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Blog César Brito González

Tribuna de Salamanca

De puente a puente

Quienes entienden de estas lides más que yo afirman que el problema de base de la crisis económica es que la gente tiene miedo a consumir, que se retrae a la hora de gastar. Desde luego, no lo niego; aunque me sorprende imaginar a una ciudadanía atemorizada, adepta convencida de la €œcofradía del puño€, cuando hasta no hace mucho €“ por motivos que no desgranaré aquí €“ el más pintado podía pasar perfectamente por nuevo rico, aceptando como propia una práctica que, en mi tierra, se resume escatológica y gráficamente con la expresión €œtirarse el pedo más arriba que el culo€.

No sé exactamente si se trata de que la gente teme consumir o, directamente, que no tiene cuartos para gastarse. Ahora bien, no creo que alguien pueda negar que, hace tres años, muchos de nosotros €“ me incluyo €“ hemos estado viviendo muy por encima de nuestras posibilidades reales, obnubilados por el espejismo capitalista. En mi humilde opinión, todos hemos atendido a los cantos de sirena bancarios, no por nuestra inocencia o por la perfidia de las entidades, sino por nuestra incapacidad por entender conceptos como €œausteridad€ o, lo que es lo mismo, por no querer asimilar qué es lo que nos podemos permitir y qué está fuera de nuestro alcance.

Le he estado dando vueltas a esto últimamente, sobre todo después de escuchar por la radio algún debate sobre la conveniencia práctica de macro puentes como el que disfrutamos ahora mismo. ÂżPodemos permitirnos, tal y como está la situación, trabajar sólo tres de los cinco días hábiles, cuatro de siete si contamos el fin de semana? Quienes defienden el enganche de días festivos de manera consecutiva, aluden al sector servicios como principal beneficiario. Especialmente a la hostelería, que ve en el puente de diciembre una boya a la que aferrarse, ahora que las cuentas no siempre salen a la primera. También defienden el elemental y sagrado derecho al descanso, como necesidad fisiológica. Si no podemos descansar €“ afirman €“ Âżpor qué no reinstaurar los látigos y los grilletes en las fábricas y los demás puestos de trabajo? Lugares comunes de este estilo, seguro que me entienden.

No apostaría por la eliminación de los días festivos, ni muchísimo menos. Aunque sí creo que deberíamos aplicar criterios algo más racionales a la distribución de los mismos; también en una elaboración algo más coherente de nuestras jornadas laborales. España es el cuarto país del mundo con más días festivos y el primero en Europa en horas trabajadas, aunque esas horas no son productivas al 100%, ni de lejos. Quédense con un dato: la CEOE cifra las pérdidas económicas del puente de la Constitución en 1.200 millones de euros, y eso que casi todos nosotros trabajamos como perros, aunque lo hagamos mal. No creo que se trate de trabajar más y descansar menos. Se trata de trabajar mejor, para poder disfrutar más de nuestro descanso.

Igual es el carácter latino, qué se yo. Porque nos gusta más una fiesta que a un tonto un lápiz, porque en agosto el país está prácticamente paralizado y porque, quien más quien menos, quiere pasar las fiestas de su patrón €“ de dos o tres días €“ en el pueblo, algo que en verano sucede casi a diario. Probablemente a los €œfiesteros€ les parezca una aberración ubicar los festivos en viernes o lunes, para unirlos al fin de semana, en lugar de cercenar semanas como esta. Igual interpretan como un anatema la implantación de una jornada laboral flexible, como la sueca, o algo más €œtempranera€, como la anglosajona: trabajar de siete a cuatro, con una parada para comer de cuarenta y cinco minutos a eso de la una €“ en lugar de nuestras dos o tres horas €“ para estar en casa a eso de las cinco o las seis de la tarde ÂżImposible? Puede ser. Los €œfiesteros€ preferirán puentes como este que, casi seguro, engancharán además con una €œenfermedad€ repentina de dos días, sumando otros dos días libres que le debe Menganito para, sin darse cuenta, colocarse casi a final de año con los turrones y, por supuesto, de vacaciones. Eso sí, renegando de la cuesta de enero y de lo jodida que está la cosa con esto de la crisis.

Señores, tenemos que aplicar un poquito más de sentido común a lo que hacemos. Y meternos en la mollera que, nos guste o no, tendremos que sacrificarnos todos. Y si tenemos que ser más racionales con nuestras jornadas laborales, no va a tocar otro remedio que serlo. En caso contrario, a la señora Merkel, germánica y protestante ella, no le va a costar nada sacar el látigo de verdad. Y no podremos ni rechistar. Porque en países como el suyo se trabaja en serio, para ganar pasta a espuertas y sin miramientos. Lo llevan en el ADN. Una vez que están hasta las orejas de dinero, vienen a este país de charanga y pandereta a disfrutar de una temprana y bien ganada jubilación en Mallorca, en Canarias o donde sea, preguntándose asombrados por qué en España siempre estamos de fiesta, si no tenemos dónde caernos muertos.

pasaportecharro@gmail.com
Twitter: @CesarBritoGlez

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