e institucional, un mero "lavado de cara" para tranquilizar conciencias y "pasar el plumero" a las pertenencias de D. Miguel. Creo que debemos leer sus obras. Creo que necesitamos conocer de verdad a Unamuno, saber cómo pensaba y vivía. Deberíamos reencontrar a ese vecino al que tenemos tan arrinconado. Porque, créanme, D. Miguel de Unamuno era un intelectual.

Con todas las letras y en el significado más amplio y profundo del término. Y, si hay un momento en que necesitamos de intelectuales, de mentes brillantes, abiertas e inquisidoras que nos abran los ojos, que contextualicen y expliquen, sin duda es el momento actual. A falta de referentes sólidos a los que asirnos, de intelectuales que de verdad merezcan tal nombre, sería una irresponsabilidad permitir que Unamuno caiga en el olvido. Sus palabras, sus enseñanzas y reflexiones, su actitud vital€Ś tienen una vigencia y frescura que asustan. Mientras las calles bullen de indignación y, ante la imposibilidad de saber qué opinaría D. Miguel al respecto, quienes vivimos aquí, en la misma ciudad que fue testigo de sus enseñanzas y de su vida, podemos zambullirnos en la esencia unamuniana, descubrirlo, ya sea por primera o por centésima vez. Tenemos la ocasión de aprender de él - una vez más - y tratar de entender qué coño le pasa a esto que llamamos España y por dónde podemos salir del atolladero. Si es que podemos salir.

Quien crea que con una estatua, un museo maltrecho, un aula en la Universidad€Ś hemos pagado nuestras deudas, es libre de pensar así. Aquel que sienta algo de curiosidad y vergĂźenza torera está a tiempo para ver a la ciudad y a Unamuno con otros ojos, sin recurrir a él como un zafio recurso turístico. Don Miguel nunca se callaba ante una injusticia y, paradójicamente, contra la que nosotros cometemos constantemente contra él, no puede decir nada. No le dejamos.

pasaportecharro@gmail.com
Twitter @CesarBritoGlez

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